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Se "olvidan" de la tradición e historia de los libreros

Diana Delgado| El Universal
Domingo 07 de septiembre de 2014
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PROBLEMA. La Asociación de Libreros denuncia que la delegación Cuauhtémoc los ha movido reiteradas veces del lugar donde vendían sus libros en la colonia Roma, lo que ha afectado sus ingresos. (Foto: PATRICIA JUÁREZ )

Comerciantes de libros viejos acusan que aunque tienen permisos, las autoridades delegacionales los mueven a zonas de poco tránsito peatonal

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La Asociación de Libreros A. C. denuncia que en lo que va de este año personal de vía pública de la delegación Cuauhtémoc los expulsó de la Plaza Luis Cabrera y después de la calle Río de Janeiro, a pesar de que cuentan con los permisos necesarios para comerciar.

Aunque existen documentos en los que la asociación pide la reubicación ante la delegación y de que, incluso, hay una recomendación por parte de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), denuncian que ni sus solicitudes ni sus necesidades han sido escuchadas.

Víctor García Colín, presidente de la Asociación de Libreros, menciona que su tradición e historia han sido ignorados por la administración actual encabezada por el delegado en Cuauhtémoc, Alejandro Fernández.

Afirma que varios comerciantes están en la esquina de la avenida Álvaro Obregón y Monterrey, donde sufren de pocas ventas, sobre todo porque esa zona no es de tránsito peatonal constante, lo que reduce sus posibilidades de permanencia.

Comenta que los libros han sido comprados por literatos, historiadores, investigadores, caricaturistas y cronistas como Carlos Monsiváis, Juan José Arreola, Miguel González Abelar, Fernando Solana y recientente Rafael Barajas, además de que Guillermo Tovar y de Teresa fue presidente honorario de la Asociación de Libreros.

La organización, ahora integrada por 10 miembros, pero inicialmente por más de 200, es la más antigua de libreros de antiguo en la ciudad de México, sus orígenes datan desde hace 60 años cuando comerciaban en La Lagunilla.

Fernando Villanueva, comerciante y miembro de la agrupación, narra que lleva más de 40 años como librero. “En los inicios estuvimos en las calles de Argentina, Haití, Ecuador y Nicaragua, hasta 1986 cuando dejamos la antigua Lagunilla y el entonces Departamento del Distrito Federal nos dio en comodato la Casa Talavera en el mero corazón de La Merced”.

Comenta que al haber divisiones internas, el gobierno local les pidió el edificio y mientras unos regresaron a La Lagunilla y otros buscaron acomodarse en plazas y mercados en la ciudad, un grupo de 10 fue alojado en Casa Lamm, en la colonia Roma, durante casi 12 años, hasta que el lugar inició la construcción de su restaurante.

A partir de este año inició el conflicto con la delegación, aunque la Casa Talavera solicitara que los vendedores fueran ubicados sobre la avenida Álvaro Obregón.

Comentan que en febrero se les permitió establecerse en la Plaza Luis Cabrera; dos meses después, con motivo de la remodelación del lugar, fueron trasladados a la calle Río de Janeiro y, unas semanas después, sobre avenida Monterrey, en donde ahora se ubican y las ventas no repuntan, de tal manera que de ocho locales, ya sólo se instalan tres, “para nosotros es una pérdida de tiempo, dinero y energía estar aquí porque no hay venta, la gente no se detiene a ver libros”, señala Fernando Villanueva.

Para Javier Rosas, otro de los miembros, es irónico que los gobiernos quieran fomentar la lectura y la cultura y no se les permita exponer y comerciar libros clásicos sobre cultura e historia mexicana: “Ahora se está perdiendo el espíritu del libro viejo, sin embargo, son necesarios para que se siga construyendo y sea conocida la historia”.

Comentan que seguirán insistiendo con la reubicación ante la delegación y solicitan que se tome en cuenta su tradición para resolver el conflicto que les ha frenado las ventas.



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