De niño robó y mató para asegurar su futuro, dice
claudia.bolanos@eluniversal.com.mx
Iván Pizaña, alias El Ivancito, de 18 años, con cinco homicidios comprobados, aunque en realidad son como 19, dice, espera salir de prisión y vivir “durante varios años” con sus ahorros provenientes de sus crímenes cometidos.
Con rostro aún infantil, espalda encorvada y un cuerpo ñango, sólo espera cumplir los 23 años para salir del tutelar y gastarse los miles de pesos, que ni siquiera tiene cuantificados, pero que guarda en una cuenta bancaria a nombre de una de sus tías.
La semana pasada entró en vigor la ley de extinción de dominio, para embargar las pertenencias malhabidas por delincuentes; sin embargo, esa norma no afectará los intereses de Ivancito, porque fue detenido el año pasado, cuando aún tenía 17 años y era un adolecente. Las autoridades lo vinculan con un total de 25 homicidios, pero desde agosto pasado —cuando fue detenido— y hasta la semana pasada, sólo le han iniciado proceso por cinco crímenes, casi todos cometidos contra otros chicos de su comunidad, la unidad habitacional Ermita Zaragoza, en Iztapalapa.
Según la Procuraduría capitalina, este ya hombre, y padre de un niño de un año, formó parte del grupo delictivo Los Cano, dedicados a todo tipo de delitos. No obstante, presume de haber sido un sicario que cobraba entre 100 a 150 mil pesos por “trabajo”.
En la espalda lleva tatuadas unas alas, tipo demonio, tipo ángel, y en el brazo izquierdo tiene pintadas unas manos orando con un rosario.
— Qué tatuaje tan religioso, ni parece que debas tantas vidas ¿Qué sientes al haber cometido tantas muertes?
— Nada, eso ya se me olvidó; sin embargo, sí han de haber sido unas 19.
Autoridades de la Comunidad para adolecentes de San Fernando dan a conocer que no obstante su dicho, y la frialdad que presenta El Ivancito, tiene problemas para dormir y es común que despierte sobresaltado por las noches.
En el pecho tiene tatuado el nombre de todos los miembros de su familia nuclear, esa familia que junto con otras 140 reciben terapia para corregir su forma de interactuar.
Para algunas autoridades, Iván se trata de un sicópata, para otros un exagerado que intenta posicionarse ante sus compañeros, y para otros un joven que proviene de una familia excluida y con pocas oportunidades. “Al salir voy a poder vivir unos buenos años de mis ahorros. Quiero poner un negocio, comprar unos camiones grandes”.





