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Gran riesgo de colapso

Cinthya Sánchez| El Universal
Martes 08 de junio de 2010
Millones de construcciones del DF están sobre una zona que tiene una consistencia casi como de una gelatina; los expertos piden revisar las viviendas

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La ciudad de México es una galería de estructuras en riesgo de colapsarse si ocurriera un sismo mayor a 7 grados. Hoy, en una misma colonia conviven estructuras nuevas, edificios remodelados, construcciones viejas a las que no se les ha dado mantenimiento, nuevos conceptos de vivienda con roof garden y alberca en la azotea e incluso espacios arquitectónicos que en su afán de innovar construyen su propio riesgo. Y en una zona con suelo blando corre peligro de caer lo mismo un edificio nuevo, pero mal calculado, que carga 200 toneladas de peso en una alberca en la azotea, que otro que tiene 50 años de vida y que no ha sido reforzado.

Después de 1985, en zonas de suelo blando comenzaron a construirse nuevas edificaciones y a remodelarse otras. “No está contraindicado, pero edificar en una zona blanda requiere de apegarse estrictamente a los reglamentos de construcción; respetar espacio entre estructura y estructura, reforzar columnas, construir con buenos materiales y no violar la ley”, dice Carlos Valdés, Jefe del Servicio Sismológico Nacional.

Considerando que la ciudad de México antiguamente era un lago y que ha sido cubierta por el desarrollo urbano de 3 mil 500 colonias, pueblos, barrios y fraccionamientos, el subsuelo actual en lo que era la zona del lago, es un suelo con poca rigidez, casi con la consistencia de una gelatina.

Hoy, son millones las construcciones que están sobre esa zona vulnerable; como la delegación Cuauhtémoc, la parte norte y oriente de la delegación Benito Juárez, el oriente de la delegación Coyoacán, la parte norte de la delegación Tlalpan, la mitad de la delegación Iztapalapa, particularmente las zonas aledañas al Cerro de la Estrella, el sur de Iztacalco, casi toda la delegación Gustavo A. Madero, además del poniente de Venustiano Carranza.

Reestructurar, no remodelar

Para el sismólogo, hay mucho por hacer antes de que un nuevo temblor sorprenda a la ciudad. “Vale la pena checar con un experto la estructuras, pedir créditos para reestructurar o simplemente fijarse y estudiar los planos de nuevas propiedades antes de comprar”, dice.

Las viviendas remodeladas, por ejemplo, abundan en colonias céntricas, pero remodelado no quiere decir reestructurado. Pintar fachadas e interiores, cambiar pisos, ventanas, puertas, clósets, barandales o elevadores no quiere decir que un edificio construido hace 30 o 50 años tiene la rigidez de una estructura nueva y bien construida. “Tan sólo por la edad, estos edificios tienen que ser necesariamente revisados o reestructurados, pues el peligro aumenta si se están en zona blanda y en una calle chueca”, dice el sismólogo.

Lo peligroso es que hay muchas calles inclinadas en el DF, varias de ellas son fáciles de percibir y para nadie es noticia que la ciudad está desnivelada.

“En estas calles suele haber construcciones que están sufriendo inclinaciones a consecuencia del suelo, aunque vivir en una calle desnivelada no significa que la vivienda tienda a colapsar por ello, pues puede haber construcciones que fueron compensadas para soportar esa inclinación”, dice el investigador.

Un riesgo más y que poco se toma en cuenta es el efecto de golpeteo. El sismólogo explica que cuando dos edificios están juntos y no hay una separación mínima de cinco centímetros entre ambos, éstos pueden golpearse durante un sismo. “Un movimiento generado por un temblor de magnitud mayor a 7 grados hace que las dos estructuras liberen la energía que les está siendo transmitida del suelo y cuando tienen diferente altura, generalmente el edificio más alto incrementará esfuerzos que podrían transformarse en daños exactamente donde golpea el edificio más bajo”, dice.

Explica que el efecto de golpeteo crece si las construcciones se encuentran en zona blanda porque el movimiento lleva más fuerza y dura más tiempo. “Una tensión originada por golpeteo puede fracturar las estructuras, si no están bien construidas”, dice.

La separación adecuada dependerá de la zona donde se haya construido. Según el artículo 211 del reglamento actual de construcción del DF, toda edificación deberá separarse de sus linderos con los predios vecinos a una distancia no menor de 5 centímetros ni menor que el desplazamiento horizontal calculado para el nivel de que se trate, aumentado en 0.001, 0.003 o 0.006 de la altura de dicho nivel sobre el terreno, esto en zonas consideradas blandas.

Para el sismólogo, una alberca en el último piso es un peligro innecesario si no se calculó el peso del agua en la construcción de la estructura. “Están de moda los edificios con Roof Garden y alberca, sobre todo en zonas céntricas como Polanco, Reforma, Condesa, Roma y Centro; una alberca en el último piso implica un peso extra muy grande, que puede colapsar o dañar una estructura en un temblor”, dice.

Asegura que por metro cúbico de agua hay un peso de una tonelada. Por lo que el peso calculado de una alberca de 10 metros de largo por 10 de ancho y dos metros de profundidad nos da 200 metros cúbicos, lo que implica 200 toneladas de peso para el edificio.

“Cuando un temblor ocurra, esa agua comenzará a moverse y muy probablemente a salir con mucha fuerza de la alberca, provocando diferentes daños en las estructuras. Es necesario que quienes piensan comprar una departamento con esta opción revisen los planos de construcción y se involucren para saber si está edificado con las normas que requiere el peso de una alberca”, dice.

Aclara que si la alberca está en un sótano, el comportamiento es distinto que si está en una azotea o entre pisos.

Antes de comprar

Antes de adquirir una casa, Protección Civil recomienda conocer los lineamientos establecidos en el Reglamento de Construcciones del Distrito Federal; si se trata de una construcción realizada antes de 1986 es necesario que estas edificaciones sean reestructuradas de acuerdo a ese reglamento.

Una opción más es asegurar la propiedad, aunque esto no es una costumbre mexicana. Casi nadie piensa que su patrimonio puede sufrir daños, aún así las aseguradoras tienen esta opción.

De esta forma, en caso de un terremoto, el seguro cubre los daños a la propiedad en estructura y los bienes que se encuentren en el interior. Manejan seguros por montos, se puede asegurar por dos millones de pesos y en caso de siniestro la aseguradora está obligada a pagar dicha cantidad.

Los costos son mucho más accesibles que el pago por un seguro de automóvil, incluso podría pagarse unos 3 mil pesos anualmente por un departamento de unos 80 metros cuadrados en la colonia Roma.

¿Estamos preparados?

Saber que vivimos en una zona de alto riesgo ha permitido instalar y mantener redes sísmicas que determinan la distribución de los sismos en México, crear catálogos de temblores para estimar su recurrencia, determinar la magnitud y localización de los mismos, que ha ayudado en la toma de decisiones a las autoridades civiles y militares.

Además, desarrollar y modificar normas y reglamentos de construcción. Determinar el peligro sísmico en el territorio nacional; investigar los procesos sísmicos de la transmisión y variación de las ondas sísmicas en diferentes tipos de roca y suelo, y evaluar sus efectos en diversas estructuras.

Los expertos aseguran que se ha avanzado mucho, aunque falta más.

Es necesaria una mayor inversión económica en conocimiento sísmico, elaborar mapas de peligro sísmico a mayor detalle y en más regiones de la República. Aunque esto no evitará que deje de temblar, pero puede mitigar los efectos del fenómeno natural.

A la espera de las predicciones

La mayoría de los muebles de la familia Castro tienen un cartón, un pedazo de madera o plástico para nivelar la inclinación del edificio donde viven.

Es exagerada. Todo mundo la nota, cada visita nueva al departamento de los Castro hace el mismo comentario “¿Está chueco, verdad?”. Tienen 11 años viviendo ahí, en la colonia Narvarte, en un edificio que cumple este 2010, 50 años de haberse construido.

“No hace falta ser arquitecto para darnos cuenta que nuestra vivienda corre peligro, los vidrios están estrellados, las escaleras cuarteadas, hay humedad en los muros y es evidente que los pisos tienen una fuerte inclinación”, dicen.

Saben que todas las noches duermen en una zona blanda de la ciudad de México, donde sienten cimbrar el edificio cada vez que pasa un camión pesado, que la calle tiene una marcada inclinación a simple vista y que el edificio donde está su departamento está totalmente recargado en la estructura vecina. Pero, “qué podemos hacer. No sabemos si el próximo temblor nos tomará por sorpresa en la casa o fuera de ella, tampoco sabemos el día que temblará, además vivimos aquí por necesidad, porque es para lo que nos alcanza”, dicen.

Arrepentido de la decisión

El caso de Arturo Gómez es totalmente distinto, a él sí le alcanzó para comprar una propiedad, también decidió hacerlo en una zona blanda, en la colonia Juárez, una de las más vulnerables, según el mapa de zonificación sísmica del Servicio Sismológico Nacional. Compró un departamento de 50 metros cuadrados en un millón 300 mil pesos en Puerta Alameda, un conjunto habitacional de 600 departamentos frente a la Alameda. Lo hizo en 2008 creyendo que era una gran oportunidad. Pero no fue así. Hoy no se siente seguro de vivir ahí.

“A pesar de que la inmobiliaria que nos vendió hizo mucho hincapié en que la estructura del conjunto era muy segura para soportar sismos, yo lo estoy dudando, en un principio lo que me entusiasmó de la compra es que era un departamento que contaba con servicios extras como alberca, gimnasio, roof garden y centro de negocios, pero hoy que la alberca genera goteras que además caen directamente en mi lugar de estacionamiento, ya no estoy tan convencido de que no corremos peligro”, comenta Arturo Gómez.

Dice que desconoce si el peso de la alberca semi olímpica que se encuentra en el piso 9 del área de estacionamientos está bien calculado. “Me da la impresión de que no porque justo donde está la alberca, en los mismo 25 metros, hay goteras hacia abajo, es decir, se está filtrando el agua”, dice.



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