Sullivan, valuarte del sexoservicio regulado
Desde la calle Río Yang Tse hasta Gabino Barrera, sobre Sullivan, se prolonga una larga fila de vehículos que avanza con lentitud del lado derecho. Es una las zonas de prostitución más exclusiva de la capital, donde el sexoservicio se cotiza muy por encima del salario mínimo. De aquí se han costeado las carreras de licenciados, agentes del Ministerio Público y personal de alto rango y se sigue cosechando, explica Margarita, de la Asociación en Pro Apoyo a Servidores (Aproase). Son cerca de las 23:00 horas. La actividad se encuentra en apogeo. Las luces resplandecientes de los vehículos alumbran a su paso el desfile de cuerpos adornados con grandes escotes y entallados mallones de jovencitas con 22 y 25 años, de 35 y 42. Maribel se ha retrasado en su horario. De súbito arriba en un vehículo tipo Atlantic conducido por un hombre. Apenas desciende del automóvil es abordada por un impaciente cliente con el que comienza la negociación que sostiene aquí todas las noches desde hace ocho años. Con un escote discreto y una falda negra ajustada al cuerpo, muestra los atributos que le han generado ganancias suficientes como para mantener los estudios de sus dos hijos de 13 y 19 años en escuelas privadas y ser el sostén de sus padres. Antes fue secretaria en un lugar cercano a donde ahora trabaja, pero sus gastos sobrepasaban sus ingresos y una compañera que costeó su carrera con la prostitución le recomendó visitar la llamada zona roja . A sus 42 años, luciendo una apariencia juvenil, Maribel es de las que piensa a futuro, dice Margarita. "La juventud no dura para siempre, esta es como una carrera de modelo, algunas ahorran algo y se retiran cuando tienen como 45 años, cuando los hijos ya trabajan en sus profesiones y las pueden mantener". Margarita es una mujer de 60 años que durante mucho tiempo se dedicó a esta actividad. Ahora es abuela y trabaja en Aproase, informando a sus compañeras más jóvenes sobre cuidados sexuales, realizando visitas en campo y trabajo de desarrollo social en la asociación. Su labor en la zona donde se comercia sexualmente comienza a las 10 de la noche, cuando el acuerdo entre vecinos y autoridades permite el inicio de la actividad. Desde los edificios de la acera izquierda se pueden observar los cuerpos cubiertos por la oscuridad de la noche hasta que comienzan el desfile de regreso a sus hogares, a su vida normal, cerca de las 04:00 horas del día siguiente. En una noche con pocos clientes, Maribel vuelve a su casa en el estado de México con 2 mil pesos en la bolsa. Un momento de placer es cotizado en 390 o 400 pesos, según la ley de la oferta y la demanda, explica Margarita, quien dice que "eso ya es cosa de cada una, nadie les dice cuánto tienen que pedir". A sus costados pasan los automovilistas en busca de compañía y diversión. Es un verdadero desfile de modelos, pero de vehículos: Focus, Atos, Civic, Cavalier, Dart y Sentras integran la larga fila. Alejandra Gil, presidenta de Aproase, afirma que en la zona hay una población flotante de 194 mujeres, que no siempre son las mismas porque "el trabajo sexual es muy libre". En los casi 13 años que tiene de practicar esta actividad en Sullivan han pasado por aquí cientos de mujeres. Algunas sobrevivientes de las redadas que se realizaban en otro tiempo, cuando parte del comercio carnal sentó sus reales en Río Pánuco se encuentran aún en esta avenida, que se convirtió en refugio de perseguidas. Aquí se establecieron reglas claras con la comunidad para conseguir su permiso: "Tenemos horarios establecidos y no se usan encajes transparentes". Alejandra Gil comenta que mientras se cumpla el convenio firmado en noviembre de 1997 no hay necesidad de elaborar uno nuevo. Por eso quizá la armonía del día no parece interferir con lo festivo de las noches. Cuando la comunidad duerme, las damas del tacón dorado hacen su aparición en escena.





