Culto a la montaña
El hallazgo de ruinas de un templo a Tláloc en la pendiente del Pico de Orizaba, muestran la existencia del "culto a la montaña" y la manera en que los aztecas utilizaban las cimas para observaciones astronómicas. La investigación, hecha por el arqueoastrónomo Stanislaw Iwaniszewski, al frente de un grupo de estudiantes de licenciatura y doctorado en la Escuela Nacional de Arqueología e Historia (ENAH), refuerza la hipótesis sobre la existencia de un calendario de 20 y 13 días. Asimismo, muestra que los aztecas pudieron pronosticar la temporada de lluvias, a partir de la observación de las salidas del Sol, en tres puntos altos: los cerros de Tláloc, La Malinche y el volcán de referencia. Después de trabajar en diferentes montañas desde 1980, el especialista polaco se convirtió en noticia cuando dio a conocer a la prensa de Varsovia, Polonia ?su país de origen?, el descubrimiento, en una pendiente del Pico de Orizaba, de un muro rectangular de piedra de un templo dedicado a Tláloc ?dios de la lluvia?, con restos de cerámicas y herramientas de sílex en su interior, a una altitud de 4 mil 300 metros, entre dos pequeñas cumbres. El especialista, quien asistirá esta semana a la novena Conferencia Anual de la Sociedad Europea para la Astronomía en la Cultura, que se celebrará en Estocolmo, Suecia, argumentó su decisión de dar a conocer la noticia en el extranjero "debido a las posibilidades de saqueo es mejor presentar estos hallazgos en revistas especializadas de Arqueología", y añadió que "en Polonia puedo narrar sobre estos sitios, ya que hay poca probabilidad de que alguien los busque". Los hallazgos se realizaron en la temporada de trabajo de campo que tuvo lugar durante los meses de octubre y noviembre pasados. El especialista asegura que desde los años 80 continúa las investigaciones. "Cuando tenemos tiempo, dinero y ganas." En torno de las investigaciones recientes, Iwaniszewski planteó que durante las caminatas con los estudiantes, en los dos últimos años, pudo localizar nuevos sitios en el Nevado de Toluca, las vertientes occidentales del Iztaccíhuatl y en La Malinche. "En las investigaciones en la cima del Iztaccíhuatl hallamos objetos serpentiformes de madera, posiblemente los `cetros` ceremoniales de Tláloc. También encontramos púas de maguey, que se utilizaban para los rituales de autosacrificio. Este material orgánico se preservó en muy buen estado, ya que gran parte del año está debajo la nieve", comentó el arqueólogo que labora en la División de Estudios de Posgrado de la ENAH. En cuanto a la cerámica y las herramientas encontradas en el Pico de Orizaba, el investigador informó que "no se hizo ninguna excavación, ni la recolección de superficie. Estamos en la fase de registrar los sitios posibles. El lugar del hallazgo permanece nevado durante la temporada de lluvia". De la importancia que representa este hallazgo para el conocimiento de los pueblos precolombinos, Iwaniszewski expresó: "Podemos demostrar que ya antes de la Conquista, los pueblos indígenas en Mesoamérica conocieron las cimas de los cerros más altos en esta parte del mundo. Un fenómeno semejante ocurrió también en los países andinos: las cimas de los cerros más altos en los Andes fueron visitados durante la época incaica. ¿Por qué los aztecas habrían construido un templo en el Pico de Orizaba? En las cercanías del Pico de Orizaba hay muchos vestigios arqueológicos que sugieren que el culto a la montaña, lluvia y fertilidad, tan típico para el altiplano central, se extendió hacia el golfo. "Naturalmente los primeros rasgos de este culto aparecen ya con los olmecas. No obstante, con la expansión de la Triple Alianza después de 1428, las creencias locales recibieron una nueva forma e ideología en el culto a Tláloc. "Uno de los elementos de este culto consistió en hacer peregrinaciones hacia los lugares elevados para realizar rituales propiciatorios: pedir la lluvia y buen temporal. "Antes de los mexicas (aztecas) ya existió esta misma costumbre, pero con la expansión mexica los cultos locales fueron reemplazados por el culto a Tláloc. ¿Qué importancia simbólica tenían los volcanes para los aztecas? En la cosmovisión mexica las montañas fueron concebidas como los `contenedores` del agua. Los dioses del agua, Tláloc, Chalchiuhtlicue, Matlalcueye, Iztaccépetl, etcétera, fueron obligados a guardar el agua dentro de las montañas durante la temporada seca, para luego dejarla bajar desde las cumbres en la temporada de lluvias. ¿Cómo es la cerámica y las herramientas que encontró? La cerámica ritual consta de los sahumadores, incensarios y las llamadas vasijas efigie de Tláloc. Son muy semejantes a las vasijas que se exhiben en el Templo Mayor. ¿Habrá una siguiente temporada de investigación de campo? Posiblemente sí, pero primero necesitamos terminar los trabajos en otras montañas. ¿Por qué decidió dar a conocer este hallazgo en Polonia? Porque cada año, cuando regreso a Polonia, los periodistas me preguntan sobre las investigaciones realizadas. Además, existe poca posibilidad de que los polacas vayan especialmente a México a saquear los sitios descritos. ¿Quién apoyó esta labor de investigación? Sobre todo la Escuela Nacional de Antropología e Historia a través de su Subdirección de Investigación. ¿Qué opinión tiene de la Arqueología mexicana actual? Trabajo en la División de Posgrado de la ENAH y puedo decir que las generaciones los estudiantes que salen de la escuela están muy bien preparados para realizar las excavaciones, mucho mejor que los estudiantes en Estados Unidos y Polonia. "En cambio, saben muy poco sobre la teoría y la metodología. Pero esto lo remediamos en nuestros cursos en la maestría en Arqueología y el doctorado en Antropología. Cabe mencionar que en el posgrado en la ENAH contamos con la presencia de estudiantes extranjeros, lo que hace pensar que tratamos de mantener un nivel bastante atractivo para quienes vienen de otros países." Los cerros de Tláloc, La Malinche y el Pico de Orizaba se sitúan sobre la misma línea visual. Esta línea apunta a una dirección particular que coincide con las salidas del sol en los días 9-10 de febrero y 1-2 de noviembre, marcando de este modo un intervalo de tiempo de 265/6 días. En Mesoamérica tenemos un sinnúmero de orientaciones semejantes, que en su mayoría dividen el año solar de 365 días. La división es en dos partes asimétricas: una tiene 260 días y la otra sólo 105 días (260 + 105= 365). Lo interesante estriba en el hecho de que la línea visual que une los tres cerros puede servir para pronosticar la llegada de la temporada de lluvias. En temporada seca, cerca del mediodía, las nubes raras veces pasan al sur de esta línea, mientras que durante el periodo de lluvias las nubes usualmente se mueven al sur de esta línea. Desde la cima del cerro Tláloc hacia La Malinche y el Pico de Orizaba, es decir, hacia el sur-oriente, se pueden observar las salidas del Sol dos veces al año. El Pico de Orizaba y La Malinche tienen una forma muy semejante y vistos desde el cerro Tláloc aparecen uno detrás del otro. La Malinche es la más cercana y parece ser más grande que el Pico de Orizaba. Solamente desde la zona arqueológica, en la cumbre del cerro Tláloc, ambas montañas pueden verse una detrás de la otra. Tenemos, entonces, la posibilidad de la existencia de un calendario solar basado en las posiciones del Sol en el horizonte, compuesto por las montañas con sus lugares sagrados, templos, etcétera. Esta idea ya fue descrita por Anthony F. Aveni, Horst Hartung, Johanna Broda y recientemente por Iván Sprajc.
ORIENTACIÓN
Sobre la posición de las montañas y su relación con la vida diaria de los habitantes de la región, el doctor Stanislaw Iwaniszewski explica.





