Ubican a familia de Sergio Ortiz por auto. Sus hijos son honestos: vecinos
icela.lagunas@eluniversal.com.mxedith.martinez@eluniversal.com.mx El Derby gris placas 309 SCT en el que el presunto líder de la banda de La Flor, Sergio Ortiz Juárez, sufrió un atentado el pasado 22 de agosto, permitió a las autoridades de la Procuraduría del DF seguir la huella de los familiares del arraigado en la zona sur de la capital. La cuñada del presunto jefe de La Flor, quien aparece como propietaria de la unidad, según la tarjeta de circulación, María de la Luz Toriello Soriano, explicó que desde hace dos años le vendió su carro a Segio Humberto Ortiz Juárez. La unidad se encuentra estacionada en las inmediaciones del búnker, las oficinas centrales de la PGJDF, y se le relaciona con la averiguacón previa FSPI/T3/15027085-08 por el secuestro de Fernando Martí, y la TLP4/T3/1503/08-08 por tentativa de homicidio. Esta última es la investigación que se inició en la Fiscalía Desconcentrada en Tlalpan por el atentado que sufrió Ortiz. En su interior se aprecia una juego de raquetas y unas gafas, mientras que el asiento del piloto está manchado de sangre. Toriello Soriano, quien habló para EL UNIVERSAL, dijo que hasta el momento sólo su hermana ha visitado a El Comandante, en el Hospital General Regional Sur del IMSS. La mujer evitó dar detalles de la detención de su cuñado; sin embargo, indicó que desde el 22 de agosto se les avisó vía telefónica del “accidente” en la colonia Residencial Acoxpa. La noticia de la detención sorprendió a las personas cercanas a la familia. Su hijo Miguel Ángel Ortiz Toriello, es considerado como un hombre tranquilo y alejado de conflictos. “Sus hijos no tienen la culpa; que su padre esté metido en líos, no quiere decir que ellos también”, señaló un vecino. Incluso, el propietario del departamento que rentaba Miguel Ángel Ortiz en Jardines de la Montaña y que hace unos días fue cateado por la PGJDF, señaló que nunca tuvo queja de su inquilino, quien pagaba el alquiler de manera puntual. Jesús Talamás, dueño del inmueble ubicado en la calle de Conchagua, se deslindó de cualquier relación con Miguel Ángel y su familia más allá del alquiler, situación que “dejé clara el día que vinieron al cateo” con la entrega de una copia del contrato de arrendamiento. Miguel Ángel continúa con su empleo en el área de recursos humanos del Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación, donde labora desde hace varios años, “pero como está arreglando lo de su papá se está ausentando un poco”, comentó uno de sus compañeros: “Viene a arreglar unos pendientes de la escuela y se va”. Su trayectoria, aseguran, es intachable.





