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San Jerónimo, último reducto náhuatl

EMILIO FERNÁNDEZ ROMÁN | El Universal
Lunes 26 de julio de 2004
Además de defender su lengua, los habitantes de la comunidad se han organizado para tener su propio transporte, cuidar los bosques y el agua y vigilar sus calles

Texcoco, Méx. Le llaman el último reducto náhuatl del valle de México porque es en la única región donde 90 por ciento de sus 9 mil habitantes hablan esa lengua. Conservarla no ha sido tarea fácil. La "modernidad" y estar a menos de 30 kilómetros de la capital del país han sido los obstáculos que han tenido que sortear sus habitantes para no perder su idioma ancestral.

Pero no sólo defienden su dialecto. Protegen también sus manantiales, sus tradiciones, sus fiestas religiosas, su modo de vida, sus usos y costumbres.

Es San Jerónimo Amanalco, un poblado texcocano que se encuentra enclavado en la montaña.

Desde antes de la llegada de los españoles, esta comunidad y otras que se encuentran en la parte alta de Texcoco, al oriente de la cabecera municipal, formaron organizaciones vecinales que se encargan de preservar a toda costa la riqueza cultural de su poblado.

Situación que prevalece aún en pleno siglo XXI. Los oriundos de esta comunidad poco creen en los gobernantes. Para ellos tiene más peso la opinión de los representantes de su pueblo que la de los alcaldes, gobernadores o presidentes de la República.

La palabra del delegado es respetada y la mayoría de las veces acatada.



La comunidad de la montaña

Llegar ahora a San Jerónimo Amanalco es fácil, un camino pavimentado que entronca con la carretera federal México-Veracruz lleva hasta el centro del pueblo.

Por mucho tiempo los residentes de la comunidad se opusieron a que se asfaltaran sus caminos pedregosos y sinuosos. No querían que se hiciera porque entonces llegarían muchas personas a hacer el mal, cuenta Delfino Guillermo Durán Velásquez, delegado de San Jerónimo.

San Jerónimo Amanalco es un pueblo singular que combina rasgos antiguos con modernos.

Lo mismo hay viviendas de adobe o madera o las que fueron construidas con ladrillos rojos o blancos.

Lo mismo automóviles de reciente modelo que burros que cargan la leña que sirve para calentar la comida.

Lo mismo campesinos que aun trabajan sus parcelas o comerciantes que tienen su café internet.



Los comités

La historia, narra Delfino Durán, primer delegado, indica que desde 1609 los habitantes de esta región se organizaron para proteger sus bienes y tradiciones.

No aceptaban la intromisión de gente ajena en sus decisiones. Las determinaciones de la comunidad eran su ley. Así fue entonces y así es ahora.

Prácticamente se organizan para todo. Para la fiestas de su patrono, San Jerónimo, hay una mayordomía que está integrada por fiscales que se encargan de llevar a cabo los eventos.

Además integraron un Comité de Bienes Comunales. Otro llamado Comité de Riego, un Consejo de Vigilancia que está conformado por 16 comandantes de manzana que durante una semana se encargan de resguardar la tranquilidad de sus vecinos.

En una patrulla realiza rondines el comandante del lugar Marcos Jerónimo Espinosa Ramírez. No porta arma, como ninguno de los otros comandantes, darles una, explica el director de Seguridad Pública municipal, Roberto Hernández Romero, sería una irresponsabilidad.

Hay también un Comité de Agua Rodada, que se encarga de racionar el vital líquido a los productores que trabajan sus tierras de cultivo.

Un Comité del Comisariado Ejidal. Un Consejo de Vigilancia del Comisariado Ejidal. Otro más denominado de Trabajos Comunitarios que es el que coordina las faenas que realizan los vecinos.

Esto sin contar que además hay asociaciones de padres de familia en las escuelas y por supuesto el Consejo de Participación Ciudadana y la Delegación. Estos dos últimos apegados a la Ley Orgánica municipal. Todos los demás son figuras de organización creados por los propios ciudadanos de San Jerónimo.



Todos para uno...



En 1997 cansados del mal servicio que brindaba la línea de transporte México-Texcoco, los habitantes de San Jerónimo se organizaron para impedir que las unidades entraran a su territorio.

Un enfrentamiento entre los permisionarios y los vecinos acabó con el conflicto. Los representantes populares propusieron a las autoridades municipales y estatales que les permitieran ofrecer el servicio a los residentes de la montaña. Los gobiernos aceptaron.

Crearon su propia línea de transporte a la que llamaron Transporte Digno de San Jerónimo.

Al principio utilizaron camionetas y vehículos particulares para trasladar a los pasajeros del centro del municipio a su poblado y viceversa. Gracias a este sistema se crearon fuentes de empleo para los habitantes y se redujo el precio del pasaje.

Después compraron microbuses, que actualmente suman 30 los que brindan el servicio.

Los dueños de las unidades son los responsables de su operación y la comunidad no recibe recursos por el servicio, el único beneficio, aclara Delfino Durán , es la tarifa baja: 4.50 del centro de Texcoco a San Jerónimo. Otras líneas cobrarían de seis a siete pesos.

En diciembre pasado con la anuencia de los delegados y de la comunidad se creó un sitio de taxis en el centro de San Jerónimo, todos los conductores son originarios del pueblo.

Por qué organizarse de esta manera, "porque es la única forma de defender lo nuestro", responde el delegado actual.



Un nuevo municipio

Magdalena Arias Durán, tercer delegado, expone que a pesar de su manera tan peculiar de organizarse son respetuosos de la investidura de las autoridades municipales, estatales y federales.

Pero advierte, Delfino Durán Velásquez, primer delegado, que si no son atendidas sus demandas de servicios por las autoridades locales en el corto plazo, la creación de un nuevo municipio conformado por las seis comunidades texcocanas de la montaña, sería inminente.

Incluso, apunta, "ya le hicimos la petición el gobernador Arturo Montiel en la última visita a San Jerónimo en febrero".

"Queremos mejorar las condiciones de vida de los habitantes de esta zona pero no queremos ser guerrilleros", precisa.

A los ayuntamientos les desagrada que nosotros tomemos el timón de la comunidad, afirma Delfino Durán.

Sin embargo, el presidente municipal Higinio Martínez Miranda, señaló que las autoridades siempre han sido y serán respetuosas de los usos y costumbres de esas comunidades.



La defensa del náhuatl

Otra de las tareas que han emprendido en los últimos 20 años es la preservación de su lengua original, el náhuatl.

Para ello en 1985 se creó en San Jerónimo Amanalco la primera escuela bilingüe del país en la que se imparten desde entonces clases de náhuatl y español.

Preescolar y primaria son los niveles de educación que se ofrecen a los niños de las seis comunidades de la montaña.

Por esas aulas pasaron alumnos que ahora se han convertido en profesionistas que siguen hablando el náhuatl y algunos de ellos se convirtieron en profesores de ese plantel.

La enseñanza del náhuatl, expresó Delfino Durán, el promotor de la escuela, se ha extendido por otros municipios de la zona oriente "donde hace 30 años muchas personas lo hablaban y ahora ya son muy pocas".

La escuela fundada en 1985 ya requiere de mejoras pues en las mismas instalaciones se encuentran los alumnos de preescolar y primaria y los salones son insuficientes.



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