aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




En la pared, lo que más se parece a la libertad

Karla Mora| El Universal
Sábado 01 de marzo de 2014

Los muros son testigos del paseo sin rumbo de las internas del penal de Santa Martha YADÍN XOLALPA

En el mural llamado "Acciones colectivas por la justicia", las internas reflejaron su necesidad de tener un juicio justo basado en la Constitución y las leyes YADÍN XOLALPA

Hay imágenes pintadas en lo que parece el centro de un universo y las siluetas reflejan la personalidad de cada rea YADÍN XOLALPA

Gloria María Hernández, directora de la cárcel de mujeres, comentó que con las pinturas, en vez de ser una cárcel, este espacio se convierte en un centro cultural YADÍN XOLALPA

Para Marisa Belausteguigoiti, coordinadora del proyecto "Bocetar la libertad, colorear el encierro", la toma de las paredes significa un viaje YADÍN XOLALPA

En la pared, lo que ms se parece a la libertad

EXPRESIÓN. En el mural llamado "Acciones colectivas por la justicia" hay imágenes pintadas en lo que parece el centro de un universo; las siluetas reflejan la personalidad de cada rea, explicaron sus creadoras. (Foto: YADÍN XOLALPA / EL UNIVERSAL )

Internas del penal de Santa Martha expresan con murales su deseo de tener juicios justos

[email protected]  

Los muros son testigos del paseo sin rumbo de las internas de este penal. No hay nada más allá de las mesas para visitas o de la pequeña tienda que les surte chatarra.

Le dicen “la sala chica” al área de la cárcel adonde los abogados acuden a dar asesorías legales. También ahí llegan las visitas, algunas internas aprovechan el lugar para vender dulces, gelatinas o bolear zapatos para ganarse unos pesos.

La pared es plana, no lleva a ningún lado por sí misma pero es lo que más se parece a la libertad, además está cerca de la calle. Si se le pone atención refleja un cielo con sus planetas, hay también siluetas y colores puestos ahí por presas de Santa Martha Acatitla, quienes después de más de cinco años terminaron el cuarto mural que forma parte del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la Universidad Nacional Autónoma de México, proyecto creado para fomentar la creatividad entre las mujeres que se encuentran en la cárcel de la delegación Iztapalapa.

En el mural llamado “Acciones colectivas por la justicia”, las internas reflejaron su necesidad de tener un juicio justo basado en la Constitución y las leyes.

También hay imágenes pintadas en lo que parece el centro de un universo y las siluetas reflejan la personalidad de cada rea.

Para Marisa Belausteguigoiti, coordinadora del proyecto “Bocetar la libertad, colorear el encierro”, la toma de las paredes significa un viaje: el primer mural es un aullido a la libertad, el segundo significa la esperanza a través de la solidaridad entre las presas, el tercero es el mar, con el que se invita a las internas a buscar el horizonte y el cuarto es el acceso a la verdadera justicia.

“Así son nuestras mujeres muralistas, generosas y expresivas. Nos regalan no sólo una definición de lo que es la perspectiva de género, sino una ampliación de la perspectiva ahorcada en las paredes y las celdas”, afirma. Hay mil 500 internas en Santa Martha, cerca de 100 han participado a lo largo de los últimos cinco años en este programa; primero mediante un taller de pintura y posteriormente en los murales.

Gloria María Hernández, directora de la cárcel de mujeres, comentó que con las pinturas, en vez de ser una cárcel, este espacio se convierte en un centro cultural en el que las internas aprovechan todas las oportunidades de reinserción que tienen a su alcance. La funcionaria adelantó que todos los espacios del centro serán utilizados por las muralistas.

“La pintura es un escape; pero tiene sus límites”

Natacha ya no habla su natal francés, conserva su acento pero — afirma— “pienso en español”. Vive el lenguaje de la cárcel desde hace siete años, cuando fue aprehendida por introducir droga al país.

Si bien reconoce el escaparate que representan los escenarios plasmados en cemento, recordó que todo se termina cuando toca las paredes y las azota contra sus manos, hasta ahí llega su libertad.

Desde 2008 se integró al PUEG. Bromea con la última vez en que sus manos tocaron un pincel: “Desde que tenía cinco que no pintaba, pero aprendí a retomar el pincel y a expresar mis sentimientos”.

El primer muro fue un grito de todas las participantes, cada una tenía un cuadro. Natacha deshizo el suyo tres veces antes de tener su idea definida: “Es que me gusta ser precisa”, explica. Con la guía de quienes saben manejar los colores logró con el paso a paso culminar con el cuarto mural.

“Este mural es como el logro de cinco años de disciplina, de introspección, de auto reflexión, de saber que efectivamente el encierro tiene una razón de ser y hay que aprender a aprovecharlo”. En el encierro se aprende a convivir en la promiscuidad, en lo difícil , en horizontes tan diferentes para cada una, aseveró.

La individualidad es diferente; en colectividad la pintura logra una conexión entre todos los que participan en su realización. “El último mural ubicado en la ‘sala chica’ hace caer las paredes, porque es el más próximo a la calle, la prueba está en que la presentación de ese mural reunió a personas del exterior y del interior del penal”, explica Natacha.

“A pesar de que pintamos y de que ponemos colores en nuestras vidas, el encierro es pesado, tenemos que responder a cierto sistema, yo soy muy optimista pero es pesado en el sentido práctico (...) El arte es un escape, pero tiene sus límites y se llaman paredes, a pesar de la imaginación”, reconoce.

“Tratamos de decir que corregimos”

Hay situaciones de todo tipo en la cárcel de mujeres. Están las mujeres que cumplen una pena por delitos que no cometieron; también están las que ya aprendieron su lección, pero aún no cumplen su condena y no pueden demostrar a la sociedad que ya se reformaron.

Lucero Jazmín tiene una sentencia larga; a sus 27 años ya lleva seis interna y le faltan más de 20 debido al homicidio calificado del que fue hallada culpable. Pese a que falta mucho para su salida, confía en que una vez fuera de la cárcel se le reconozca como una artista y no como una delincuente.

En la presentación del mural —en el que participa desde su ingreso— se reconoce su trabajo y bromea al compararse con una celebridad cuando dice: “Esto del espectáculo es muy agotador”. La joven no pintaba antes de ingresar al penal, aunque siempre estuvo interesada por el arte. Ese trabajo es el lado positivo, el blanco dentro de lo negro que rodea la situación de cárcel por haber cometido un delito.

“Desafortunadamente la gente también es inmadura, somos inmaduros y creemos que siempre vamos a tener todo en la palma de la mano. Toda acción tiene una reacción y es consecuencia de algo que está mal y, obviamente va a terminar mal, entonces, si no empiezas poniéndote límites a ti misma, no hay otra forma de continuar”, dice.

Reconoce que algo se truncó en su camino, mas trata de reivindicarse mediante actividades que la hagan destacar dentro de la cárcel, en la mejor forma posible. Los grandes artistas empiezan desde abajo, comentó, claro no en un penal, pero sí con el esfuerzo de ser reconocidos, es lo que ella quiere.

“Sería bueno que al cumplir mi sentencia sea reconocida no como la que salió de la cárcel, sino como una persona que hace murales, que hace collage, como una persona emprendedora que en cinco años ha logrado madurar y crecer, lo que no logró tiempo atrás”. Sabe que su sentencia es larga, pese a ello —dice optimista— que todos los plazos se cumplen y sólo hay que ser pacientes para ganarse lo que se perdió por circunstancias del entorno, pues nadie nace delincuente.

“La libertad es algo muy cabrón”

Paola es de las más animadas, canta, baila, sonríe y si se conmueve pareciera que la sonrisa no se desprende de ella, pese a los ojos llorosos. Su creación es una silueta plantada, firme como ella, mientras resiste el tiempo en el encierro. Ya pasó un año tres meses desde su ingreso al penal de Santa Martha culpada de lesiones.

“La libertad es algo muy cabrón”, dice y, mientras describe su pintura, postra su mano de golpe encima de un planeta que tiene en el centro un trébol y agrega que éste será su pase al exterior.

Como el resto de sus compañeras, tampoco tenía experiencia en la pintura antes de estar en la cárcel. “Con pinceles se pueden decir cosas que no se pueden expresar con palabras”, afirma mientras señala su creación y describe: “Ésta es una chica que está en un lugar donde hay desesperanza, no todo es bonito porque uno está preso. Ves a las orillas, ves las torres de seguridad y dices ‘güey, estoy presa’; pero aquí te puedes volar, te puedes ir hasta donde tú quieras”.

Afirma que por tareas como la que desempeñó en el mural, su familia está orgullosa de ella.

Paola confía en que la ley actuará a su favor porque no robó, no mató ni violó a nadie; sin embargo, no juzga a sus compañeras de cárcel, por eso pide que ninguna de ellas sea discriminada al salir, esa sería una caída más entre las muchas que se soportan aquí adentro, afirma.

“Hay veces que uno llega a este lugar con caídas, a veces te levantas, pero es un entorno muy difícil para estar estables. El tiempo que tengo aquí me he mantenido firme porque quiero salir a la sociedad y que no se me discrimine por haber estado en el penal de Santa Martha Acatitla”, manifiesta.

Asegura que es un hecho que, cuando cumpla su sentencia, la creatividad la seguirá llevando por el muralismo, planea también pintar en lienzos; sólo espera la resolución del juez a su favor para llevar sus pinceles al exterior. “Si Dios me da licencia, en unos tres o cuatro meses me voy”, afirma.



comentarios
0