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“El monstruo de agua es parte de nuestra historia”

Rafael Montes| El Universal
Domingo 18 de noviembre de 2012
El monstruo de agua es parte de nuestra historia

NATURALEZA. Invitados al paraje de Apatlaco, en Xochimilco, tuvieron la oportunidad de liberar 13 ajolotes en un estanque destinado a su reproducción y conservación, a cargo de campesinos de esa zona chinampera. (Foto: ADRIÁN HERNÁNDEZ EL UNIVERSAL )

Voluntarios Telmex y Green Cover, que ayer acudieron a liberar en un ambiente seminatural a 13 ajolotes para llegar a 217 ejemplares del “monstruo de agua” que ya viven en ese estanque confinado

rafael.montes@eluniversal.com.mx  

La primera en tomar entre sus manos a uno de los ajolotes fue una niña. Entre sus dedos pequeños, el animalito, negro como la obsidiana y suave como una gelatina, se movió lentamente. Ella, agachada desde la orilla de la chinampa, soltó un gritito de emoción: “¡Ay, qué lindo!” Luego, con toda la paciencia de un niño curioso, lo soltó frente al estanque y el ajolote se sumergió en el agua.

Dionisio Eslava lo vio todo con alegría. Es su proyecto de vida, como él mismo lo llama, “no de meses”. Desde hace 13 años, él y otros campesinos de Xochimilco iniciaron un proyecto para la recuperación del ecosistema del ajolote en el paraje de Apatlaco, adonde ayer invitó a organizaciones civiles a conocer su labor de rescate.

Don Nicho, como todos conocen al hombre de bigote y piel curtida, asegura que la organización que encabeza, Umbral Axochiatl, “es la primera a nivel nacional que hace una recuperación real de las especies sin ayuda económica de alguna instancia de gobierno”.

Así lo dijo en el discurso que pronunció frente a 60 invitados al paraje, personas de todas las edades, integrantes de organizaciones como el Club de Patos, Boy Scouts de México, Casa Alianza, Voluntarios Telmex y Green Cover, que ayer acudieron a liberar en un ambiente seminatural a 13 ajolotes para llegar a 217 ejemplares del “monstruo de agua” que ya viven en ese estanque confinado, en donde Nicho y los suyos pueden monitorear la colocación de huevas y el crecimiento de los animales.

El paraje de Apatlaco, en donde Nicho trabaja, no tiene la fisonomía del Xochimilco turístico de trajineras. Es un paisaje distinto, un reducto del gran lago de Anáhuac. Abandonado sí, con chinampas improductivas e invadidas por ganado, pero más parecidas al ecosistema sobre el cual creció la gran Tenochtitlan. Es zona de canales y canoas, de tierra flotante y aves migratorias como garzas, garzones y pelícanos.

Junto con su hermano, quien le ayuda, Nicho es optimista. Para él, el ajolote “es parte de nuestra historia, de nuestra identidad como indígenas”.

Aunque algunos expertos opinan que la liberación de ajolotes no sirve de mucho mientras el ecosistema de Xochimilco esté tan dañado, el campesino calcula que para mayo liberará a otros cinco mil. Y dentro de tres años, podrá liberar a cien mil más, “entonces, el ajolote ya no estaría en peligro”.

Nicho sabe que el reproducir ajolotes y liberarlos no es lo único por hacer. También dedica grandes esfuerzos a revivir chinampas, con métodos tradicionales, sembrando y cultivando hortalizas y plantas, delimitando taludes, ahuyentando a las tilapias.

“Se trata de restaurar la chinampa y el tejido social, vamos a regenerar el ecosistema sin alterarlo”, explica el campesino xochimilca.

Los ajolotes de Nicho crecieron en un criadero, al que llama laboratorio, pero que nadie financia, asegura. Ninguna institución de gobierno u organización ha querido apoyarlo porque, se queja, “no tenemos un título o un doctorado; pero nuestro título, es éste, la tierra, nuestra tierra”.



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