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Boca Brava: extranjero en su tierra*

El Universal
Sábado 12 de mayo de 2001

Mi madre, Rafaela Martínez Sosa de Rodríguez, falleció en San Diego, California, hace cuatro años, a la edad de 107. Una mujer ejemplar; me trajo al mundo el 29 de septiembre de 1886 en la ciudad de Chihuahua. Mi padre, don Santiago Carlos Rodríguez Gastelum, era de la Ciénega. Errar por México y Estados Unidos a causa de mis ideales y echar ancla en Tijuana fue mi destino... Después del 16 de junio de 1916, creyendo los gringos que con nosotros venía el general Villa, nos atacaron con ocho o nueve mil soldados, haciéndonos trizas a los 2 mil 500 revolucionarios que tomamos Ciudad Juárez.

Los políticos norteamericanos, principales enemigos de México, iniciaron la cacería de villistas que en desbandada huimos por El Paso, pues en nuestra tierra éramos derrotados de la revolución mexicana. Por esa razón no llegué directamente a Tijuana... Al llegar en abril de 1920, el coronel Cantú manejaba todo el vicio en Tijuana. Los fumaderos de opio bullían como ahora mercerías, tiendas de frutas o establecimientos de bebidas. En Baja California había como unos 60 mil chinos en los campos agrícolas. Mientras los políticos se enriquecían con el fomento del vicio, el pueblo bajacaliforniano se hacía a empujones, limpio de esas porquerías...

Yo empecé como lavaplatos y pelador de verduras en el hipódromo. Después fui el primer mesero mexicano que trabajó en el hipódromo; los otros mexicanos andaban barriendo... fui el único y el primero, contra todos los gringos y meseras gringas. No me podían ver porque soy oscuro de tez y porque las mandaba y porque ganaba lo mismo que ellos en pesos y porque arremedaba a las texanas hasta el enojo...

La principal lucha: emplazar a las fuerzas norteamericanas al desempleo para ocuparlo nosotros. En 1929, aprovechándonos de la apertura del hipódromo, hicimos un paro general por la discriminación de nuestra gente... La historia de Tijuana es larga y cruenta... Ya le digo, desde 1927 buscamos desterrar a los gringos de los empleos, esa es la verdad. Este pueblo estaba en poder de Shamber, Harsh, Stone, Jack, Becker, todos ellos explotadores y dueños de la península. Los tres grandes "heisters" que hubo en Tijuana, Baron Long, Wirth G. Bowman y James N. Crofton eran aliados del cuarto jinete, Abelardo L. Rodríguez. Fueron los tres zares del vicio en Tijuana; extendieron sus garras por México y lo convirtieron en casino nacional... el primer padrote que hubo en Tijuana fue el sonorense Abelardo L. Rodríguez... Pero en Tijuana no había un padrote mexicano, se necesitaba -hasta eso, fíjese usted- ser extranjero. Traían su brazalete de oro con su número, polacos y judíos la mayoría. Arrogantes en sus feudos, El Capri o el Sahara, padroteaban a judías francesas... Antes en Tijuana había gente de trabajo; los gringos no eran rateros, eran esclavistas como han sido toda la vida...

* Testimonio de Francisco M. Rodríguez Martínez, quien a los 24 años se sumó a los alzados de Pascual Orozco. (Tomado del libro ?Puente México?)



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