El lado oculto de la obesidad

. (Foto: Especial )
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El estilo de vida actual genera altos niveles de estrés y ansiedad, lo que puede repercutir en el desarrollo de hábitos alimenticios perjudiciales, que en la mayoría de los casos derivan en sobrepeso y obesidad.
La ansiedad y depresión pueden llevar a un individuo a un mayor consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono y grasas, y a consumir porciones extra grandes que, sumados a un constante sedentarismo, pueden causar graves problemas en la salud.
Estos factores influyen en los altos niveles de sobrepeso y obesidad en la población mexicana, pero hay un agente que se olvida con frecuencia al abordar este padecimiento: el manejo de las emociones.
"Realmente no existe una única causa para la obesidad y el sobrepeso. Las causas van desde el aumento del consumo de alimentos, el sedentarismo, el estrés y factores genéticos", asegura Erika Escalante, coordinadora de la Especialidad en Obesidad y Comorbilidades de la Universidad Iberoamericana.
La especialista considera que el tratamiento de una persona con obesidad debe incluir un acercamiento a la parte psicológica, y no enfocarse únicamente en la corrección de hábitos alimenticios.
Hay dos emociones que persisten en los pacientes obesos: la ansiedad y la depresión, los cuales son exacerbados por un estilo de vida estresante, así como un entorno en el que abundan alimentos con bajo contenido nutricional, altos en grasas y carbohidratos, y a precios muy accesibles, asegura la experta.
"La causalidad no está del todo establecida: no sabemos qué es primero, si la depresión por padecer obesidad, o la obesidad por padecer depresión. Sin embargo, sabemos que existe una correlación entre ambas; la parte afectiva juega un papel importante en el tratamiento", aclara.
La académica detalla el papel que juega la bioquímica cerebral y los neurotransmisores en el desarrollo de la obesidad, sobre todo con respecto a los efectos de gratificación en el cerebro que produce la ingesta de ciertos alimentos, un tema poco estudiado en las academias.
Uno de los neurotransmisores más importantes que tienen que ver con esta correlación es la serotonina, sustancia producida por el hipotálamo que inhibe el apetito y que aparece en niveles anormales en personas con depresión.
Un estudio realizado por la Universidad de San Francisco en 2008, indica que dicho neurotransmisor puede intervenir en la acumulación de grasa, por lo que es posible que un déficit de ésta genere problemas de peso.
Por ello, el tratamiento a las personas que padecen obesidad o sobrepreso, que componen 70 por ciento de los mexicanos, debe ser multidisciplinario e implicar un cambio total del estilo de vida: además de incluir las perspectivas de nutriólogos y médicos especialistas, también debe contar con el apoyo de psicólogos y expertos en el manejo de las emociones, afirmó la también coordinadora de la Maestría en Nutriología Aplicada de la Ibero.
Lo importante, asegura la especialista, es comprender que el tratamiento es ante todo un cambio de los hábitos nutricionales, y se debe dar el papel predominante a los médicos y expertos en nutrición, en tanto se investigan los agentes causales del padecimiento.
TIPOS DE DEPRESION
Doble depresión: Se presenta cuando existe distimia y se sufre a la vez una situación adversa en la vida, como por ejemplo, la pérdida del trabajo o de un ser querido.
Depresión atípica: Se tiene un aspecto pasivo y sin energía, hay un aumento del apetito, hipersomnia y fatiga.
Depresión bipolar o estado maníaco depresivo: Incluye dos diferentes fases de desorden del estado de ánimo. Estas fases ocurren algunas veces sucediéndose una a la otra, pero en ocasiones existe un período de estabilidad entre ambos extremos. Los síntomas depresivos se mezclan con ansiedad, fuga de ideas, insomnio e irritabilidad. (Consultar dentro de esta página el apartado de estado maníaco-depresivo)
Trastorno afectivo estacional (TAE): Se presenta cuando existe una relación temporal entre la aparición de un trastorno depresivo recurrente y una determinada época del año (otoño o invierno).
Depresión en niños: Es una situación afectiva de tristeza mayor en intensidad y duración que ocurre en un niño. La depresión infantil se va transformando según la época evolutiva de la vida del niño. Hay veces que los niños pueden padecer depresión como reflejo de la depresión de un adulto.
Trastorno disfórico premenstrual: Sucede cuando los síntomas premenstruales se agravan, aparece en la semana anterior al período menstrual. Puede desencadenar episodios de tristeza, irritabilidad y aumento del apetito.
Depresión en el embarazo: Es común que aparezca entre el primer y tercer trimestre del embarazo.
Depresión posparto: Se inicia en cualquier momento, desde los primeros días hasta semanas después del parto, los síntomas aparecen todos los días y duran más de dos semanas; se presentan sentimientos de culpa, estados de fatiga e insomnio.
Depresión menopáusica: Aparece en la mediana edad, produce sensación de tristeza, coincidiendo muchas veces con crisis conyugales; hay ansiedad aunada a bochorno e insomnio, lo cual agrega angustia a la depresión.
Depresión en ancianos: Se presenta por la disminución de las actividades cognitivas. Los síntomas de la depresión, como pérdida de la memoria y la poca capacidad de concentración, pueden ser fácilmente atribuidos a la edad, y son confundidos con la demencia senil o incluso con la enfermedad de Alzheimer.