Hacen músicos pueblo mariachi
Chalco, Méx. No es Antonio Banderas pero es más mariachi que él. Miguel Guadarrama Valencia sí es un mariachi de verdad y lo es desde hace casi 30 años. Fue uno de los primeros en la comunidad de La Candelaria Tlapala, lugar conocido por todos como El Pueblo del Mariachi. "De Cocula es el mariachi y de Tecalitán los sones", dice la canción, pero en La Candelaria Tlapala "también hace aire", y mucho. En este pequeño poblado del suroriente del Estado de México todo gira en torno a los mariachis. Históricamente era una comunidad abandonada por las autoridades y la mayor parte de la población se dedicaba a las labores del campo, pero al inicio de la década de los 70 todo cambió. Jaime Guadarrama Fernández, integrante del Mariachi Oro Nacional, cuenta que todo empezó cuando al organista de la iglesia del pueblo, Roberto Varela, se le ocurrió formar un grupo musical con los jóvenes del barrio. No era un grupo cualquiera, dice, sino un mariachi que llegaba a las fiestas sin que fuera invitado y tocaba en las reuniones familiares sin cobrar un solo quinto. Su fama fue creciendo en el pueblo y en los alrededores y lo que inició como un pasatiempo se convirtió en una fuente laboral muy redituable para los primeros músicos. La idea la fueron retomando otras familias del pueblo y con el paso del tiempo la hoz y el machete fueron sustituidos por la guitarra, el violín o la trompeta. Hoy en Tlapala, señala orgulloso Miguel Guadarrama, hay más de 40 mariachis en esa comunidad. "El 80 por ciento de la población depende económicamente de los ingresos del mariachi". Su hijo Jaime lo respalda. "Gracias a las ganancias que se obtienen de los grupos muchos se hicieron de su casita, de un terreno, de un coche o pagaron la educación de sus hijos". A Tlapala llega gente de todos lados a contratarlos. "Nosotros nos vamos ahorita a tocar a Puebla cinco horas, vamos a cobrar entre mil 800 y 2 mil pesos la hora. El dinero que sacamos lo dividimos entre los 9 compañeros", indicó Gildardo Rivas Hernández. Claudio Guadarrama Valencia, presidente del comisariado ejidal lo explica a su modo: "Gracias a Dios, a los mariachis, a la tortilla y al clacoyo (sic) hay movimiento económico en Tlapala". En el pueblo abundan las camionetas van, las suburban o las combis porque es el medio de transporte adecuado para trasladar a todos los miembros de los mariachis, que en la mayoría de los casos son entre nueve y 10. El gusto por la música también se hereda. Diana García Guadarrama tiene 14 años pero ya dio sus primeros pasos en la escena musical. Los niños combinan los estudios con la música, puntualiza Claudio Guadarrama. "Si no obtienen buenas calificaciones no pueden tocar en el grupo, es la regla".





