Asaltos dejan sin transporte al cerro del Chiquihuite

"PASO". Estos son algunos ejemplos de las piedras usadas como escalones por los asaltantes para poder escapar. Una vez que cometen el ilícito, brincan de casa en casa para salir más rápido; los vecinos se quejan porque la policía no puede seguirlos. (Foto: DIANA DELGADO / EL UNIVERSAL )
A partir de las cinco de la tarde no hay transporte público en el cerro del Chiquihuite a causa de la inseguridad. Asaltos a taxis y colectivos, amenazas, personas armadas y terreno irregular, son los escenarios con los que transportistas y vecinos conviven a diario y que los tiene atemorizados.
EL UNIVERSAL realizó un recorrido con ocho vecinos de los barrios San Juan Guadalupe Ticomán y Barrio La Candelaria que se ubican sobre el cerro del Chiquihuite en la delegación Gustavo A Madero y que por cuestiones de seguridad solicitaron omitir su nombre.
Los colonos narraron que los problemas de inseguridad han ocasionado que el transporte público disminuya y que en algunos horarios desaparezca, ya que tanto choferes como pasajeros son víctimas de asaltos por grupos de hasta seis personas armadas.
El modo de operar los vecinos lo saben de memoria: dos personas se acercan a la ventanilla del chofer con amenazas, cuando el conductor trata de acelerar o meter reversa ya se encuentra rodeado por gente armada y tiene que entregar las ganancias del día y objetos de valor.
“Nosotros hemos dejado de pasar después de las cinco de la tarde porque es casi seguro que te van a robar. Hay compañeros que se arriesgan, casi siempre es cuando vienen puras mujeres o con niños, pues ni modo que los dejemos solos”, comenta uno de los choferes de la ruta 68 que circula de Lázaro Cárdenas a la colonia Candelaria Ticomán y quien pidió anonimato.
Vecinos aseguran que de aproximadamente 24 rutas que circulan por las faldas del cerro, —la colonia Ticomán y la zona de La Laguna y La Candelaria—, provenientes de Indios Verdes, Potrero, La Villa, Zacatenco, Instituto Politécnico Nacional, Lindavista e incluso el Centro Histórico, sólo dos llegan a la parte alta del Chiquihuite del lado del Distrito Federal y en horarios limitados por miedo a ser asaltados.
El cerro del Chiquihuite es frontera. La mitad del territorio es del DF y la otra parte pertenece a Tlalnepantla en el Estado de México.
La diferencia es evidente, del lado de la ciudad de México una barda blanca separa las casas de la zona de conservación ecológica del cerro; mientras que en el municipio mexiquense, la mancha urbana se extendió hasta la punta y, de acuerdo con vecinos, son las más peligrosas.
“En el borde entre los dos estados es en donde abandonan automóviles robados. Pasan meses y no hay quien los retire, de repente así como llegan se desaparecen, igual que la gente “nueva que viene a vivir”, comenta un vecino.
De acuerdo con comités vecinales, en la zona del Distrito Federal viven cerca de 40 mil familias y la mayor parte de los habitantes trabaja fuera de la zona, por lo que la falta de conexión ocasionada por la escasez del transporte se ha convertido en un problema.
Conocen la huída
Al igual que los habitantes conocen la manera de asaltar transportes y tiendas, también saben cuáles son los mecanismos de huida.
En la barda que limita el avance urbano hay algunos impactos de bala. Comentan habitantes que en algunos casos ha sido por peleas entre bandas rivales, por persecuciones e incluso por asaltos “aquí le han disparado a gente que no se dejó asaltar o porque no traían lo que los delincuentes buscaban”, dicen.
En el muro de fondo blanco con grafittis negros, hay dos puertas a unos 50 metros de distancia una de la otra. Una es verde y otra negra, ambas miden menos de un metro cuadrado y permanecen cerradas con candados.
“Cuando roban o le disparan a alguien dejan la puerta abierta o ponen a alguien a cuidar, comenten sus actos y para huir corren y se meten al cerro. Vuelven a poner la cadena y no hay manera de alcanzarlos, tienen la llave”, narran.
Colonos comentan que una vez estando arriba, “se reparten el botín, consumen droga, a veces ‘echan bala’ y cruzan para el Estado (de México) que es de donde siempre vienen. Y aunque se denuncie, pueden pasar días sin que llegue una patrulla”, precisa otro de los habitantes.
Los pasillos de estas colonias son angostos e irregulares. Las pendientes son tan pronunciadas que ni los taxis que sólo circulan en el cerro pueden subir de corrido. Piedras que son escalones y casas que tienen diferentes alturas entre la sala y la cocina son ideales para que la delincuencia tenga libertad y resguardo.
“No es posible que los delincuentes puedan brincar de un lado a otro y los policías no. Generalmente sólo hay rondines de Seguridad Pública una o dos veces al día; a veces pasan semanas sin que circulen patrullas porque hasta ellos han sido agredidos y cada vez más seguido nos enteramos que hay muertitos”, comenta una vecina que prefirió no dar su nombre.
No hay denuncias, aseguran autoridades
De acuerdo con Hugo Campuzano, director ejecutivo de Protección Civil y Seguridad Pública de la delegación Gustavo A Madero, la colindancia con el Estado de México es uno de los principales problemas de la demarcación que provocan la inseguridad.
Indicó que aunque la mayor parte de las fronteras con Ecatepec, Tlalnepantla y Nezahualcóyotl son conflictivas, la delegación no tiene denuncias acerca de la falta de transporte a causa de la inseguridad en el cerro del Chiquihuite.
“La zona no es considerada foco rojo en comparación con las colonias San Felipe de Jesús y Juan González Romero. Además, por desgracia, la gente no denuncia y si no lo hace no hay registro y por lo tanto no hay estadística”, mencionó.
Hugo Campuzano puntualizó que es importante el trabajo conjunto de la delegación con la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) y la Secretaría de Movilidad (Semovi) para que a través del programa “HaGAMos un viaje seguro”, se regule el flujo del transporte y se gestione la mejora del servicio.





