Sabor de China llega al Metro

OPORTUNIDAD. Padre e hijo venden comida típica en el túnel de transbordo de la estación Candelaria. (Foto: ARIEL OJEDA EL UNIVERSAL )
Clínica de periodismo
Chang Yi Lang dejó China hace cuatro años. Desde que llegó a la ciudad de México, en compañía de su esposa e hijo, vende comida tradicional de su país en la estación Candelaria del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro.
Tomó clases para aprender español, tres meses; entiende poco y su vocabulario es muy limitado, en sus palabras aún suena el clásico acento del mandarín.
Pero eso no le impide saludar a sus clientes y gritar: “¡Lleve sus rollitos a seis pesos!”, en el transbordo del metro Candelaria, que conecta las líneas 1 (Pantitlán-Observatorio) y 4 (Santa Anita-Martín Carrera).
El menú colgado en la pared de un pasillo reza: rollitos primavera ($6), bolitas de pollo (3 x $10), arroz con pollo ($20), galletas de la suerte (3 x $5) y spaguetti ($20).
Su hijo, de casi 14 años, le ayuda; sirve de traductor pues él sí habla español.
“Hace poco incluí la pasta, por eso está escrito en cartulina; yo no sé qué dice porque no entiendo el español, pero, como me llevo bien con otros vendedores, la chica del local de celulares me ayudó a escribirlo”, explica.
En China, Chang Yi Lang era cocinero, así que él prepara y vende toda la comida que ofrece —excepto las galletas de la suerte—, de lunes a viernes. Su horario es de la una de la tarde hasta las seis u ocho de la noche; los sábados trabaja hasta las tres y los domingos descansa.
“Antes me iba cuando terminaba de vender, pero ya no; ahora trabajo máximo ocho horas diarias, acabe o no”, explicó.
Chang trabaja para el dueño de un buffet de comida china en el centro de la ciudad; no recuerda el nombre de la calle, o eso es lo que afirma. Casi no ve a su jefe así que desconoce por qué lo mandan a vender allí.
Según las estadísticas que proporciona el STC en su página web, Candelaria no es la estación con mayor afluencia de las Líneas 1 y 4.
Chang no tiene competencia. En frente de su puesto sólo hay un local de postres, comida naturista y otro de celulares. “¿Qué es eso?”, es la pregunta diaria de los comesales, mientras le señalan a Chang cada platillo.





