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“Ya sabía a lo que venía”

Alberto Morales y Claudia Bolaños| El Universal
Sábado 19 de septiembre de 2009
En el andén de la estación, el homicida de Jalisco dejó una leyenda en contra del gobierno

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Viernes lluvioso, cinco y catorce de la tarde, en la estación del Metro Balderas se escuchó un grito: “¡Tranquilo qué te pasa!” dijo un policía de la Bancaria e Industrial a Luis Felipe Hernández, cuya respuesta fue escupir plomo. Tres disparos dispersaron el mar de gente que se apretujaba sobre el andén para tomar su vagón.

Hernández, originario de Jalisco, según la Procuraduría capitalina, es un “desquiciado” que realizaba pintas contra el gobierno.

Al tratar de detenerlo abrió fuego con un revólver calibre .38 especial, lo que provocó que el policía y una persona identificada —de manera extraoficial— como Esteban Robles Barrera, perdieran la vida y siete personas más resultaran heridas.

“Ya iba sobres, ya sabía a lo que venía”, dijo un testigo, quien cuenta que Hernández traía el arma en la mano envuelta como en papel higiénico o una camisa.

Anoche el gobierno capitalino dio a conocer el video de las cámaras de seguridad del Metro. Las imágenes son brutales.

En las imágenes se observa cómo fue abatido el policía bancario y como Robles Barrera, a pesar de estar herido, “en una acción de heroísmo” luchó contra su agresor para tratar de desarmarlo; se le aventaba a las piernas para derribarlo, hasta que un último disparo segó su vida.

Hasta la estación Balderas se trasladó el procurador capitalino Miguel Ángel Mancera, quien dijo que Hernández dejó un mensaje con la leyenda “este gobierno de criminales”.

De acuerdo con el testimonio de Gabriel Sánchez el solitario agresor expresó que todo “era en nombre de Dios, que el gobierno te mata de hambre y que nos pusiéramos a rezar”.

El estudiante vio como Hernández Castillo entró al vagón, donde viajaba, con arma en mano. “Comenzó a decirnos que no nos asustáramos”.

Dijo que por temor a ser agredido ni lo volteó a ver, pero sí pudo observar cómo muchos pasajeros entraron en pánico y corrieron hacia atrás del vagón, incluso no les importó pisar a la gente en su atropellada salida.

A Mauricio Aguilar, un empleado de la Central Nacional Campesina, la balacera del Metro lo tomó de regreso a su oficina.

“Estaba pintando con un plumón negro ‘pinche gobierno ratero’, un policía lo quiso detener pero fue directamente contra el policía. La pistola la traía en la mano, enredada en un trapo o una bolsa y a quemaropa le tiró el primer plomazo”.

Al escuchar las detonaciones mucha gente comenzó a correr, hubo caos y gritos.

Señala que muchos incluso intentaban abordar el vagón porque no sabían lo que estaba pasando en los andenes.

“Yo me escondí en un hueco que hay, ahí por donde separan a las mujeres de los hombres, y les decía que no, pero algunos no me hacían caso, no sabían que pasaba”, afirmó Aguilar.

Entre sollozos, una mujer quien prefirió no proporcionar su nombre, dijo que se escondió debajo de los asientos cuando escuchó los balazos.

“Nos dijeron que nos agacháramos, no es justo nosotros veníamos bien” y acusó a las autoridades por la falta de seguridad que hay al interior del Sistema de Transporte Colectivo.

“Esta no es la primera vez que pasa en el Metro, el 10 de mayo del año antepasado me tocó adentro, la gente ya está loca, no hay seguridad en el Metro, ¿qué vamos a hacer?, uno ya no está seguro”, añadió.

Su mayor temor ya no era el susto por la balacera, sino su hija que estaba en la primaria Revolución, y que por el operativo de seguridad le impidieron recogerla.



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