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Historia. "Nos forzaron a tener relaciones"

David Fuentes| El Universal
Sábado 02 de agosto de 2014
<b>Historia.</b>

FALTA. La descomposición social y la desatención de maestros y padres de familia, son factores que afectan a las escuelas secundarias técnicas. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )


david.fuentes@eluniversal.com.mx

En los baños de la escuela secundaria Cuitláhuac número 119, en el Barrio de la Asunción, en la delegación Iztapalapa, las chicas de tercero organizaban “redadas” en contra de las alumnas de nuevo ingreso.

A las de primer año se les exigía una cuota de, por lo menos, 20 pesos diarios; a las de segundo año, en algunas ocasiones, que hicieran las tareas.

A otras se les obligaba a traer cuadernos nuevos para las más rudas, pero el año pasado las cosas se diversificaron, ya no solo eran agresiones: un grupo de chicas comenzó a vender cigarros de mariguana.

Quienes se resistían a los abusos eran golpeadas y amenazadas.

Así lo cuenta Mariana —no es su verdadero nombre—, quien cursaba el segundo año de secundaria en dicha escuela. La chica accedió a la entrevista con la autorización de su madre, quien todo el tiempo estuvo junto a ella. El temor de la chica, y de su madre, es grande. Tanto, que piden que no se les tome foto ni video.

Mariana dice que quienes se resistían al abuso eran amenazadas y hasta golpeadas. Pero después, venía el reclutamiento: a algunas las obligaban a unirse a la pandilla y para ello tenían que someterse a una serie de pruebas.

No había que golpear a nadie —pues todas eran niñas—, ni tampoco había que cometer otros abusos o “bulear” a alguien más.

“Pedían que las chavas tuvieran relaciones con los del barrio”, explica Mariana, quien también recuerda que estaban bajo amenaza.

Una vez superada la prueba, procedían a realizarles tres marcas en la entrepierna con una navaja: “Era como un tatuaje que teníamos todas”.

Mariana apenas tenía 15 años cuando pasó por todo este proceso y a causa de ello quedó embarazada.

En el momento en que la madre de la jovencita se enteró de lo sucedido, la sacó de la escuela de inmediato. Ahora, dice que siente temor al escarnio público. Además de que, pese a que habló con las autoridades escolares, está segura que el problema sigue.

“Cuando la niña me dijo todo esto, hablé con los maestros, pero no hicieron nada. Me dijeron que ya sabían del asunto de las muchachas. Después corrieron como a tres, pero la semilla quedó ahí y hasta donde sé, esto sigue”, detalla la madre de la menor.

Mariana, ahora de 16 años, ya no va a la escuela, trabaja atendiendo un puesto en un tianguis del Barrio la Asunción. Dice que vio truncada su vida y su preparación escolar.

Ella, al igual que su progenitora, son madres solteras.

“Ya con el niño y todo esto, no pude seguir estudiando. Mi mamá trabaja todo el día y no tenía a quien dejarle al bebé. Ya después espero tener tiempo de terminar la escuela”, dice Mariana quien tiene un hijo de cuatro meses.



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