Caso perros asesinos: las dudas persisten

PISTAS. Cuando se iniciaron las investigaciones sobre las muertes en el Cerro de la Estrella, La PGJDF encontró en varias de las cuevas de la zona, fetiches y restos de presuntos ritos de santería y rituales prehispánicos . (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )
La mañana del 29 de diciembre de 2012, vecinos de Iztapalapa que habían subido al Cerro de la Estrella sintieron cómo una ráfaga de pánico los golpeaba al descubrir los cuerpos de una mujer, de 26 años, y de un niño de un año ocho meses, con la ropa desgarrada y diminutas perforaciones rojas en la piel.
En cuestión de horas, autoridades capitalinas iniciaron una tenaz persecución en contra de los perros callejeros que merodeaban por la zona. Sin embargo, las muertes por aparente mordedura de perro continuaron y aun cuando la Procuraduría se apresuró a declarar que se trataba de una jauría de perros hambrientos, familiares y amigos de las víctimas consideran que por lo menos en dos casos existen indicios de que se trató de verdaderos homicidios.
El primero de los casos corresponde a Gabriela Nazaret Ramírez, de 15 años, cuya muerte ocurrió el 8 de enero. De acuerdo con el único testigo que existe, el crimen fue perpetrado por un grupo de adolescentes, quienes habrían golpeado la cabeza de su víctima con un bate de béisbol. Sin embargo, como fue la última persona en verla con vida, la familia sospecha que éste podría estar relacionado con el crimen.
En el caso de Shunashi Elizabeth Mendoza Caamal, de 26 años, conocidos y amigos que estuvieron hasta las 12 de la noche en el Cerro de la Estrella, si bien la vieron descender del lugar, ya no la vieron ascender. Aún así, contra toda lógica, ambos cuerpos aparecieron a la mañana siguiente, en la parte superior del cerro.
Un asunto turbio
De acuerdo con testimonios recogidos por Elizabeth, amiga de Shunashi, ésta era estudiante de biología en la UAM de Iztapalapa. Tal vez por ello se le veía a menudo por el Cerro de la Estrella y al cual había ayudado a reforestar. Los propios familiares de la víctima le han manifestado que el principal sospechoso de su muerte es el hermano del padre del niño, quien previamente la había presionado para que tuviera relaciones sexuales con él y ella había aceptado por temor a que le causara daño, pues se trata de un “ladrón profesional”.
Con base en la información recabada por Elizabeth, Shunashi hacía unos tres años se había juntado con Ramsés, hermano de El Negris. Le puso una sola condición: no pertenecer a la banda de ladrones de su hermano. Por varios meses, Ramsés cumplió su promesa. Sin embargo, al no encontrar trabajo y sentir como los aguijoneaba el hambre, no le quedó otra disyuntiva que romper su compromiso, así que se acercó a su hermano y lo convenció para que lo ayudara.
Como Ramsés desconocía los oscuros senderos del hampa, su hermano lo llevó a su siguiente golpe con el único fin de que le sirviera de vigía. Sin embargo, la policía lo atrapó y fue a dar a la cárcel, acusado de ser el jefe de la banda y por el delito de secuestro. A partir de ese momento su nombre dejó de pronunciarse en la familia y sus amigos se olvidaron de él. La única visita que recibió fue la de Shunashi.
Shunashi también acudió con El Negris para pedirle trabajo. Pero el cuñado, aprovechándose de las circunstancias, la obligó a tener sexo con él.
La madre de Ramsés le enseñó a Elizabeth una carta en la que le aseguró que Shunashi le hacía saber lo sucedido a su hijo. El destinatario de la misiva le contestó que no se valía que El Negris se hubiera aprovechado de la ocasión y se lamentó de estar preso, pues de lo contrario hubiera ido a su casa a golpearlo.
Lo único que hace titubear a Elizabeth es el hecho de que El Negris es una de las personas que la vio descender del Cerro de la Estrella, y posee una fotografía que le sacó en los alrededores del cerro. Sin embargo, cuando le preguntan detalles, dice que la foto es de una semana atrás y enseguida cae en el mutismo.
También el caso de Gabriela
De acuerdo con la entrevistada, otro caso que mantiene extrañados a los familiares de las víctimas es el de Gabriela. Ella fue encontrada muerta el domingo 16 de diciembre del año pasado, alrededor de las nueve y media de la noche. El día anterior, a las cinco y media de la tarde, había subido al Cerro de la Estrella, en compañía de su primo Bryan, de 16 años. Según el primer testimonio del adolescente ante la policía, llevaban varias cervezas y enseguida se pusieron a tomar.
Los adolescentes eran primos y de acuerdo con testimonios de los familiares, se llevaban excelentemente. Terminadas las cervezas, Bryan propuso que bajaría a la tienda más cercana para comprar otro paquete. Como carecía de dinero, se llevó el teléfono de Gaby y lo empeñó. De la casa de empeño se dirigió a la casa de su prima, pero al único que encontró fue al hermano de Gaby. De regreso, encontró a unos amigos y les comentó que su prima se había puesto ebria y estaba allá arriba, en el cerro.
Picada la curiosidad del grupo, decidieron acompañarlo. En cuanto llegaron a las cercanías de donde Bryan había dejado a su prima, se quedaron atónitos. Gaby estaba sin ropa y tenía en varias partes del cuerpo pequeños puntos rojos, como si hubiera sido objeto de mordeduras. Bryan tomó la cabeza de su prima en sus brazos y la escuchó que susurró:
—Mamá, no me dejes. Papá ayúdame.
Enseguida Gaby se desvaneció.
Los muchachos solicitaron por teléfono una ambulancia. Sin embargo, ésta no arribó al paraje sino una hora después. Aún iba con vida cuando llegaron al hospital. Al practicarle los primeros auxilios en el hospital, falleció.
Elizabeth tuvo la oportunidad de platicar con la madre de Gaby y ésta le contó que 15 días después acudió al Servicio Médico Forense. De acuerdo con la autopsia practicada, el cuerpo tenía mordeduras de canes en ambas axilas y como la ropa también estaba desgarrada, el resultado de los estudios fue concluyente, y así se lo hicieron saber a su madre, Georgina: murió por mordeduras de perro.
Hasta ahí, la primera versión de Bryan. Los familiares y amigos de las víctimas, incluidos los de los otros dos adolescentes que perecieron en el Cerro de la Estrella, Samuel y Alejandra, de 15 y 16 años, también muertos por una “jauría de perros”, según la versión de la PGJDF, volvieron a reunirse y ya que habían acudido ante la Séptima Agencia Investigadora, Elizabeth se enteró que Bryan había rendido un segundo testimonio, en el que aceptaba haber visto a los asesinos.
Confesó que mientras se encontraba con su prima Gaby, surgieron de las sombras cuatro o cinco adolescentes, uno de los cuales blandía un bate de béisbol y con el que la golpeó en la nuca. El impacto provocó que Gaby soltara su teléfono y lo tomara Bryan. Y si bien no los hubiera podido enfrentar dado que lo superaban en número, no aguardó a que la pandilla desapareciera para auxiliar a Gaby, sino que se fue corriendo a empeñar el celular.
La nueva versión de Bryan no satisfizo a la familia de Gaby, incluso en el caso de una de las tías, ha dejado entrever que su sobrino podría haber participado o ser él el responsable de la muerte de la muchacha. Y es que Bryan no trabajaba, lo más que llega a hacer, es ayudarle a un amigo que posee un microbús. Está acusado de robo y es un adicto a la droga.
Sin embargo, Bryan continúa libre.
El asunto de los “perros asesinos de Iztapalapa”, lo tomó en sus manos la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos (Limeddh), quien como los familiares de las víctimas tiene serias dudas de que las muertes se hayan producido por mordedura de perros, así que propondrá a la Procuraduría un tercer peritaje con especialistas argentinos.
Y coincide en que en los demás casos podría tratarse de perros de ataque.





