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Reos sobreviven con autoempleo

Fernando Martínez| El Universal
Martes 03 de junio de 2008

fernando.martinez@eluniversal.com.mx

A sus 65 años de edad, no le queda otra más que sobrevivir con lo que le llevan sus familiares, con la comida que le dan en el Reclusorio Sur, con las comisiones o lo que gana como “estafeta”.

En los ratos de esparcimiento juega ajedrez con otro grupo de reclusos que “ahí se la van llevando”, pues a veces colaboran en actividades del auditorio o en otras áreas, a cambio de una dotación extra de alimentos.

Tiene muchos años encerrado y prefiere no recordar el motivo de su encarcelamiento.

De lo que sí está seguro es que lo mejor para ganar dinero en la cárcel es autoemplearse como vendedores ambulantes de dulces, tacos, donas y hasta drogas.

“En los pasillos hay vendedores, pero lo más pesado está acá, en los dormitorios”, describió.

Otros usan su oficio dentro de este reclusorio; es el caso de Serapio quien aprovecha su destreza como peluquero para obtener 10 pesos por cada corte.

Según relatan Miguel y Juan, presos desde hace uno y dos años, respectivamente, acusados de robo, en ese centro de internamiento existen dos fábricas, una de plástico y otra de estampado en cajas de cartón, donde se emplea únicamente a 150 internos, lo que resulta insuficiente para dar opción a 6 mil reos que en promedio cohabitan en el Reclusorio Sur, ubicado en San Mateo Xalpa, en Xochimilco.

Ellos trabajaron en las factorías y perdieron la oportunidad cuando nuevos reos llegaron a hacerse cargo.

Otra opción son los talleres de artesanías, pues quienes los toman tienen oportunidad de ofrecer sus manualidades durante las visitas familiares.

Carlos ya cumplió tres años de sentencia y como sabe que le falta mucho para obtener su libertad, se la lleva tranquilo y prefiere lavar trastes o ropa antes de meterse a vender las drogas.

Sabe que hay quien las vende pero prefiere callarse y dedicarse a lo suyo. En un momento, explicó lo que es un “estafeta”: “Le ayudas a la familia de un preso a hacerle llegar cosas, los llevas a donde está y hasta les barres el lugar donde se van a encontrar el día de la visita... le dan a uno lo que les alcanza, dos, cinco hasta 10 pesos”.

Ayer saboreaba una bolsa de frituras que le compró a un compañero en el pasillo, era la botana para disfrutar el concierto de la flautista Elena Durán, que ofrecieron las autoridades carcelarias para los reclusos de buen comportamiento.



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