Enfrentan caos vial con o sin vehículo
sara.pantoja@eluniversal.com.mx A las dos de la tarde en el puente del Circuito Interior, a la altura del Paseo de la Reforma, no se sabía qué hacía más escándalo: el claxon de cientos de automovilistas, la sirena de una ambulancia atrapada en el tráfico o una retroexcavadora que levanta el asfalto como si fueran boronas de galleta. Desde ahí arriba, Eduardo Martínez observaba cómo los carriles centrales de esa vialidad se volvían tierra en segundos, y ya imaginaba las tres horas que tardaría en llegar a su casa en Villa de las Flores, debido a las obras que hace el gobierno del Distrito Federal en prácticamente toda la ciudad. “Hoy me tuve que venir caminando desde el eje 1 Norte hasta a Leibnitz (colonia Anzures). Hice una hora pues subí a un micro pensando en que iba a avanzar y nada. Bajé, caminé y subí a otro. Al final caminé como un kilómetro y medio”, contó entre la tos que le dio por el frío de la madrugada. Como él, miles de capitalinos han optado por dejar sus autos en casa para ahorrar gasolina y evitar el tráfico, aunque eso les signifique una o dos horas más de traslado y el sufrimiento en el transporte público, que ya de por sí está saturado. “Antes me traía mi coche, pero preferí dejarlo porque al ver el tráfico por las obras, preferí caminar”, contó Jefté Morán. Agregó: “Terminaba estresado y enojado de tanto tráfico. Luego opté por el transporte público, pero tampoco es suficiente ni seguro”, dijo. Como en el mundo al revés, los cuatro carriles del Circuito Interior eran sólo para la mano “quita asfalto”, mientras que dos eran para miles de camiones, taxis, autos y tráilers que desde temprano hicieron filas que no rebasaban los cinco kilómetros por hora. Con las ventanas arriba para ignorar la barbarie de afuera, los conductores se llevaban las manos a la cabeza después de avanzar dos metros y tener que frenar. Envidia les provocaban los que a bordo de sus motocicletas circulaban entre carriles y avanzaban más rápido. En la esquina del eje 1 Norte Mosqueta e Insurgentes, donde se construye un paso subterráneo de la estación del Tren Suburbano al metro Buenavista, la imagen era también de caos. Los peatones toreaban a los autos para cruzar la avenida, mientras que los esfuerzos del agente de tránsito Daniel Carmona, por frenar a conductores desesperados, de poco servían. “Toda esta zona es muy conflictiva por las obras, faltan puentes peatonales, la gente no obedece, los conductores se estresan y nos insultan”, aseguró.





