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Tuppersex, juguetes sexuales a domicilio

CLAUDIA ALTAMIRANO| El Universal
Domingo 01 de junio de 2008
La vergüenza de ir a la ‘sex shop’ terminó para algunos con la venta por demostración

df@eluniversal.com.mx

La visita a una sex shop puede ser una experiencia tan vergonzosa para algunos, que prefieren frenar su curiosidad por conocer y probar los aditamentos para el sexo. Pero una nueva tendencia importada de España pretende acabar con esta limitante: la venta de juguetes sexuales a domicilio.

El asombro de Cynthia va creciendo con cada artículo nuevo que le ofrecen. No se inquieta pero no puede evitar una carcajada cuando le muestran el “príncipe”, un vibrador en cuya cabeza está dibujada la cara de un hombre, con el cabello al estilo medieval.

Su novio la mira escéptico, pero las otras chicas justifican al accesorio: “Es para cuando tú no estés”, dicen, y todas se echan a reír.

Se trata de una demostración de Tuppersex, la nouvel empresa mexicana que vende juguetes sexuales a domicilio, a través de una cálida reunión entre amigas en la que conocen de cerca estos productos, sin tener que pasar por el calvario que para muchos implica el entrar a una sex shop.

Al viejo estilo de las demostraciones de refractarios o productos de belleza, en las que un grupo de amigas se reunía en la casa de alguna de ellas para pasar largas horas conociendo, probando y eligiendo los productos que una de ellas vende, acompañadas de café, cigarros y galletas, Efraín Martínez y Abel Uriarte —fundadores de la empresa— convocan a una reunión idéntica, pero con otros productos.

En lugar de una crema humectante les ofrece lencería comestible; los perfumes no huelen a flores sino a feromonas y en lugar de envases de plástico, les muestra vibradores en forma de pato, de balas y de pene.

El café y las galletas son sustituidas por vino tinto, fresas y chocolates, acompañadas de música ligera y luz tenue.

“Tenemos aquí chocolate para endulzar lo que no sea dulce, ofrece Efraín, mientras Ruth Vals, su socia, complementa “y si les gusta, les va a gustar más”.

Entre risas y constantes bromas sobre el uso de los productos, las clientas observan, tocan, huelen e incluso activan los vibradores para probarlos en la palma de su mano, el antebrazo o el cuello.

La teoría lacaniana del falocentrismo tiene su máxima expresión en los juguetes sexuales, pues de todos ellos, el favorito es el vibrador que emula a un pene o dildo. Particularmente el multifuncional, que estimula todas las zonas erógenas del área genital femenina: punto G, paredes vaginales, ano y clítoris.

Efraín utilizó una analogía muy precisa para referirse a él: “la joya de la corona”, y tardó varios minutos en recobrar la atención de su audiencia, pues el juguete logró acapararla.

El también llamado multiorgásmico parece una joya no sólo por su versatilidad sino también por su precio, aunque Tuppersex lo ofrece a sus clientes en alrededor de 400 pesos, en las tiendas su precio varía entre los mil y 2 mil pesos, según el número de funciones: si la cabeza es giratoria y retráctil, si es resistente al agua y si tiene batería recargable.

Aun así, el multiorgásmico es uno de los juguetes más vendidos en la cadena de tiendas Erótika, a la par de otros tipos de vibradores —como los anillos para el pene con bala para estimular el clítoris—, los lubricantes y los afrodisiacos.

Pero hay quienes prefieren evitar el riesgo de entrar a una sex shop. No sólo de ser vistos, sino incluso, de ser acosados. Tal es el caso de Cynthia, cuya visita a estas tiendas fue debut y despedida, pues una vez dentro, un hombre la abordó y le dijo al oído “a ver, ¿qué vas a comprar?”, tras lo cual salió para no volver.

En cambio, la reunión de Tuppersex con sus amigas y pareja la hizo sentir mucho más en confianza para preguntar, tocar, oler y también probar.

 

 



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