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En sus entrañas

Emilio Fernández Román| El Universal
00:05Domingo 21 de julio de 2013
Vista del crter del volcn Popocatpetl,

ACTIVIDAD. Vista del cráter del volcán Popocatépetl, "La Montaña que Humea". Su reciente reactivación mantiene la Alerta Volcánica en Fase 3. (Foto: CORTESÍA PABLO OBREGÓN )

"Don Goyo" despierta aventuras y emociones

emilio.fernandez@eluniversal.com.mx

¿Cómo es la vida cerca de un volcán que late y humea, que despierta de su quietud? Algunos, como Emiliano, de 10 años, tienen miedo de que haga erupción el Popocatépetl; otros, han vivido aventuras intensas en el cráter del coloso o tienen un profundo arraigo por las tierras cercanas al volcán

 

"Huele mucho a azufre, hace calor; es inolvidable"

AMECAMECA, Méx.- Pablo Obregón y su hijo Alan son dos de los pocos alpinistas en el mundo que han estado en el cráter del volcán Popocatépetl en estos meses en que ha incrementado su actividad.

Pablo aseguró que no hay otro deportista extremo en el mundo que haya llevado a cabo esa osadía: la de estar en "las narices del Popo".

El 6 y 7 de abril pasados, el padre de 50 años de edad y el hijo de 24 años estuvieron tres horas en el labio interior de la "Montaña que humea", cuyo nombre en náhuatl es Popocatépetl.

"Fue algo indescriptible, no hay palabras para explicar la sensación de estar dentro del volcán, fue increíble", recordó.

Pablo, quien inició su carrera a los nueve años cuando subió por primera vez al Iztaccíhuatl, en sus casi 40 años de experiencia no ha sentido tanto temor como esa vez que estuvo en las entrañas de Don Goyo.

"Tienes miedo de que vaya a explotar en ese momento, de que incremente su actividad estando tú en ese lugar, en el que pocos se han atrevido a hacerlo", contó.

Aun cuando estuvo en el cráter con su hijo durante tres horas, Pablo quería estar más adentro del coloso. "Se puede uno adentrar más, pero ya no lo hicimos porque no llevábamos más baterías de cámara para grabar esa parte", expresó.

Llegar hasta la cima no fue fácil. A Alan y a Pablo les llevó ocho horas hacerlo. Ascendieron por la cara sur y poniente de la montaña, la que los alpinistas conocen como el "Pico del Fraile".

Antes de llegar al cráter hicieron una última parada. Eran las 19 horas del 6 de abril cuando descansaron. Durmieron en la última pared del Popo, a 5 mil 300 metros sobre el nivel del mar. Les faltaban 150 metros para su meta.

A las 4:30 de la madrugada del 7 continuaron su camino.

Al filo de las 6 de la mañana estaban dentro del volcán. Estaban a 5 mil 452 metros sobre el nivel del mar, la altura del coloso.

Vieron, sintieron, olieron y temieron al volcán. "Huele mucho a azufre, se siente calor, pero es algo inolvidable", afirmó.

Padre e hijo son muy afortunados. El 30 de abril de 1996, cuando la montaña estaba en una de sus etapas eruptivas, cinco expertos alpinistas murieron al registrarse una explosión volcánica mientras estaban en el Coloso de Anáhuac.

 INTRÉPIDOS. Dos alpinistas, padre e hijo, estuvieron en el cráter cuando creció la actividad volcánica (CORTESÍA PABLO OBREGÓN)

 

"Ya no quiero estar aquí, me da miedo"

AMECAMECA, Méx.- Emiliano no había nacido cuando miles de habitantes de las comunidades cercanas al volcán Popocatépetl fueron evacuadas en el año 2000 por la fase eruptiva que tuvo la montaña.

Tiene 10 años de edad y él sí le tiene miedo a la montaña. Los últimos temblores que se han sentido en el suroriente del Estado de México, provocados por la actividad del Popo, le han generado temor.

Le ha pedido a sus padres que se vayan a vivir a otro lugar donde estén seguros.

"Ya no quiero vivir aquí cerca del Popo, porque se siente muy feo cada vez que tiene movimiento. Tengo mucho miedo de que saque lava y dañe las casas", contó el pequeño.

Emiliano pertenece a la generación a la que el Coloso de Anáhuac sí atemoriza. La generación del miedo a que haga erupción el Popocatépetl. Las otras generaciones, la de sus padres y la de sus abuelos, son las que no le tienen tanto temor a Don Goyo.

Emiliano ha sufrido los últimos días por el aumento de la actividad volcánica.

En ese lapso ha experimentado de todo, desde grandes exhalaciones de humo, acompañadas de vapor y ceniza, hasta temblores que se han sentido en la zona por los tremores continuos que ha presentado la montaña.

Aún no se reponía de los días en los que cayó mucha ceniza en la región que cubrió los poblados de blanco, cuando la tarde del sábado se registró un movimiento que provino del Popocatépetl.

"Me cuesta trabajo dormirme en la noche, porque esta semana se sintieron muchos temblores y se oía cómo rugía el Popo, eso me dio mucho miedo", confesó el menor.

Su hermana Ana, una adolescente de 15 años, también tiene miedo de que el volcán haga erupción.

No había cumplido dos años cuando el Popo registró su última etapa eruptiva.

"Yo no me acuerdo de aquella vez que sacó mucha lava y mucha gente tuvo que irse de sus casas, pero ahora esto que está pasando sí me preocupa mucho. Mis abuelitos me dicen que no tenga miedo que no va a pasar nada, pero yo no les creo mucho y la verdad sí me da mucho miedo", dijo.

Emiliano y Ana no son los únicos niños y adolescentes que han externado su temor por la posible erupción del volcán, en las redes sociales la población joven de la región suroriente del Estado de México también se muestra con temor de que algo suceda

MIEDO. Los niños y adolescentes temen a una explosión; no quieren vivir cerca del volcán (ARCHIVO EL UNIVERSAL)

 

"No hay que espantarse, no pasa nada"

ATLAUTLA, Méx.- A sus 70 años, doña Gloria recolecta hongos silvestres a cinco kilómetros de distancia del cráter del volcán Popocatépetl para preparar las quesadillas que vende en la comunidad de San Juan Tehuistitlán.

"Hace unos días mientras andábamos en el campo el volcán echó rocas con lumbre que cayeron cerca de donde estábamos. No nos pasó nada y no pasará nada porque nosotros no le tenemos miedo", contó.

Doña Gloria espera con ansia la llegada de la temporada de lluvias porque es la época en la que, junto con otras compañeras del poblado de San Pedro Nexapa, la comunidad de Amecameca más cercana al Popocatépetl, suben hasta las laderas de la montaña para recolectar los hongos que posteriormente emplean en la elaboración de las quesadillas que venden a los turistas que van a Paso de Cortés, un paraje situado a 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar.

El puesto de Doña Gloria, quien enviudó hace 10 años y tiene 10 hijos, 28 nietos y seis bisnietos, está en los ejidos del poblado de San Juan Tehuistitlán, en Atlautla, otro municipio del Estado de México que se encuentra en el cinturón de riesgo de la montaña.

"En el 2000 cuando hizo erupción el volcán yo tenía mi puesto en Paso de Cortés, pero el jefe de ese lugar ya no quiso que estuviéramos allá, entonces los ejidatarios me dejaron poner mi cabañita en sus terrenos y ahí vendo todos los días", contó.

Los hongos que recolecta en la zona de riesgo del Popo tienen un sabor especial, único, por lo que se arriesga hasta tres veces en una semana, si las ventas están bien.

"Hay que saber escoger los hongos, porque saben mejor que los champiñones que venden en otros lados. También hay que escoger los que no son venenosos y los más grandes, que son los que tienen mejor sabor", dijo.

Doña Gloria no tiene ni el más mínimo temor al volcán. "Yo nunca le he tenido miedo porque echa sus fumarolas, sus rocas con lumbre, pero no pasa nada, no hay por qué espantarse", dice.

Si el Popocatépetl incrementara su actividad en los próximos días o semanas, doña Gloria permanecería en su tierra, en su lugar de origen, donde quiere que la entierren cuando muera.

"En el año 2000, cuando salió toda la gente, yo me quedé arriba en Paso de Cortés con los soldados, porque yo les preparaba sus quesadillas, sólo fui a mi casa a ver si mis hijos se habían ido. Si pasa algo yo me quedo en mi cabañita, como siempre", aseguró la mujer que no le teme al volcán.

TRANQUILA. Doña Gloria dice que está acostumbrada a la actividad del coloso (EMILIO FERNÁNDEZ EL UNIVERSAL)



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