El señor de las chácharas
A lo lejos se escucha un pregón que para muchos resulta familiar en el barrio o la colonia: ¡fierro viejo que venda, periódico, revistas, papeel! Personaje que nadie sabe su nombre, pero que es llamado "el señor de las chácharas". Desde las ocho de la mañana hasta que el sol se oculta, don Genaro recorre las calles de la ciudad arrastrando un carretón de madera, diseñado por sus propias manos para transportar la "mercancía". Se trata, fundamentalmente, de fierros y de papel que compra por kilo para después venderlo en cantidades mayores en expendios de ese uso. Sus abastecedores principales son amas de casa y oficinistas que en el primero de los casos, botan los "tiliches" que les estorban en su casa; en el segundo, se trata de libros y periódicos en desuso que rematan por unas cuantas monedas. Originario de Culhuacán, estado de México don Genaro viaja en Metro hasta la colonia Verónica Anzures en el Distrito Federal, donde paga una renta mensual de 250 pesos por derecho a guardar el carretón. Hace poco más de 20 años, sobrevive de esto. Su padre y abuelo dedicaron toda su vida a la misma actividad que les permitió mantener a sus familias. Hoy el nieto repite la historia. Equipado con tenis y gorra, no hay tiempo malo que lo detenga en su diario caminar por diversas colonias de la delegación Cuauhtémoc. "Hay que tener mucha paciencia, a veces empiezo mi día muy temprano y no encuentro nada, tengo que insistir a las personas que le busquen y terminan sacando periódicos y mil cosas más" De su trabajo saca en promedio entre 60 y 70 pesos diarios, cuando mejor le va 100 pesos y regresa hasta muy tarde a su casa. "No son millones, pero se puede vivir honrádamente de esto." Con la ventaja de manejar a su antojo el tiempo y decidir las rutas que habrá de recorrer: Verónica Anzures, Cuauhtémoc y San Rafael. Hace muchos años, cuando empezó a trabajar en una compañía, pasaba largo tiempo encerrado y tenía que trabajar horas extras para poder ver los beneficios jornada. "No rehuso de la chamba, pero es válido que si te matas trabajando veas dinerito en tus manos, más del que te puede servir para comida y zapatos" Con las manos endurecidas por la carga y el manejo de estos materiales, asegura que este trabajo ya no lo va a dejar jamás, pues le ha permitido mantener a sus hijos y esposa. "No, no creo que mis hijos se dediquen a esto, ellos tienen otras oportunidades y piensan diferente", finaliza.





