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Sus vidas acabaron en la bici

Tanya Guerrero| El Universal
Miércoles 02 de noviembre de 2011
Sus vidas acabaron en la bici

HOMENAJE. Max murió arrollado por un microbús cuando circulaba en su bicicleta en el cruce de Alta Tensión y San Antonio . (Foto: )

Para Areli Carreón, fundadora de Bicitekas, los casos de ciclistas atropellados son difíciles y no tienen castigo porque generalmente no hay testigos a favor de los muertos

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Quedó debajo de un microbús. Junto a su cuerpo, la compañera de todos los días, su bicicleta, con la que había recorrido la ciudad entera, la que se volvió su medio de transporte, de esparcimiento, su vida. Encima de ambos, un camión repleto de pasajeros y un conductor dispuesto a huir pese a los gritos de la gente que exigía ayuda para Maximino Mendieta, quien la noche del 29 de septiembre se dirigía a casa luego del trabajo y no llegó.

Max no se levantó del cruce de San Antonio y Alta Tensión. Perdió la vida, a pesar de que a él no le faltaba pericia, habilidad, ni fuerza para conducir la bicicleta. Formaba parte de una asociación civil llamada Biciperros, hábil con los pedales, conocedor de las calles, diestro en el tráfico y precavido. Max forma parte de una cifra negra en México, la de 24 mil muertos al año por accidentes viales según cifras del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP, por sus siglas en inglés). Aunque la Secretaría de Seguridad Pública del DF (SSP-DF) no distingue entre los que mueren a pie y los que son atropellados a bordo de una bicicleta, asociaciones como Bicitekas han decidido, a manera de homenaje y protesta, crear monumentos con bicis blancas para los ciclistas muertos.

Hasta hoy, han colocado ocho por toda la ciudad, sólo una muestra de los 65 que murieron al día en el 2010. Los Bicitekas convirtieron a los caídos en fantasmas de dos ruedas. Con una bicicleta colgada recuerdan a los que concluyeron su camino en algún punto de la ciudad de México, interrumpido por la imprudencia de un conductor, por la mala infraestructura de la ciudad, por la falta de respeto hacia peatones y ciclistas o por la nula educación cívica. La idea es de un ciclista canadiense.

Causas diversas

Para Areli Carreón, fundadora de Bicitekas, los casos de ciclistas atropellados son difíciles y no tienen castigo porque generalmente no hay testigos a favor de los muertos, ni apoyo de la SSP-DF ni del ajustador de seguros porque ellos sólo quieren salvar a sus clientes.

“La muerte llega a los ciclistas por excesos de confianza, abuso del uso del espacio, infraestructura mal diseñada, un pésimo uso del vehículo e incluso porque a veces el ciclista no ha desarrollado pericia para andar en el tráfico “, dice.

El 80% de accidentes en los que está involucrado un auto y una bici es porque el automovilista no te ve y entonces “te empuja, te arrolla, y a veces ni siquiera te ayuda”, explica la también líder de la Red Nacional de Ciclismo Urbano.

“Es muy importante que la bicicleta tenga luz blanca en la parte delantera y luz blanca trasera, que tengas reflejantes en el casco, los pedales, la chaqueta, y llevar ropa clara”, asegura.

A Max lo mató un microbús, igual que a Christian Mazas, quien iba hacia Miramontes sobre Calzada del Hueso, y a Jonathan Sánchez, que apenas era un niño. Los otros cinco murieron golpeados por automovilistas que lo mismo han provocado la muerte de niños que de policías o vendedores de pan. Hoy, los responsables están libres; algunos fueron detenidos y liberados bajo fianza y de otros nunca se supo nada.

La lista “blanca”

La primera “bici fantasma” fue la de Liliana Castillo, una joven de 23 años que murió en la esquina de Universidad y Mayorazgo de la Higuera. Su muerte es un tributo a la corrupción en el DF, dicen. Fue atropellada el 15 de mayo de 2009 por un automovilista joven y bien asesorado por sus abogados. Después del impacto, permaneció siete días internada en el Hospital de Xoco, pero su muerte no se documentó como atropellamiento por no haber fallecido al momento del impacto.

“Es uno de los primeros casos donde los Bicitekas nos unimos para pedir justicia, nos manifestamos afuera de la Procuraduría de Justicia del DF para exigir que se castigara al responsable, pero nunca pudimos encerrarlo, no se supo de los policías, ni de los paramédicos porque nunca aparecieron”, dice Ernesto Corona, vocero Biciteka.

La segunda bicicleta fantasma se la dedicaron a Esthela de la Luz Valles, quien murió a bordo de una bicicleta prestada al bajar el puente que atraviesa el Periférico, a la altura de Chapultepec y que forma parte de la Ciclopista de la Ciudad de México, pero que no cuenta con ningún señalamiento de disminución de velocidad.

La tercera víctima fue Ignacio, un policía que patrullaba a bordo de una bicicleta, de los comúnmente conocidos como “policleto”. De 24 años y padre de familia, la muerte le llegó el 18 de julio del 2009. Fue arrollado por un automovilista que conducía borracho un sábado de quincena en la Condesa.

Le siguió un fotógrafo, Óscar Estevez, mejor conocido en el mundo del fotoperiodismo como “Pokemon”, quien murió rumbo a la colonia Roma.

La quinta bicicleta fantasma fue retirada por el gobierno del DF luego de que los Bicitekas la pusieran en Reforma en honor a Rubén Vázquez, un menor de edad que repartía pan en bici. Del culpable de arrancarle las piernas nadie sabe nada.



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