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Cualquier cadáver, ejercicios de la paternidad de Geney Beltrán

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Miércoles 16 de julio de 2014
<i>Cualquier cadver</i>, ejercicios de la paternidad de Geney Beltrn

NARRADOR. El autor de "Habla de lo que sabes" y "El biógrafo de su lector" también aborda el tema actual de la violencia. (Foto: MARÍA TERESA VENEGAS / EL UNIVERSAL )

En su nueva novela, publicada por Cal y Arena, retrata a un padre en los tiempos actuales que vive y sobrevive al secuestro y asesinato de su hijo

yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

Debutar en la paternidad abre al menos tres caminos para los escritores: no generar ningún relato sobre ser padre, contar las maravillas del hallazgo de descubrir las emociones más sublimes, o relatar el cómo se puede sobrevivir a los miedos inconmesurables de ser padres. Geney Beltrán Félix optó por éste último pero lo llevó al grado extremo, su nueva novela, Cualquier Cadáver (Cal y Arena), es un ejercicio sobre un padre en los tiempos actuales que vive y sobrevive al secuestro y al asesinato de su hijo de siete años.

El origen de esa ficción cruda y brutal surgió en 2003 a partir del nacimiento de su hija, comenzó a cobrar forma en 2006 y alcanzó mayor soltura entre 2006 y 2008, cuando fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas y tuvo el tiempo de arrancar esa historia que transcurre en la ciudad de México, territorio en el que decide probar suerte Emarvi, un aspirante a escritor nacido en Culiacán, Sinaloa, que es el protagonista de esta historia que se plantea cuestiones de índole moral: ¿Dónde nace el mal y la violencia?, ¿Todos los ciudadanos somos sólo víctimas o también victimarios?, ¿Cómo son las cavidades más recónditas de la naturaleza humana?

El narrador nacido en Culiacán, Sinaloa, en 1976, asumió esta novela, que ha sido publicada por Cal y Arena, como un ejercicio sobre la paternidad. El protagonista es el último que vio a su padre con vida antes de que éste decidiera matarse de un tiro, pero también es un padre que vive con incertidumbre y miedo el nacimiento de su hijo en un México violento, en medio de una sociedad que vive en la inseguridad y se despierta cada mañana con noticias de crímenes.

En entrevista, Geney Beltrán Félix reconoce que quizá Cualquier Cadáver está escrita desde el miedo por lo que inevitablemente resultó en una novela sobre la violencia, pero es una violencia vista desde dentro, desde los efectos psicológicos de quien vive en una sociedad violenta y el hecho de que puede haber alguien que sobreviva a algún hecho violento que roza a su familia.

“No puede decirse que Emarvi es víctima en un sentido estricto, es víctima en un sentido de su interioridad; su manera de ver el mundo cambia, tiene muchas repercusiones muy dolorosas y eso es algo que realmente hoy en día nadie sabe cómo resolverlo, no hay una idea de qué hacer con el duelo porque es algo que escapa a la estadística y es algo que toca el aspecto más primitivo de las emociones, el aspecto más profundo de nuestra sensibilidad y claro que la sociedad valora más el intelecto; las grandes acciones, la política, los grandes hechos y las emociones son enteramente domésticas y privadas. Por eso fue para mí muy duro escribir la novela”, dice el coeditor del suplemento cultural Confabulario.

Más que un libro autobiográfico —aunque el protagonista hasta se parece al autor— Cualquier Cadáver es un libro, dice Geney Beltrán, sobre una posibilidad. “No es que yo sea como Emarvi o Emarvi esté inspirado en cosas que me han pasado, sino en cosas que podrían pasarme o que podrían haberme pasado a partir de que debuté como padre. Fue la preocupación anexa al hecho de ser papá de mi hija, pensando en que ella crecería en una sociedad tan violenta como esta. Toda la carga de responsabilidad que implica la paternidad está en la novela”.

El autor del libro de cuentos Habla de lo que sabes y de los libros de ensayos El biógrafo de su lector y El sueño no es un refugio sino un arma asegura que su protagonista, Emarvi es una proyección sórdida o perversa de lo que podría ser el fracaso de la paternidad, que es un tema reciente pues el ejercicio de la paternidad no tiene muchos registros literarios abordada desde la introspección, desde la fisura y la búsqueda de sus matices pues es un rol nuevo en las sociedades occidentales.

Asegura que hoy en día hay un diferente involucramiento emocional en las generaciones más recientes respecto de las anteriores, ya que en el pasado el modelo del padre era patriarcal o patrimonialista, una figura marmórea incuestionable cuyo involucramiento emocional era nulo en lo que implica la responsabilidad en la etapa de crecimiento de los hijos; y hoy en día se ha transformado.

“La paternidad transformó mi manera de ver el mundo y me obligó a redefinirme a mí mismo en tanto escritor porque la escritura es un oficio muy absorbente que te puede llevar a un grado de autismo y de irresponsabilidad ante lo que te rodea, es un abismo que te atrae porque prácticamente es fundar una existencia paralela a la propia y habitar ahí durante meses y meses y realmente Cualquier cadáver tiene mucho de mi experiencia personal: un divorcio, la paternidad, la búsqueda literaria y también tiene mucho del entorno violento de esta época en México. Yo no sabía que realmente la novela podría llegar a tener coincidencias con un tema de la agenda pública que es la de los padres de hijos desaparecidos, secuestrados o asesinados en los últimos 10 años”, señala Beltrán Félix.

Luego de dejar pasar varios años para “zambullirse en la lava del tema”, el escritor que ha publicado crítica literaria en distintas revistas mexicanas asegura que con valor pudo escribir esta historia tan cruenta y violenta.

“Allí como padre exorcicé muchos demonios con la paternidad. Creo que la única manera de deshacerte del temor más profundo es mirarlo a la cara. Soy muy paranoico, tengo una imaginación pesimista y negativa muy fértil y aunque he aprendido y me he educado un poco en neutralizar el estallido de las paranoias, el hecho de debutar como padre desató una cantidad de miedos que están en la novela. Así que tras terminar la novela sí me siento más liviano y más confiado en el hecho de ser padre; la situación también me reconcilió con muchas confrontaciones que tenía con el hecho de escribir”.



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