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Crónica. Un viaje rutinario, pero sin pantalones en el Metro

Karla Mora| El Universal
Lunes 13 de enero de 2014
<b>Crnica.</b> Un viaje rutinario, pero sin pantalones en el Metro

FESTEJO. Los asistentes al flashmob se reunieron en la Alameda Central para realizar la “Fiesta Silenciosa”. (Foto: JUAN BOITES EL UNIVERSAL )


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La rutina envuelve a las estaciones del Metro, mujeres y hombres caminan por las escaleras eléctricas y los pasillos para hacer su viaje acostumbrado a lado de millones de personas.

En el tren todo luce igual, pero algo desencuadra: tumultos de jóvenes, sin decir nada, caminan con las miradas a cuestas, y es que se despojaron de sus prendas sin el pudor de ser vistos y arrancar una que otra risa a lo largo de su viaje.

Por cuarto año consecutivo, la iniciativa FlashMob México convocó a través de redes sociales al Viaje en Metro sin Pantalones 2014 en el DF.

De acuerdo con organizadores, el evento alcanzó una afluencia superior a los 2 mil participantes; sin embargo, esto no sirvió para romper el récord mundial de seis mil participantes. El año pasado, lograron reunir 2 mil 400 asistentes en distintas estaciones.

Los convocados, denominados “agentes”, portaron pantalones o falda, una mochila, audífonos y reproductor de música, a fin de que sólo ellos pudieran escuchar las instrucciones a seguir durante un periodo menor a una hora.

Una de las instrucciones para la dinámica fue “llevar calzones limpios”, así como pagar la entrada al Sistema de Transporte Colectivo y seguir las reglas de este organismo, incluso en su página de internet, los organizadores incluyeron un Manual del Usuario del Metro, sobre el trato que debían dar a las instalaciones.

Todos listos

Divididos en cuatro rutas, emprendieron el juego aproximadamente a las 11:30 horas. Aunque fueron por distintas líneas, las más nutridas fueron las que implicaron estaciones del Centro de la ciudad.

En la Glorieta de Insurgentes, miles de usuarios dejaron al descubierto sus piernas, mientras otros que no formaron parte del ejercicio, los miraron estupefactos por la actitud despreocupada de los hombres y mujeres que viajaban en ropa interior.

Las instrucciones fueron secretas, sólo los “agentes” sabían su papel cuando se pararan en las puertas de los convoyes o al momento de tomarse fotografías.

Al final de los recorridos, arribaron a la Alameda Central donde hicieron la Fiesta Silenciosa, bailar sin ton ni son al ritmo de una mezcla que no requería más que ganas de divertirse.



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