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El consumo de la cocaína se duplicó en sólo 6 años

Cinthya Sánchez| El Universal
Lunes 28 de diciembre de 2009
La adicción a esta droga es de las más destructivas. La cifra pasó de 1.2% a 2.4% y ahora hay una mujer por cada 4 hombres adictos

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Se recuerda corriendo por la calle en una tarde casi noche, atrás de ella un automóvil; en él, gente que le quiere hacer daño y lo logra. Dejaron a Ana con lesiones cerebrales irreversibles, con moretones, chupetones y señales de tortura , con la pierna derecha herida y un mes en estado de coma, entre la vida y la muerte en un hospital público.

Lo último que sabe es que había pasado dos o tal vez tres días en una casa donde solía drogarse con crack (cocaína base); lo hacía acompañada por 15 o 20 personas más, duraba días, hasta que el dinero, las joyas, los tenis o lo que trajera de valor se le acabara. En casa creían que Ana se iba a trabajar. Cuando regresaba lo hacía desarreglada, nunca olía a alcohol, pero se veía ojerosa, pálida, delgada y desencajada. Su familia nunca sospechó nada. No les dio tiempo, pues Ana se destruyó en menos de un año.

 

Despertó del coma un mes después. Confundida, con daños cerebrales que la dejaron incapacitada para siempre. Aún no puede contestar cuando se le pregunta qué fue lo que pasó. Simplemente no sabe, ni siquiera por qué salió corriendo de aquella casa donde se reunía con otros adictos que como ella vivían para consumir cocaína.

 

Su relación con la cocaína y el crack comenzó cuando tenía 28 años. En su familia no había drogadictos. Nunca antes había probado drogas, ni siquiera las legales (tabaco y alcohol). Entró directo al mundo de la coca y en un año transformó su vida.

 

“La adicción a la coca y al crack es de las más fuertes y destructivas”, dice Ricardo Sánchez Huesca, director de investigación y enseñanza del Centro de Integración Juvenil (CIJ). Tal vez por eso cuando Ana salió del hospital y llegó a su casa, el primer favor que le pidió a su hermano fue un pase de crack. Nadie se lo hizo.

 

Ana comenzó en 2005 a consumir cocaína, fue parte de los nuevos adictos mexicanos, aquellos que de 2002 a 2008 aumentaron 50%, según la última Encuesta Nacional de Adicciones. El número de consumidores de cocaína se duplicó, pasó de 1.2 % a 2.4%.

 

Para el investigador del CIJ, la cocaína no tiene ningún beneficio, “hay efectos dañinos a corto y largo plazo. Es una droga que crea resistencia y cada vez el consumidor tiene que meterse más para conseguir el mismo efecto”, dice.

 

 

Ayuda tardía

Al CIJ llegan pacientes de todas las edades aunque la mayoría son adolescentes o adultos jóvenes. No son adictos a una sola droga, en promedio usan cuatro o cinco: alcohol, tabaco, mariguana, cocaína, crack e inhalables.

“Para tomar tratamiento un adicto llega 10 años después de que inició su consumo, cuando el problema ya es muy complicado o bien si tocan fondo antes o algún familiar los trae cuando apenas son usuarios y aún no llegan a niveles de adicción”, dice el investigador.

 

Un 80% de los pacientes del CIJ son adictos y 20% son experimentadores y ocasionales. La mayoría de ese 20% llega inducido por la familia; jóvenes con padres que están al pendiente y por ello salen en un promedio de seis meses.

 

El caso de Ana no es anormal, pues hasta hace una década el Centro de Integración Juvenil recibía a una mujer por cada 13 hombres, hoy la cifra es 1 de ellas por cada cuatro hombres.

 

“Llegan con daños al cerebro muy severos, con síntomas psicóticos o de esquizofrenia. Los daños al cerebro aparecen en todo tipo de drogas; igualmente se daña quien consume alcohol que mariguana o coca”, dice Sánchez Huesca.

 

Los CIJ cuentan con 10 unidades de internamiento en todo el país. Es el centro que cuenta con los especialistas en adicciones más experimentados de México. Atiende a pacientes de entrada por salida o brinda tratamientos con estancias de tres meses. El CIJ ha sido testigo a lo largo de los años de cómo las drogas se han ido apoderando cada vez más de los jóvenes mexicanos.

 

“Las cifras aumentan cada año. Es un problema que se combate con información, es necesario explicar a los jóvenes lo que pasa en su cerebro y su cuerpo cada vez que se dan un jalón de mariguana, cada vez que aspiran cocaína o alguna otra droga”, comenta el investigador.

 

Adentro del cuerpo

Cuando un usuario o adicto a la cocaína comienza a mojar la ropa de sudor, a aumentar sus palpitaciones y sentirse muy acelerado, lo último que hay que hacer es darle un gatorade o agua y mandarlo a dormir. Eso puede ocasionarle la muerte. Al menos eso dice Raúl Fernández Jofre, director del Centro Toxicológico del Distrito Federal.

 

El médico asegura que las reacciones que provoca en la gente el consumo de cocaína son mortales.

“Todas las personas que consumen cocaína, sea la primera, segunda o décima vez, sean un miligramo o 10, tienen riesgo de morir por infartos al corazón y al cerebro”, dice Fernández Jofre.

 

El médico experto en adicciones y reacciones tóxicas explica que el organismo metaboliza la cocaína en el hígado y que en las calles hay de todo tipo de cocaína así que los daños, sin ser menores unos que otros, serán diferentes de paciente a paciente.

 

“Todo depende de los cortes que le hagan a la cocaína. Generalmente la que circula en México está diluida con azúcar glas, talco o una sustancia llamada metamizol, siendo ésta la que duplica los efectos de la droga”, dice.

 

En una intoxicación leve, comenta, la cocaína se va pegando a los pulmones y empieza a desarrollar alteraciones de los tejidos, se acumulan flemas y hay alucinaciones visuales y auditivas.

En una intoxicación moderada, además de las alteraciones de la percepción, se agrega taquicardia, sudoración fuerte y se puede producir insuficiencia renal, porque la gente deja de comer y en la severa se produce una arritmia: los vasos sanguíneos se cierran y no dejan llegar sangre con oxígeno a los órganos y puede haber un infarto al corazón o al cerebro.

 

Fernández Jofre asegura que para que exista una intoxicación severa, las cantidades consumidas son variables, pues dependerá de la edad, el peso, el género, la tolerancia desarrollada por cada adicto y sobre todo la forma en la que entra al cuerpo la cocaína, pues no es lo mismo aspirarla por la nariz que inyectarla.

 

“Lo que resulta grave, si no se acude a un hospital para desintoxicar al paciente, es que los síntomas que parecen comunes pueden matar a la persona, no se deben dejar pasar situaciones como respiración rápida, delirio, sudoración, mareo, dolor de cabeza , hormigueo por debajo de la piel y las arritmias, aunque la realidad es que en la mayoría de las ocasiones los pacientes esperan a que los síntomas disminuyan sin saber que se están jugando la vida”, dice el médico.

 

Ana no murió. Se salvó de todas y cada una de las ocasiones donde experimentó los peores síntomas del consumo de cocaína y el crack. Pero no salió ilesa, hoy cuando camina se va de lado. Tarda en contestar lo que se le pregunta. Comprende poco de lo que lee, nunca más pudo volver a trabajar. Depende de sus padres y de sus médicos en el Centro de Integración Juvenil. Lleva tres años en terapia. Lo resume como muchas 24 horas sin consumir. No podrá recuperarse del todo, pero por lo menos no ha vuelto a recaer. Dice que de hacerlo le abriría la puerta “al Diablo”.

 

 



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