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Santa María La Ribera, del esplendor a los días de ocaso

Francisco Nieto Balbino| El Universal
Viernes 02 de diciembre de 2011

La colonia Santa María la Ribera cumple siglo y medio de existencia y ha servido de morada para muchas personalidades en diferentes momentos de la historia Tanya Guerrero/ EL UNIVERSAL

Santa María la Ribera es, junto con la colonia de Los Arquitectos (hoy parte de San Rafael), el primero de los fraccionamientos que se planearon con el propósito de hacer negocio mediante la inevitable expansión de la Ciudad Tanya Guerrero/ EL UNIVERSAL

La colonia alcanzó su máximo esplendor en la época de Porfirio Díaz, porque fue dotándose de servicios públicos, como drenaje, empedrado, energía eléctrica y transporte, especialmente el tranvía que llega al Centro Tanya Guerrero/ EL UNIVERSAL

Los ex presidentes Manuel González, Emilio Portes Gil, Adolfo López Mateos, Miguel Alemán, (incluido el general Porfirio Díaz, que tenía una casa en Naranjo 111, aunque no se sabe si la ocupó) fueron habitantes de la colonia Tanya Guerrero/ EL UNIVERSAL

La colonia también fue residencia de generales revolucionarios e intelectuales de diversas épocas, como Bernardo Reyes, Agustín Aragón, Mariano Azuela, Federico Gamboa, Jaime Sabines, Amado Nervo, María Enriqueta Camarillo, Manuel Gómez Morin y Gerardo Murillo, conocido como el Dr. Atl Tanya Guerrero/ EL UNIVERSAL

En la zona se fundaron equipos de futbol profesional como el Club América o el desaparecido Oviedo, integrado por españoles Tanya Guerrero/ EL UNIVERSAL

El cronista Antonio Bellot cuenta que Santa María la Ribera fue testigo de la carrera del cantante José Alfredo Jiménez o de Horacio Casarín, uno de los primeros ídolos del deporte Tanya Guerrero/ EL UNIVERSAL

Santa Mara La Ribera, del esplendor a los das de ocaso

ASUETO. El Quiosco Morisco fue construido por José Ramón Ibarrola como parte del pabellón que México presentó en la Exposición Internacional realizada en Nueva Orleans entre 1884 y 1885, ahora es un sitio para pasear y admirar. (Foto: )

El proyecto de 1861 para los ricos devino a causa de la Revolución, el Metro y el ambulantaje

metropoli@eluniversal.com.mx

El 15 de junio de 1859 —entre las 10 y 12 horas del día— la casa marcada con el número ocho de la segunda calle de San Juan, comenzó a recibir gente interesada en conocer los detalles del novedoso proyecto inmobiliario que dos años más tarde cambiaría para siempre la fisonomía de la ciudad de México.

La casa era el despacho de los hermanos Estanislao y Joaquín Flores, que mediante un cuadernillo publicitaban la venta de terrenos en el campo, específicamente en el rancho de Santa María (la Ribera), cerca de la garita de San Cosme y fuera de la urbe, la cual en extensión llegaba hasta el jardín y panteón de San Fernando.

“Porque México tiene sin duda que crecer, y todo anuncia que será hacia el lado poniente, donde la belleza del paisaje, la abundancia de aguas potables, la existencia de otros lugares, la variedad de vías que se cruzan y otras mil circunstancias propician este llamado a la población”, refiere el cuadernillo que ellos mismos titularon: Venta de terrenos en las inmediaciones de esta capital, el cual puede ser consultado en el Archivo Histórico del DF.

El proyecto inmobiliario fue un éxito. Tardó dos años en afinarse la traza definitiva del lugar que contemplaba 32 lotes, “contenidos en 38 mil 400 varas cuadradas”, y en diciembre de 1861, la colonia fue oficialmente reconocida como Santa María la Ribera, así lo prueba el plano de la ciudad elaborado, ese año, por Manuel Orozco y Berra.

Santa María la Ribera es, junto con la colonia de Los Arquitectos (hoy parte de San Rafael), el primero de los fraccionamientos que se planearon, con el propósito de hacer negocio, mediante la inevitable expansión de la ciudad.

“Se han trazado dos amplísimas calles, divididas en solares, para edificar cómodas casas de campo, en una ancha faja de tierra, que realizando nuestro proyecto vendrá a unir a México con Tacuba”, explicaban los hermanos Flores en dicha publicidad.

La venta incluía una serie de facilidades de pago, así como el decreto del Supremo Gobierno que se comprometía a no cobrar algún impuesto por un lapso de cinco años a fin de que fuera habitada la zona, la misma que Hernán Cortés dispusiera para la labranza un 10 de septiembre de 1524.

Así, Santa María la Ribera llega hoy a 150 años de existencia. Durante este siglo y medio, en el que cronistas y escritores no han dejado de asombrarse de las historias de esas viejas calles con nombres de árboles y flores en las que vivieron un sinfín de personajes que imprimieron un sello particular a la colonia, construida a espaldas de la Casa de los Mascarones, propiedad del conde del Valle de Orizaba, José Diego Hurtado de Mendoza, y que es la única edificación de la zona que data de la época colonial.

Los primeros años

Santa María la Ribera, relata en entrevista el escritor Héctor de Mauleón, nació antes de que pisaran México el emperador Maximiliano y su esposa Carlota; la colonia se fundó en un convulsionado país que se disputaban conservadores y liberales, estos últimos de la mano de Benito Juárez, quien acababa de promulgar las Leyes de Reforma.

Para el cronista Antonio Bellot, la colonia alcanzó su máximo esplendor en la época de Porfirio Díaz, porque fue dotándose de servicios como drenaje, electricidad y transporte, especialmente el tranvía que llegaba al Centro.

También fue la época en la que se consolidaron muchos de sus edificios y espacios públicos, como el Museo de Geología, el Museo del Chopo, el Teatro Bernardo García y la alameda, con su Quiosco Morisco, el cual fue construido por José Ramón Ibarrola como parte del pabellón que México presentó en la Exposición Internacional de Nueva Orleans entre 1884 y 1885.

En los años posteriores a la Revolución la colonia fue densamente poblada, ya que al estar cerca de la estación ferroviaria de Buenavista y del Centro Histórico, facilitaba la movilidad, lo que hizo que dejara de ser un lugar exclusivo para gente adinerada.

Para los cronistas De Mauleón y Bellot, el nivel de la colonia —en inseguridad y deterioro de sus inmuebles— decayó en la segunda mitad del siglo pasado, cuando se construyó el Metro, ya que el comercio ambulante se apoderó de las calles principales.

Otro factor decisivo fue el temblor de 1985, pues muchas viviendas fueron abandonas y posteriormente ocupadas e incluso destruidas por los damnificados que llegaron allí al amparo clientelismo de los partidos políticos.

Hoy, Santa María la Ribera experimenta una transformación en la que conviven los tradicionales negocios y las casonas de época con nuevos inmuebles y propuestas culturales.

 



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