Se vuelve una pesadilla oír música todo el día

GANANCIAS. Un conjunto de músicos invidentes han encontrado en la salida del metro Allende una fuente de empleo. (Foto: JUAN BOITES EL UNIVERSAL )
Una banda de músicos invidentes conecta sus bocinas afuera de la estación Allende del Metro, afina sus guitarras para tocar una melodía de Marco Antonio Solís, El Buki, mientras un puñado de personas los espera. En minutos, los acordes producirán más contaminación acústica que el tráfico de la tarde sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas.
El ritmo de la música rebasa los niveles máximos de emisiones sonoras permitidas en el Distrito Federal, alcanza los 102 decibeles (dBA), cuando lo permitido es hasta los 65 de las 06:00 a las 20:00 horas, y, hasta 62, de las 20:00 a las 06:00 horas, como lo establece la norma NADF-005-AMBT-2006.
La Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) califica como “problema de salud” el ruido derivado de músicos callejeros que tocan en las aceras y pasajes peatonales del Centro Histórico.
Los artistas urbanos se han convertido en una de las principales fuentes emisoras de este tipo de contaminación en el primer cuadro de la ciudad, junto con el comercio ambulante y el tránsito, de acuerdo con estudios que dicha dependencia realiza desde 2008.
“Se han convertido en un dolor de cabeza para los habitantes. Para quienes viven ahí o trabajan, se convierte en un problema de salud”, señaló la subprocuradora de Protección Ambiental de la PAOT, Mónica Vietnika Alegre González.
En entrevista, la funcionaria explicó que el fenómeno se incrementó en los últimos cuatro años, sobre todo en las calles peatonales; por lo cual, la dependencia prepara una propuesta para la creación de horarios específicos, con el fin de que los músicos realicen sus actuaciones públicas y no se queden sin empleo.
Más ruido que en Eje Central
Durante un recorrido con autoridades de la PAOT, el dispositivo que utiliza la dependencia para medir el ruido registró, en la calle Motolinia, donde se colocan los músicos invidentes, niveles de 102 decibeles y un promedio de 95 durante la ejecución de sus canciones.
Más adelante, en el cruce del Eje Central Lázaro Cárdenas con República del Salvador, donde también convergen las obras de la Línea 4 del Metrobús, el aparato registró sólo 82 dBA. Una medición menor se obtuvo entre avenida de los Insurgentes y Paseo de la Reforma, con 76 dBA.
El daño más común que puede ocasionar el ruido después de los 50 dBA es la pérdida de audición, hipertensión, problemas gastrointestinales, insomnio crónico, cardiopatías y afectaciones al sistema nervioso, re acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La asociación vecinal Unidos por el Centro Histórico DF tiene registros de 19 agrupaciones musicales urbanas que tocan desde la mañana a la noche en el “Corredor Financiero”, que va del Eje Central Lázaro Cárdenas al cruce de Francisco I. Madero con la plancha del Zócalo.
En el perímetro habitan cerca de dos mil vecinos; las calles con más músicos son Motolinia y Gante.
Víctor Zavala, presidente de la asociación, acusó que en algunas calles hay al mismo tiempo tres o cuatro grupos con bocinas, lo que se ha convertido en una “guerra de bandas”.
“Los líderes ambulantes detectaron que estos músicos son una fuente de ingreso y comenzaron a cobrarles por derecho de piso. Son controlados por ‘pequeñas mafias’ que se enfrentan entre sí”, platicó.
Reina Flores, cajera en una lonchería frente a la salida de la estación Allende del Metro, aseguró que sufre una considerable pérdida de audición desde que tomó hace seis meses el trabajo (sic).
Horarios y zonas controladas
La subprocuradora de Protección Ambiental de la PAOT, Mónica Vietnika Alegre, destacó que una forma de controlar el “problema de salud” es la creación de horarios específicos como se hace en los Metros de Inglaterra, en donde los músicos se registran y se les asigna un tiempo.
“Para no quitarles sus fuentes de trabajo, se podrían instrumentar horarios para los músicos”, detalló.
Los vecinos de la zona van más lejos: “Sugerimos realizar audiciones, escoger a virtuosos y elegir muy bien las zonas. En otros países, en zonas de vivienda, no dejan que toquen más de 15 minutos”, explicó, por su parte, Zavala Kugler.
Otros habitantes proponen que haya zonas controladas en lugares como la Alameda Central, mismas que sean destinadas para este tipo de expresión artística.
“Debería haber lugares especiales para tocar. Es un sonido que ya no soporto”, dijo.
Músicos “protestan” tocando
Los músicos callejeros tienen su propia opinión. Roberto Merino, director y guitarrista de una banda musical integrada por invidentes, que ha tocado por 11 años afuera de la estación Allende del metro, señaló que ellos son cultura y si molestaran, la gente no los seguiría.
“Los locatarios no quieren vernos trabajar aquí; vienen a pedirnos que nos vayamos por algunos días. Una vez sí nos ausentamos por alrededor de tres meses”, recordó mientras afinaba su guitarra.
Calles atrás, Rodrigo Fierro, veracruzano y músico de arpa, alude a la crisis económica para defender su postura y su trabajo.
“Me puse a trabajar de albañil, pero no sacaba. Estudio música y éste es mi arte. Llevo un año aquí y es una injusticia que piensen así... Me río para no llorar”, confesó.
Otros vecinos coinciden con los músicos. Jacinto Martínez atiende una taquería en Motolinia, asegura que no representan un problema para el oído, todo lo contrario, amenizan el día para los trabajadores de la zona y los clientes la pasan bien.
“La gente lo toma muy agradable, gustan mucho. Llegan en la tarde, tocan dos canciones y se van”.





