Indigentes extienden "casa" en metro Hidalgo

OBSTÁCULO. Los peatones difícilmente pueder caminar debido a la extensión del puesto de dulces . (Foto: ARIEL OJEDA EL UNIVERSAL )
rafael.montes@eluniversal.com.mx
El puesto de dulces que también es la vivienda de una pareja en situación de calle —en la esquina de Balderas y Cristóbal Colón— a la salida del metro Hidalgo, empezó a extenderse.
A pesar de que en abril el Instituto de Asistencia e Integración Social de la Secretaría de Desarrollo Social del DF invitó a la familia a trasladarse a un albergue, ésta mantiene su precaria vivienda techada con lonas en esa esquina.
Ahora otros dos bultos, tapados con lonas, se han instalado a su alrededor y obstaculizan aún más el paso peatonal.
La mujer del puesto de dulces se deslinda rápido. “Eso no es de nosotros, es de otras personas que vienen en la noche, le ayudan a mi esposo a cuidar y dejan sus cosas”, explica.
La zona es difícil para los transeúntes, porque la banqueta es alta y estrecha, y porque proliferan puestos de comida y dulces, pero la delegación Cuauhtémoc no ha intervenido este espacio público.
El esposo es un tipo robusto y con la cabeza rapada. Platica sin pudor que allí duerme sin preocupación. “¿Temor a qué? Llevo en mi cuerpo más de 50 balas”, dice, pues comenta que fue soldado del ejército de Estados Unidos, que viajó a Pakistán a la guerra, que incluso en ese puesto de dulces le han disparado en la cabeza.
“Yo ya fui y regresé de la muerte”, dice. En tanto la señora rehuye platicar. Dice que ella no duerme allí, sino en Tepito y que sólo su esposo se queda para cuidar sus pertenencias y el lugar que, según ella, han ocupado sus parientes desde hace 80 años.
“Yo llegué aquí de morrita y siempre he trabajado en esto. Mi mamá llegó cuando tenía como 15 años”, comenta la mujer de canas y delantal.
El hombre dice que un puesto metálico les ayudaría a proteger mejor sus cosas, pero eso generaría envidias entre el resto de dulceros de la zona.
De los dulces, poco sacan. Completan sus ingresos con lo que les pagan por recolectar botellas de plástico y cartones. Pero el hombre dice que la comida, a veces, llega sola. “Un día llegó la gerente del hotel Hilton acompañada de dos guaruras y nos dejó un paquete (...) Era pollo”.
Los transeúntes de la zona deben esquivar los bultos. Es molesto, coinciden, pero varios aseguran que “hay que ser comprensivos, es culpa del gobierno”, por no quitarlos, pero también por no garantizarles la oportunidad de tener una vivienda o un empleo.
La delegación Cuauhtémoc informó que tienen permiso para vender, pero no para pernoctar y que, por lo tanto, deben entablar una negociación con ellos para retirarlos, pues la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) los protege.





