Capitalinos sobre ruedas

. (Foto: )
El glamour no está peleado con la rapidez. Y menos con las bicicletas. De saco y corbata, bajo el sol de las tres de la tarde y con camisa blanca, propensa a ser víctima del sudor producto del pedaleo, Fernando Sotelo asegura que andar en bicicleta es la mejor opción para cumplir con su trabajo, que implica moverse del número 284 al 505 del Paseo de la Reforma en el menor tiempo posible. El sudor no importa, “me sacrifico, ni modo”, dice.
La idea de andar en bicicleta por la ciudad le gusta a la gente. Así contestan en entrevistas. Ecobici entusiasma, sobre todo cuando los bloqueos, las marchas, los embotellamientos cotidianos convierten en estacionamiento a la zona central del DF. Y los coches no avanzan. Y el estrés hace de las suyas. Entonces, la bici libera.
Reducen traslados
Laura Pasquel usa tacones, maquillaje, lentes oscuros, peinado esponjoso y Ecobici. Dos veces al día, sin falta. Es su transporte para ir de la casa, cerca de la Alameda Central, al trabajo, en el Paseo de la Reforma. Su tiempo de traslado se redujo casi tres veces.
Antes, en auto, le tomaba hasta 30 minutos su recorrido. La bicicleta lo recortó a 13. Así, con esa exactitud lo comenta la mujer de 42 años que superó su miedo a la bicicleta en la ciudad.
“Antes me trasladaba en coche, todavía lo tengo ahí, pero ya no lo uso. A la bici me subo en especial en estos días en que se hace mucho tráfico por lo de San Judas Tadeo; por ejemplo, hoy me fue bastante bien”, asegura contenta. En una mano, sostiene bolsas del supermercado. Fue en Ecobici. Además, confiesa como comentario final, “podría decir que hasta he bajado un poquito de peso, la verdad”.
Nuevo rostro
Paseo de la Reforma y sus colonias aledañas se han transformado. El escenario ya no es sólo para los automóviles, que van convirtiéndose en estorbosos en una ciudad saturada. Las bicicletas comienzan a ganar espacios, a exigir respeto, a ser visibles.
Los usuarios de Ecobici ya son 29 mil. El 75% son hombres, empleados o directivos de empresas o técnicos o estudiantes. La otra cuarta parte, mujeres, empleadas o de alguna profesión que no especifican las estadísticas. Además, hay técnicas y colegialas.
La mayoría de usuarios son jóvenes, de 31 a 40 años. El rango siguiente es el de 26 a 30, dicen cifras oficiales.
Pero hay de todas las edades. Los reportes indican que también hay personas mayores de 70 años en la lista de usuarios de Ecobici. La mayoría lo usa por cuestiones de trabajo.
Fabián Rosales vive en Iztapalapa, trabaja en la Gustavo A. Madero, pero recorre las calles de la colonia Juárez y Cuauhtémoc, por motivos laborales.
Ecobici es su medio de transporte. “Es eficiente, ecológico y económico”, describe sin titubear. En su canastilla acomoda su portafolios. En la mano izquierda carga otra bolsa. Con la derecha conduce. Es la única oportunidad que tiene para usar una bicicleta. No tiene una propia. Aprovecha las ventajas; “ahorras tiempo, haces ejercicio”, explica el joven de 36 años.
Piden amplaición
Pocas son las quejas que los ciudadanos tienen de Ecobici. El mantenimiento a llantas, a frenos y a asientos es lo más demandado, según el sondeo.
La cobertura del sistema de transporte es otra limitante. “Hace falta tener más cicloestaciones, ampliar la red”, dice Fernando Sotelo.
“En Polanco estaría bien poner una”, pide. Para allá va la segunda etapa, ha informado la Secretaría de Medio Ambiente del DF.
Jadeante, Judith Andrade elogia el nuevo modo de transporte. “Me ayuda a transportarme muy rápido”, alcanza a decir. También comenta que se libró del tumulto de los camiones. El ejercicio, otra palomita para la bicicleta. Está contenta con el sistema.
¿Si lo quitaran?, se le pregunta.
La idea no le cae bien. “No”, responde enérgica. “Me encuero y me paro en el Ángel”, promete la mujer de 43 años de edad.
Deja su bicicleta y se va corriendo al edificio de enfrente. La bicicleta la hizo llegar a tiempo a su destino.





