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Mujeres en el encierro

Wilbert Torre| El Universal
Domingo 07 de mayo de 2006
La dramaturga María Morett llevó a la Gran Manzana su pieza teatral que retrata la subcultura y el mundo de las cárceles mexicanas

NUEVA YORK.- Los ojos aceitunados de María Morett pestañean de manera vertiginosa en la penumbra del Teatro La Mama, cuando agradece la presencia del público que durante 10 días vio Mujeres en el encierro. La reacción de los neoyorquinos, que parecen vacunados contra cualquier cosa, era evidente: la obra de Morett había logrado sacudirlos. "Es como entrar en un infierno desconocido", opinó una mujer madura acompañada por su marido.

En este planeta del espectáculo, en donde Broadway resplandece con sus obras fantásticas, alegres y luminosas, asistir a un teatro en el que ocho actores deambulan en tinieblas es una aventura diferente. Con pocos recursos, un lavabo blanco con el sello de "Hecho en México", un inodoro viejo, una mesa de cantina y dos oscuras celdas móviles, Morett logró introducir a los neoyorquinos en la subcultura y el mundo de las cárceles mexicanas.

"Imágenes poderosas y actuaciones sólidas se combinan para crear bellas metáforas", opinó The New York Times sobre Mujeres en el encierro. La obra fue traducida al inglés por Debbie Saivetz en 2002, cuando Morett vino apoyada por The Vassar College. Su paso por Nueva York no es reciente: en 2000 ganó la beca del laboratorio de directores en el prestigioso Lincoln Center.

Una de las metáforas favoritas de Morett, de 42 años, fue llevada al escenario de Nueva York por la actriz Jessica Cabrera: una presa muda que lustra los zapatos de las reclusas y de la celadora, una mujer de cabello largo enfundada en un uniforme negro que aquí fue interpretada por Morett.

"Cuando estábamos por iniciar el viaje nos hacía falta un boleto de avión y entonces decidí que yo haría el papel de la celadora", comenta Morett mientras camina por el escenario oscuro del teatro La Mama, creado hace más de 40 años por la afroestadounidense Ellen Stewart como una plataforma experimental. Comenzó con nueve mesas y ha mutado en un complejo de tres teatros y seis pisos en el Lower East Side de Nueva York.

Morett explica que la presa muda es parte de dos personajes que conoció en las prisiones de mujeres de México y Colombia. "Una mujer sin voz es una metáfora cruda del encierro que viven las mujeres en la cárcel", subraya.

Otro de los papeles más ovacionados por el público neoyorquino fue el de una mujer apodada Funny, interpretado por la actriz Hilda García. Es un personaje que Morett conoció en Santa Martha Acatitla: la amante de un narcotraficante mexicano a la que las otras reclusas apodaban La Sor Juana.

Morett presentó Mujeres en el encierro del 20 al 30 de abril en Nueva York, y partió a la ciudad de México con la vista puesta en el próximo escenario de su obra: la prisión de mujeres de Santa Martha Acatitla.



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