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Las misas para ?El Buen Ladrón?

Homero Bazán Longi| El Universal
Lunes 22 de noviembre de 1999
Las misas para ?El Buen Ladrn?

Para los delincuentes arrepentidos. A la iglesia de la Romita los ladrones acudían a realizar plegarias ante el altar del Señor de los Ahorcados. (Foto: FABIÁN MÁRQUEZ/EL UNIVERSAL )

La Romita fue conocida durante décadas como la morada de ?pájaros de cuenta?

Muchos conocen las pequeñas calles y callejones que conforman el cuadro de La Romita, pequeño barrio escondido en el perímetro de las calles de Puebla, Durango y Morelia, en la mismísima colonia Roma.

Que ostenta durante años la mala fama que desde principios de siglo que "los amigos de lo ajeno" le hicieron ganar, este lugar fue escenario de tantos robos, operativos de antiguos gendarmes y balaceras, que muchos residentes llegaron a pensar que el mismo diablo se incluía entre sus vecinos. Y no era para menos, La Romita fue conocida durante décadas como la morada de innumerables ?pájaros de cuenta? que habitaban en sus vecindades.

La antigua iglesia de San Francisco Javier, cuya construcción data del año 1500 y que según las leyendas fue visitada por Hernán Cortés, fue desde el año de 1913, y hasta poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, el recinto de las más insólitas misas de que se tenga memoria.

Todos los martes al anochecer, muchos arrepentidos ladrones del barrio y de otras colonias cercanas, acudían a realizar sus plegarias y a pedir perdón por los bienes malhabidos que durante la semana habían logrado ?recolectar?.

Desde principios de siglo, en este lugar, Dimas, ?El Buen Ladrón? fue adoptado y reconocido como el patrono que escuchaba los rezos de los delincuentes con ?conciencia?.

Se cuenta que muchos asistentes a la iglesia portaban como amuleto una estampita del venerado Dimas, mandada a hacer por encargo a un viejo colega ladrón, convertido después en ?hacedor de dinero? de una plaza de la ciudad de México.

El señor Cipriano Ortega, quien desde hace 40 años recolecta, en el rumbo, periódico y botellas en su carrito de madera, recuerda que muchos ladrones acudían a la iglesia a dejar su diezmo, aprovechando también para depositar en la urna la cartera y las credenciales de algún desafortunado ?cliente? del día. Cuenta don Cipriano que un amable sacristán, hoy sacerdote de una conocida iglesia, se daba su vueltecita cada mes por la entonces octava estación de policía a entregar una bolsa repleta de estos molestos ?encarguitos? de los singulares fieles de La Romita.

Don Cipriano afirma haber estado presente durante su juventud en el célebre bautizo que un sujeto apodado ?El Oaxaco? hizo a la querida iglesia.

A mediados de los años 40 se celebró, como ya es tradición cada 3 de diciembre entre los vecinos, la fiesta a San Francisco Javier. Secretamente algunos ladrones celebraban en la misma fecha su ?fin de año? y también por consiguiente al buen Dimas, su patrono.

Menciona don Cipriano que al calor del pulque, los cohetes y la música, ?El Oaxaco? se subió a una barda y gritó a todo pulmón: ?¡Arriba La Romita, nuestra iglesia del buen ladrón!?, todos los presentes respondieron con una ovación y con sus tarros en alto, y desde entonces, la iglesia cargó como una cruz su sobrenombre, hoy afortunadamente olvidado. Sin embargo, algunos recuerdan que por ese entonces, el enojado padre, harto por la mala fama de su recinto, hacía siempre énfasis en una de las escrituras del decálogo: ?¡No robarás!, ¡escúchenlo bien! ¡No Robarán!



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