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Le apuestan al frontón callejero

José Arturo García| El Universal
Jueves 24 de enero de 2013
Le apuestan al frontn callejero

CON TODO. La principal herramienta de los jugadores son las manos, aunado a la destreza de pegarle a la pelota y dirigirla a zonas difíciles para sus rivales. (Foto: ADRIÁN HERNÁNDEZ )

Jóvenes y adultos aprovechan una barda alta en la ciudad para jugar este deporte con sus propias reglas y desafíos

metrópoli@eluniversal.com.mx

En este deporte para “vagos” —como lo describen algunas personas— existen muchas cosas más de las que a simple vista se ven. Quienes lo juegan, jóvenes de escasos recursos económicos y fortalecidos en el mundo de la calle, sólo necesitan dos cosas: una pelota de tenis y estar frente a una pared lo suficientemente alta hacia dónde dirigir esa pelota que golpean con las palmas de sus manos.

Entonces inicia el juego... y con él una apuesta, casi siempre necesaria, entre quienes ya cuentan con un buen nivel como para tratar de ganar un poco de dinero, que para muchos, más allá de la victoria económica, lo importante es el reconocimiento de los otros jugadores, lo que se busca cada día, en cada juego, frente a cada rival. O por lo menos así parece vivirse día tras día en las cuatro canchas de frontón del deportivo Los Culhuacanes, ubicado en la delegación Coyoacán.

Las apuestas

Al sol le quedan dos horas para ocultarse. En una barda de frontón de Los Culhuacanes se encuentran unos 15 hombres: el más chico tiene 11 años y uno de los mayores rebasa las cinco décadas de vida. Su nombre es Mauro Cedillo, alias El Luchador o El Caballero Azteca, “pero me conocen más por El Luchador, porque practiqué la lucha libre”. Platicamos.

— Sí, este deporte es considerado un juego para vagos. Lamentablemente los chavos que juegan frontón no tienen muchos recursos económicos y viene aquí a tratar de conseguir un poco de dinero.

— ¿Apuestan mucho?

— Na’ más de 20 pesos.

Entrado en el tema, y rodeados jóvenes y adultos, otro jugador interrumpe para decir: “esto es de puro billete”

Cuentan los jóvenes del barrio que a principios de diciembre se enfrentaron El Momo y El Voto en el pueblo de San Juan Ixtayopan, la considerada mejor tierra de frontón ubicada en Tláhuac. Ahí, entre miradas de decenas de personas, ambos jugadores apostaron 15 mil pesos.

Después de eso, los apodos de los mejores jugadores de México comienzan a ser pronunciados, uno tras otro: El Momo, El Voto, El Ojos… —Aquí todos se conocen por apodos, aclara Mauro—. La lista continúa: El Jaguar, El Loquillo, El Biónico y El Niño Nike, dicen, son los mejores y más reconocido en el frontón de México y todos se han formado en alguna barda de la ciudad.

“Pero El Momo es el mejor porque en los pasados Juegos Panamericanos de Guadalajara obtuvo la medalla de oro en frontón”, enfatiza un muchacho.

Los mejores lugares para practicar el frontón de mano “callejero”, y donde está el mejor nivel, son el pueblo de San Juan Ixtayopan y después el deportivo de Xochimilco. De esos dos lugares han salido las personas que han representando a México en Juegos Olímpicos y en Panamericanos. De hecho, de San Juan Ixtayopan viene El Momo quien lleva por nombre real Fernando Medina.

Mauro narra que hace algunos años representó a México en torneos nacionales y dice con orgullo: “en mis tiempos yo les daba cátedra de frontón (a El Momo y El Voto), pero hoy ellos ya son mejores”.

Desde hace diez años Mauro va cada tercer día al deportivo Los Culhuacanes. Como si fuera un ritual, este hombre robusto y de amable actuar con los jóvenes, quien trabaja como comerciante, se coloca cinta profesional en cada dedo, después tela y por último un guante. Entonces su mano queda lista para el combate.

Cifras nulas

El presidente de la Asociación de Frontón del Distrito Federal (AFDF), Alfredo Molina Cruz, explica que resulta difícil saber cuántas personas practican este deporte, pero calcula que la asociación tiene afiliadas a unas dos mil personas.

Además, dice, no hay más de 60 canchas públicas de frontón en todo el DF; de esta cifra, quedan exentos los deportivos privados donde juegan frontón de mano o frontenis.

El Instituto del Deportivo del Distrito Federal (IDDF) tiene registrados 101 deportivos públicos. No en todos estos sitios existe una cancha de frontón, pero en los lugares donde sí —como en Tlatelolco, Culhuacán y en los camellones de Periférico oriente— por lo menos juegan 30 personas al día, según cálculos de los mismos jóvenes que conocen bien los lugares: los frontonistas “callejeros”.

Aunque no existe ninguna clasificación de “frontón callejero”, las personas así prefieren llamarlo porque ellos deciden sus propias reglas, sus propias apuestas. En pocas palabras: se alejan de cualquier reglamento oficial.

Cada jueves, desde las tres de la tarde. los muchachos de Los Culhuacanes se van al deportivo Jesús Clark Flores (Miramontes y Santa Ana). Encontramos ahí a Rodrigo, alias Rodrigolo, porque más que frontonista él es malabaristas. Así se gana la vida. Pero, ¿por qué el frontón?

“El fron lo encontré un día (hace ocho meses) que venía caminando por aquí. Vi las bardas, vi que estaban jugando y se me pareció chido. Sí le metían unos buenos trancazotes (a la pelota). ¡Pug...! ¡Unos bombazos...! Yo quería soltar unos buenos bombazos también. Además, como hago malabares, pues me ayuda porque el frontón me da reflejos, por eso lo escogí”, cuenta con sentido del humor Rodrigolo después de echarse un partido de media hora.

— ¿Cómo es tu vida con el frontón?

— Mi vida con el frontón es chida... Es como... (entonces mira al cielo, intentando buscar la respuesta) como una válvula de escape para todo: haces ejercicio, te distraes, sacas toda la tensión... Pues es chido, es divertido. Es de pensar que necesitas mucha técnica para saber en dónde vas a acomodar la bola, tienes que estudiar a tus rivales: cómo se paran, cómo están jugando y cómo estás jugando tú.

— ¿Apuestas?

— No me gusta apostar. Creo que ya cuando le metes dinero de por medio se pierde el sentido del deporte. Mejor así, sólo disfrutar el juego.

“Ahí se van, el frontón y mi chava"

Del otro lado de la ciudad, en Tlaltelolco, símbolo del desastre por los sismos del 1985, hay dos bardas cerca del cruce de Eje Central y Manuel González.

Con graffiti cubriendo la pared verde y la línea amarilla que poco se ve, hay unos diez jóvenes jugando frontón.

Omar es uno de ellos. Da una entrevista después de perder frente a su compañero. Omar no lleva mucho jugando este deporte al que considera marginado entre todos los demás que existen en el país, pero aún así su mano ha golpeados pelotas en el último año.

“Siento chido jugar. Me gusta, y más si gano. Con el tiempo vas agarrando nivel, pero al inicio, como no estás acostumbrado, te duele la mano y se te hinchan las venas. Pero ya después de un rato ni lo sientes”, son los primeros comentarios de este bachiller serio, de piel morena y quien lleva puesta una gorra de béisbol. Continúa:

“Pegarle a la pelota me llamó mucho la atención. Jugaba en las fuerzas básicas de las Chivas y del Atlante, pero me daba hueva ir a entrenar todos los días. La neta sí me ponían en chinga. Y lo dejé. En tercer año de la secundaria empecé a jugar (frontón), y como iban puros chavos de la Buenos Aires y la Doctores, pues me empezó a gustar… y según yo jugaba bien y entré a la prepa y no, ahí sí es otro pedo, otro nivel”.

Omar estudia en el CCH Vallejo, escuela donde los estudiantes también apuestan en promedio 50 pesos cada uno; quienes juegan mejor, dice, ponen 500 pesos en los torneos que organizan en este colegio de la UNAM.

Bajo la sombra de un árbol, el estudiante cuenta que hay ocasiones en las que ni siquiera entra a clases por jugar, “y es que sí me justa mucho el frontón”, comenta, como si se justificara a sí mismo. Aunque es poco el tiempo que lleva en este deporte, sabe que no solamente se trata de pegarle a la pelota sino que es necesario saber cómo pararse en la cancha.

Este joven de padres divorciados perdió hace unas semanas. Eso no lo detiene, ni tampoco le han llamado la atención las drogas que suelen usar los muchachos del frontón. Por el contrario, Omar dice con seguridad que se ve muchos años más frente a una pared, por eso pide a las autoridades impulsar más este deporte que tanto le apasiona. Al grado que afirma: “Si me dieran a escoger entre mi novia y el fron, yo creo que ahí se van”.



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