Personalidades, anécdotas y recuerdos
“¿Qué otra colonia ha resguardado a tantos presidentes de México?”, pregunta el cronista Antonio Bellot, “pues ninguna, sólo Santa María La Ribera”, se responde él mismo.
“¿Dónde han vivido escritores, artistas, deportistas y intelectuales que han cambiado este país?”, se vuelve a interrogar, “pues en Santa María”.
Y no se equivoca, pues la colonia que hoy cumple siglo y medio de existencia ha servido de morada para muchas personalidades en diferentes momentos de la historia.
El cronista Bellot, acompañado de sus amigos y vecinos, conocedores también de la historia del lugar, cuenta que los ex presidentes Manuel González, Emilio Portes Gil, Adolfo López Mateos, Miguel Alemán y Manuel Ávila Camacho (incluido el general Porfirio Díaz, que tenía una casa en Naranjo 111, aunque no se sabe si la ocupó) habitaron la colonia.
Con orgullo relata que la zona fue también residencia de generales revolucionarios e intelectuales de diversas épocas, como Bernardo Reyes, Agustín Aragón, Mariano Azuela, Federico Gamboa, Jaime Sabines, Amado Nervo, María Enriqueta Camarillo, Manuel Gómez Morin y Gerardo Murillo, conocido como el Dr. Atl.
Quienes acompañan al cronista en esta tertulia, también se suman al recuento: “Hubo episodios gratos y desagradables, como el de la Banda del Automóvil Gris, que fueron unos criminales que se volvieron famosos a principios del siglo XX”, dice Porfirio Chávez, aficionado a la historia del lugar.
El cronista y sus invitados tampoco olvidaron mencionar que Santa María la Ribera fue testigo de la carrera del cantautor José Alfredo Jiménez o del futbolista Horacio Casarín, uno de los primeros ídolos del deporte.
El lugar de la reunión es un inmueble que data de 1904, con puertas y techos altos, protegido por el INBA.
Al abordar la importancia que tiene la alameda y el Quiosco Morisco, ellos rememoran algo que ya desapareció: se trata del redondel, una especie de plancha circular en la alameda que servía para jugar o “para echar novio”.
Recuerdan que fue allí donde conocieron el invento que revolucionó las telecomunicaciones: la televisión.
“Como era un aparato caro, se optó entre los vecinos por poner en el redondel una televisión que se prendía por algunas horas y luego se guardaba: allí conocimos al Santo, El Enmascarado de Plata, a Rintintin y a Lassie”, recuerda don Porfirio.
Otra vivencia que aún tienen muy clara, es la de la elefanta Judy, allá por 1958. Era de noche y ninguno de los vecinos creía lo que veía, pues era una elefanta descontrolada que se escapó de la estación Buenavista y cruzó Insurgentes para llegar a la alameda.
Respecto a los lugares tradicionales de la colonia, la maestra Alma Eugenia Castro evoca con cierta nostalgia algunos que ya no existen y otros más que no han cerrados su puertas.
Entre ellos destaca el restaurante Pachuca, la cantina París y el salón Puebla, lugares de tradición que ahora compiten con las birrierías, pozolerías y taquerías del lugar.





