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Julieta Fierro: pasión por los astros y la ciudad

LUIS GUILLERMO HERNÁNDEZ| El Universal
Domingo 10 de febrero de 2008
Julieta Fierro, mujer de ciencia en la ciudad de México, astrónoma, mambera, madre, bailarina de ballet clásico, ciclista, triunfadora, se sabe perfectamente el truco mejor para la felicidad constante, pero habrá de revelarlo hasta el final de la entrevista

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Julieta Fierro, mujer de ciencia en la ciudad de México, astrónoma, mambera, madre, bailarina de ballet clásico, ciclista, triunfadora, se sabe perfectamente el truco mejor para la felicidad constante, pero habrá de revelarlo hasta el final de la entrevista.

Porque no es nomás decirlo, como quien asoma la cabeza en la azotea para ver a Orión entre las nubes cochambrosas de ozono. Primero hay que notar esas pasiones de científica connotada, ese amor por su trabajo, por la vida, por la ciudad que la deleita.

— ¿Y qué hace un astrónomo en una ciudad donde no se ven las estrellas?

“Pues los astrónomos que vivimos en la ciudad de México en general hacemos observaciones remotas, además ya casi son remotas todas, los satélites nos ayudan mucho”.

— ¿No le da algo así como desasosiego nunca ver una estrella en este cielo?

“Bueno, sí vemos, aquí tengo mi telescopio”.

— ¿Y a poco sí se ven?

“Estrellas en el cielo, claro: se ve Orión precioso, la constelación que todo mundo conoce, las tres estrellas, que se llaman también los Tres Reyes Magos, por lo bonito que se ven”.

Le gusta el cielo de la ciudad?

“Sí, por supuesto, yo que soy defeña absoluta, y vivo en una unidad habitacional, en Copilco, me he subido ahí, junto al tanque de gas, a ver las estrellas”.

— ¿Aunque esté todo cochino el cielo?

“No siempre está todo cochino”.

— La mayoría de las veces sí.

— “Hay que buscar noches bonitas”.

— ¿Cuáles han sido las noches bonitas que recuerda de la ciudad?

“Yo creo que las noches que me subí a la azotea de mi casa con alguno de mis hijos y le platiqué lo que estaban viendo”.

— ¿Qué les platicó?

“Pues todo, que ahí había un grupo de formación estelar, que allá hay una estrella que ya va a explotar porque es supernova, en fin, las propiedades de los astros, las constelaciones”.

— Oiga, ¿los astrónomos siempre andan en las nubes?

“A ver: la ciencia lo que quiere es avanzar en el conocimiento, y la Astronomía moderna se llama Astrofísica. Los astrónomos no somos personas raras, somos gente común y corriente. Nos gusta el arte, yo tomo clases de ballet, hasta lo he hecho en la televisión”.

— ¿Usted baila ballet?

“Sí, ballet clásico. Y he bailado mambo, tengo un grupo de mamberas”.

— No me la imagino.

“Soy mamberista, con Las Mamberas de Minerva. Mandé hacer un mambo que se va a llamar Sin Embargo Se Mueve, en honor de Galileo”. Una carcajada se escapa. Julieta Fierro, como escribiría Eduardo Galeano, es un fueguito que saca chispas y enciende con su fulgor a quien la mira.

Cuando sonríe, los labios, delgados, se le ensanchan, parecen un ecuador rebozante de trópicos, igual si sostiene una luna en miniatura, o si Jorge, con su lente en mano, le pide tirarse al pasto, encaramarse a una bicicleta, bailar como odalisca, que salte o que estalle en un nuevo Big Bang: Julieta es origen.

— A usted le apasiona la astronomía. ¿Cómo le nació esa pasión?

“Iba yo a un colegio francés y siempre sacaba cero en francés y 10 en matemáticas, así que ya sabía, desde muy chiquita, que iba a ser científica. Bueno, en realidad quería ser cirquera, y tener muchos hijitos, pero nunca fui cirquera ni mamá de muchos hijitos”.

— ¿Y qué tanto le gusta la ciudad de México?

“Ah, me encanta, me encanta esta ciudad, yo no podría vivir en otro país. Yo siempre he tratado de ir siempre más delante de lo que se permite en una sociedad tradicional como la mexicana, y sólo aquí puede uno permanecer relativamente anónima”.

— ¿Le gusta el anonimato que prodiga la ciudad?

“Por supuesto, aunque luego estás en la mira de alguien, nomás un ratito. Quienes lean esta entrevista igual se fijan, pero al rato los rebasa el problema del tráfico, la lluvia, el ruido, la quincena, y ya. No hay tiempo de ensañarse con la gente y atacarla a morir, es la ventaja de esta ciudad”.

— ¿Cuáles son las desventajas?

“Las de todos, la inseguridad, los medios de transporte”.

— Pero usted usa bicicleta, usted le pedalea.

“Yo le pedaleo, sí”.

— ¿Desde su casa?

“No, no, porque eso sí es peligroso. Aquí en la universidad. A Einsten le gustaba la bici, y hasta escribí un libro en el que me tomé una foto con mi bici, para copiarle”.

— ¿Y tiene su lugar estrella?

“Muchos. La UNAM es un privilegio absoluto. La senda ecológica, donde te pierdes por la lava y no escuchas nada. Caminar por la ciudad, por el Centro Histórico, es maravilloso”.

— Aun con caos, inseguridad, el miedo.

“Sí, me ha tocado. Una vez me asaltaron aquí, en el estacionamiento, con pistola”.

— ¿Se les lanzó?

“Yo pensé que las pistolas eran de mentiras. En el Metro dos vece me han asaltado. Una vez con un cuchillo, otra vez me agarré al cuate, me robó mi libro, mi mochila con mi libro, a otro le di una patada en sus partes nobles. Tengo ese defecto, pues como me ven como viejita…”

— ¿Pero también la inspira la ciudad, ¿no?

“Claro, para todo. Yo, que viajo por todo el mundo, cuando llego aquí me pongo feliz. Me gusta todo, la comida, la gente, la posibilidad de hacer cosas, esta ciudad es fascinante porque está viva”.

— ¿Entonces es usted una mujer feliz?

“Lo que pasa con la felicidad es que es relativa, depende contra quién te compares. Y el segundo punto es que se acaba. Seguro has hecho el amor hasta decir que es lo mejor de tu vida, pero siempre quieres más, no te colmó de por vida, entonces lo que hay que hacer para ser felices es trabajar, trabajar todo el tiempo, y en el trabajo está la dicha”.

— Es feliz, Julieta.

“Yo soy feliz como todos. A veces muy feliz, a veces regular. Pero ya se me sé el truco: el truco es no compararte con los demás, trabajar, tener amigos, tener familia y al final de la semana pensar en las cosas bonitas que te dio la vida”.



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