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Miden su hombría a través del peligro

CINTHYA SÁNCHEZ| El Universal
Miércoles 16 de enero de 2008
Antes, los jóvenes estaban más apegados a los valores familiares; ahora relacionan la masculinidad con el dinero, la apariencia y los riesgos, muchos de ellos absurdos, lamentan especialistas

cinthya.sanchez@eluniversal.com.mx

Los jóvenes definen su hombría a través del peligro. Toman riesgos en su sexualidad, en su profesión, en la forma de cuidar su vida. Se muestran valientes siendo violentos y sus conceptos de masculinidad los obtienen básicamente de dos lugares: los medios de comunicación y los videojuegos, dice Guillermo Núñez, investigador en estudios de masculinidad y presidente de la Academia Mexicana de Estudios de Género de los Hombres.

Tener el mayor número de experiencias sexuales, emborracharse y luego conducir, traer los gadgets de moda, ser divertido, metrosexual y en zonas rurales, migrar es lo que hace “hombrecito” a los jóvenes.

Para sus padres y abuelos éstos conceptos están lejos de ser reflejo de masculinidad, pero la hombría cambia con los años.

Para los de cincuenta años de edad tiene que ver con ser capaces de cumplir obligaciones, para los de setenta significa respeto, honorabilidad, mientras que para sus hijos y nietos la hombría se mide por los riesgos que se toman; con menos prejuicios los hombres jóvenes comen ensaladas por cuidar la línea, escogen a sus parejas por compatibilidad y gusto y no por “virginales”.

Para el investigador del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), los hombres jóvenes no andan de barba cerrada y con atuendo decente, quizá por eso es cotidiano mirar en las calles un nuevo concepto de hombres, todos menores de 20 años con pantalones entallados, fleco que les tapa los ojos y hasta moñito en la cabeza. Se dicen Emos, que viene de emotional. Dicen ser tan sensibles que se tapan un ojo con el cabello porque lloran todo el día.

Luis Enriques tiene 24 años y varias fracturas en el cuerpo. El no es Emo, pero coincide con el investigador de masculinidad: “A los jóvenes les gusta el peligro”. Se ha accidentado dos veces, una de ellas, salió volando del auto desde un puente en Viaducto. “Los jóvenes manejan borrachos, es una realidad, creen que no están tan mal”.

A Luis eso de conducir le da miedo, pero tampoco se arriesga y “no me subo con borrachos”, le consta que a los hombres les da por hacerse los “machines” que manejan mejor con tragos encima.

Luis es diseñador gráfico. Estudió en Brasil, vive sólo desde hace dos años y la limpieza de su departamento, se la hace un hombre. Define la hombría como la capacidad de realizarse. “A los jóvenes nos preocupa nuestra persona, tener un buen trabajo, divertirnos en él. Somos ambiciosos y buscamos parejas que con las que nos complementemos en todos los ámbitos”, dice.

Aunque a Fernando Galán, un coahuilense de setenta años, muchos de los hombres que mira le parecen bisexuales, observar se ha vuelto su trabajo diario.

Llega por las mañanas a la Alameda a buscar gente de su edad para platicar, lo que es difícil porque quienes aceptan son, a veces, hasta 20 años menores. Les cuenta que fue “achichincle” del asesor político de Miguel de la Madrid, que se casó sólo una vez y que lo único que espera es morirse antes que su esposa, porque eso sí, “muy hombrecito, pero no me quiero quedar sin ella”, dice este hombre quien define la masculinidad como: “Hombre significa ganarse el respeto. Ser caritativo y honesto, tener palabra”.

Eligió a su pareja porque era una mujer de buena reputación. “Las malas se las dejábamos a los tejanos”, dice.

Carlos Chío es 20 años menor que Fernando y 30 mayor que Luis. Es un ingeniero jubilado de Teléfonos de México, hijo de un ex militar al que la puntualidad y el poder de la palabra lo hacían hombre.

Él se casó en los setenta con una mujer de profesión química e independiente. Para él ser hombre significa “ser heterosexual”. Dice que la hombría tiene que ver con cumplir con las obligaciones familiares y asegura que ayudar con los quehaceres de la casa no hace menos hombre a nadie, a diferencia de Fernando a quien eso de las labores domésticas le parece asunto de mujeres.

Carlos tiene un hijo veienteañero y ve diferencias abismales entre el abuelo, él y su hijo. Para empezar, mi hijo vive pegado a las máquinas y lo que más me preocupa es que “no le veo la menor intención de casarse y tener un trabajo real y duraredero”.

Guillermo Núñez, investigador en estudios de masculinidad y presidente de la Academia Mexicana de Estudios de Género de los Hombres, dice que los jóvenes, a diferencia de sus padres y abuelos, intervienen más en la anticoncepción femenina, mantienen relaciones sexuales experimentales, se preocupan por el físico, demuestran su hombría con violencia o rituales peligrosos.

Las tres generaciones de hombres mexicanos son distintas, no comparten códigos. Los abuelos se casaron para procraer, “escogian a sus mujeres porque eran buenas para ser amas de casa, de buena familia y gozaban de respeto”. Después de que termina la vida reproductiva, los viejos suelen dormir separados, dice el investigador.

En la era de los padres el amor se hace presente. Los hombres de cincuenta y tantos escogieron a sus parejas por amor y se dedicaron a trabajar y a reforzar su hombría manteniendo a sus mujeres. “Los jóvenes se dan el permiso de explorar su cuerpo. Tienen practicas sexuales distintas, aun en las zonas rurales hay jóvenes que practican el sadomasoquismo y gran parte de ello es porque los ha educado un medio de comunicación”, dice.

Según el investigador, los rituales que practican para demostrar que son hombres van acompañados de riesgos absurdos “abusan del alcohol y las drogas por demostrar que no son miedosos. Entre sus abuelos y ellos hay una transformación significativa de ser hombre. A los abuelos si algo los hacía hombres era la seriedad, el respeto a la palabra empeñada, los jóvenes, en cambio, manejan un lenguaje erótico que les permite explorar su vida sexual, quieren ser guapos, ricos, valientes, famosos, atrevidos, reconocidos, viajados y exitosos”.

Pero hay cosas que nunca se transforman. En las tareas domésticas no hay grandes cambios entre las generaciones. Para la primera no había más, las mujeres debían hacer las labores de la casa y en la segunda y tercera, los quehaceres siguen siendo encomendados a ellas, pero ahora ellos cooperan más, aunque lo hagan como un favor a las mujeres y no porque les corresponda.

Fernando, por ejemplo, reconoce que nunca ha realizado ningún quehacer. Carlos dice que ayuda y que no lo hace menos hombre, pero sigue aplicando la palabra ayuda.

En las zonas rurales los ritos de masculinidad cambian, la migración, por ejemplo es uno de ellos y se ha convertido en un significado de hombría. “En las comunidades la trocka (camioneta) y los dólares son un símbolo de masculinidad”, dice Guillermo Nuñez.

En las clases populares, ser valiente y reconcoido por lo obtenido con dinero es importante. Los jóvenes ricos tienen imágenes mas globalizadas de lo que es ser hombre, viajar por el mundo, ser metrosexuales, hablar idiomas y traer los mejores gadgets.

Para el investigador, ahora la capacidad de compra es muy importante porque con ello se construye una apariencia. Sigue habiendo hombres distintos como los anarquistas, globalifobicos y ambientalistas y pequeños grupos donde el significado de ser hombre se constituye como una decisión de compromiso, de solidaridad y de respeto. Son tribus urbanas que alimentan proyectos mucho más democráticos de ser hombre.

Los conceptos de masculinidad serán aún dictados por la televisión, el internet, los videojuegos y las masas en un aspecto estereotipado.



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