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El pepenador: una prueba a la resistencia

El Universal
Lunes 29 de agosto de 2011
El pepenador: una prueba a la resistencia

EXPERIENCIA. Desde los ocho años, Odilón Sánchez rescata lo que otros tiran. (Foto: )


Si alguien sabe lo que es vivir rodeado de basura es Odilón Sánchez. Tiene 56 años y desde los ocho trabaja rescatando lo que otros tiran. Nació en Querétaro. Su familia viajó a la ciudad de México en busca de trabajo. “Y llegamos a la basura”, dice sin quitar la vista de esa masa amorfa que pasa frente a él. Con la agilidad que da la experiencia saca una lata, una botella de PET, pedazos de cartón, plástico que hasta hace poco fue una bolsa, hojas de papel...

Odilón ha visto nacer y morir tiraderos. Con su familia comenzó a pepenar en Santa Cruz Meyehualco, después se fueron a los tiraderos de Santa Fe. También miró como en 1994 se crearon las tres Plantas de Selección y Aprovechamiento de Residuos Sólidos que hay en el Distrito Federal. Ahí fueron llevados los pepenadores a trabajar.

“Las plantas de separación son prebendas que se dieron durante los regímenes priístas”, recuerda Ricardo Estrada Núñez, subdirector de reciclaje. Estas plantas son manejadas por las tres personas que se erigieron como líderes de pepenadores, después del asesinato de Rafael Gutiérrez Moreno, El Rey de la Basura.

Odiló —como muchos de los que pepenaban en Santa Fé—, trabaja en la planta de San Juan Aragón. Los primeros meses, recuerda, nadie se acostumbraba a trabajar ahí. Poco a poco se acoplaron a rescatar los materiales de las bandas que, desde las alturas, parecen un río de desechos.

 

Para Odilón es mejor trabajar en una planta, “sin tener que batallar con el agua y el sol”. Ahora tienen un horario de ocho horas. Lo que sigue sin cambiar es que no tienen sueldo fijo ni prestaciones. Las condiciones sanitarias en que trabaja tampoco son las mejores. El salario que recibe depende de cuántos residuos juntó con sus compañeros de cuadrilla. A la semana, Odilón gana entre 800 y mil pesos.

El trabajo de pepenador —dice— es de resistencia. “Muchos no aguantan, porque se enferman y se van”.

La resistencia se pone a prueba cuando llega el olor nauseabundo de los desechos en proceso de descomposición. “A eso sí, uno no se acostumbra; pero qué le hacemos, la necesidad hace que aguantemos”.

Odilón no se mira trabajando en otra cosa que no sea pepenar. “¿Dónde nos van a dar trabajo si ya estamos viejos? Nosotros le decimos a los jóvenes que estudien. Aunque a algunos sí les gusta trabajar aquí”. No miente.

Elizabeth tiene 16 años y desde hace uno trabaja en esta planta. Los más jóvenes elaboran las pacas de PET, cartón o papel que se venderán en el mercado del reciclado. Al día forman 17 pacas de PET. Cada una pesa cerca de media tonelada. En las calles de la ciudad, un kilo de PET alcanza un precio de cuatro o cinco pesos.

El PET, el cartón, aluminio, papel y otros materiales que se selecciona en esta planta se venden a empresas con las que ya se tienen convenios, explica el dirigente Luis Rojas, líder de la Asociación de Selectores de Desechos Sólidos de la Metrópoli y hombre al que todo mundo le rinde cuentas en la Planta de San Juan Aragón.

Él aclara que su trabajo es colocar en el mercado los materiales seleccionados y repartir las ganancias entre los pepenadores. Cuando se mira las cadenas de oro en su cuello uno piensa en ese dicho que dice: “Quien parte y reparte se lleva la mejor parte”.

Dos de los tres hijos de Odilón también son pepenadores. Comenzaron desde pequeños, como ahora lo hace ese niño de unos 11 años que está a lado de su padre. Frente a él pasan gasas, batas desechables de cirugía y bolsas de hospital que aún llevan sangre. Las leyes dicen que la basura hospitalaria no tendría que estar aquí, pero está. Las leyes dicen que un niño no debería trabajar, pero aquí está. También se dice que por ley, todos los trabajadores deberían tener sueldo y prestaciones, pero eso aquí no está.

 

 

 



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