Una bruja moderna
Sin nariz aguileña ni verrugas en el rostro, tampoco sombrero puntiagudo ni ataviada de negro, Zulema es una bruja moderna, cosmopolita y plenamente globalizada. Perteneciente a la congregación de Lukcero Aghaka, la mujer con rango de Madrina, dice haber heredado el don de la brujería de su familia. Casada con un aprendiz de brujo y con hijos, Zulema intenta llevar una vida normal. Cuenta que desde su nacimiento ha convivido con brujos y dice que desarrolló sus habilidades a partir de los 12 años cuando se atrevió a echar las cartas a uno de sus vecinos y, sin que sus padres la instruyeran en esa técnica, acertó en sus premoniciones. El primer viernes de mes, Zulema descendiente de mexicana y cubano, se reúne con otros brujos de la capital para venerar a las ánimas de los fallecidos y por su puesto a la Santa Muerte. Al respecto, aclara tener una relación de respeto con los difuntos "de jugar con ellos sería muy peligroso". Zulema también subraya que práctica la magia blanca y negra, y añade que la diferencia entre estos dos tipos de poderes es la fuerza y rapidez en los resultados, "en lo negro no hay límites de tiempo". Su labor requiere de enorme esfuerzo psiquíco y espiritual, pese a ello, indicó que esta actividad no es tan remunerativa como se piensa. Dice que en problemas de alcoholismo y drogadicción no cobra las sesiones para controlar la enfermedad, pero sí cuando se trata de hacer un "trabajito" a un enemigo. Zulema indica que lo más solicitado por sus clientes es: amor, salud, trabajo, y retiro de malas vibras. Debido al trabajo que desempeña trae consigo sólo algunos amuletos para protegerse contra el mal.





