Elisa Carrillo está en plena madurez

BAILARINA. Carrillo, quien ofreció dos galas en Texcoco la semana pasada, volverá en septiembre. (Foto: YADÍN XOLALPA / EL UNIVERSAL )
yanet.aguilar@eluniversal.com.mx
Elisa Carrillo ha pisado los mejores escenarios e interpretado los papales más intensos. Hace unos meses llevó el rol protagónico de Oneguin y en 2009 lo hizo con Blancanieves, el ballet de Angelin Preiocaj con vestuario del diseñador francés Jean Paul Gaultier, que la convirtió en suceso y la situó en las alturas de la fama.
Esa mujer morena, espigada y bella que ha seducido al mundo con su porte tan mexicano, atraviesa su mejor momento creativo, interpretativo y profesional. Está en México para convivir con su familia y trabajar. La semana pasada ofreció dos galas Elisa y sus amigos 2014, en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario en Texcoco, cuya sala de conciertos lleva su nombre: Elisa Carrillo Cabrera; y regresará al país en septiembre para participar en la gala de ballet que se realizará en el marco de la celebración de los 80 años del Palacio de Bellas Artes.
La primera bailarina de la Ópera Estatal de Berlín, Alemania, sabe que está en su mejor momento creativo, en plena madurez, por eso ante la pregunta de qué viene por delante, ella asegura que vienen los mejores años. “En la carrera de un bailarín llegar a los 30 es una buena época, eso también lo aprendí en Stuttgart: que un primer bailarín a los 30 años está más maduro. Como bailarín es la mejor etapa, ya te conoces, tu cuerpo ya está más fuerte, ya tienes experiencia, ya empiezas a interpretar roles dramáticos mucho mejor”.
Así sabe que interpretar el Oneguin a principios de este año fue mejor por “la experiencia que tengo como mujer, de amor, de sufrimiento y de alegría, que no es la misma que tenía hace seis años, eso me ayuda a interpretar el rol de una manera más intensa. Todo se ha dado en el momento adecuado”.
Ocupa un lugar central en la danza internacional por logro propio. Reconoce que su estancia en Europa, primero en Londres, cuando tenía 16, y luego en Alemania, no ha sido sencilla; que los primeros años fueron muy difíciles y que incluso hoy, con más de la mitad de su vida por allá, aún extraña a su familia y a su país.
También tiene claro que lo que ha logrado es gracias al apoyo total de sus padres y sus hermanos.
“Hasta ahora mi familia es fundamental, forman parte de mi equipo; con mi esposo somos un equipo no sólo en el escenario, también como pareja, creamos ideas, definimos los programas. Mis papás siempre me apoyaron a pesar de que en mi familia nunca hubo una cultura por la danza, fue algo nuevo para todos; me dieron todo para que yo me pudiera ir al extranjero y también empezaron a conocer y a disfrutar la danza conmigo. Fue algo que fuimos aprendiendo todos”, afirma.





