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“Dealers” dan la vuelta a lucha contra el narco

Cinthya Sánchez| El Universal
Lunes 06 de julio de 2009
Motos y bicis ya no son seguras para el reparto de droga a domicilio; abren paso a la entrega en autos con sólo llamar

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En 2004 el narcomenudeo era calificado por la Procuraduría General de la República como un cáncer social, desde entonces, en 28 entidades federativas del país se decidió crear Unidades Mixtas de Atención al Narcomenudeo definidas como (UMAN), el objetivo era prestar atención predominantemente a la oferta y a la demanda de drogas.

Cuatro años después, el entonces titular de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, Joel Ortega ya reconocía que dicho modelo no funcionaba, pues el porcentaje de efectividad era de apenas 3.1% de consignaciones. Hoy las UMAN se han reestructurado con el fin de lidiar contra el narcomenudeo. La batalla parece difícil, pues los métodos de venta se han sofisticado.

Las UMAN han detectado que los narcomenudistas venden droga a bordo de bicicleta. El último reporte de bicicletas incautadas a narcomenudistas ya rebasaba las 200, únicamente en el Distrito Federal. Todavía el año pasado la PGR calculaba que de cada 10 entregas, cinco se hacían a bordo de una “narcobici”.

Ahora en 2009, el modelo de operación parece que ha cambiado, la PGR ha reconocido que los narcotraficantes que operan en el Distrito Federal han diversificado sus modos de distribución, tienen registros de venta de droga en motocicletas, o a través de franeleros, valet parking y meseros. El modo más común y que crece a paso agigantado es el de dealer a domicilio. Hoy la policía sabe que los dealers entregan a domicilio mediante pedidos vía telefónica.

Incluso han reconocido que las delegaciones donde más está presente dicha tendencia son Álvaro Obregón, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztapalapa y Venustiano Carranza.

Mientras las colonias donde más se registra la venta de droga son: Centro, Morelos, Nonoalco Tlatelolco, Roma Sur, Ex Hipódromo de Peralvillo, Tránsito, Obrera, Santa María la Ribera, Unidad Habitacional La Tropa, Guerrero, Doctores, Peralvillo, Cuauhtémoc, Atlampa, Juárez, Artes Gráficas, Buenavista, San Rafael y Ampliación Asturias.

El vendedor

Jorge es uno de ellos, es vendedor. Nunca toca las manos de sus clientes. Intercambia la mercancía en la palanca de velocidades del automóvil. Él pone la bolsita con cocaína y ellos los billetes. Para despistar se dan una vuelta juntos a bordo del auto, unos minutos después, deja al cliente donde lo subió.

No sólo reparte drogas en antros y bares, también en casas, así como si fueran pizzas. Aunque el modo de operar es distinto si se trata de una fiesta, muchas veces Jorge entra a los domicilios y hasta se toma un trago mientras “hace su agosto”, pues la hazaña le ahorra unas cinco vueltas por la ciudad.

De jueves a viernes las ventas a domicilio incrementan. Este dealer visita unas 15 direcciones durante toda la noche. Sus ganancias son de 10 mil pesos por noche en fin de semana. Cada bolsita, tipo zeplot, la vende en 500 pesos, esa es “la del platrón”, porque también tiene dosis más baratas y más rebajadas.

Tarda unos 30 o 40 minutos en llegar a las direcciones donde piden sus servicios. No contesta a ningún número telefónico que no reconozca o este entre sus contactos. Trabaja con claves, “Mi mamá está en el hospital, tráeme la medicina a esta calle con esta otra”, “estamos filmando la locación es esta dirección”. Él siempre sabe qué compran sus clientes, así que ni pregunta.

Nunca viaja solo. Siempre lo acompaña alguien. Sólo espera cinco minutos, no más, si no aparece el cliente se va, total, “ya vendrá otra venta”, dice.

El comprador

Omar es comprador. Tiene los teléfonos de dos dealers entre sus contactos en el celular. Uno es hombre y otro mujer. El hombre le lleva droga a cualquier parte de la ciudad. Si es de día a veces llega con esposa y hasta bebé. Si es de noche, se acerca a una o dos calles del antro o casa para dejar la mercancía.

“Lo hacen de la manera más cínica, sin cuidarse, sin voltear, completamente natural, pero siempre arriba del automóvil”, explica Omar.

Dice que a la dealer mujer sólo la ocupa para las emergencias, pues a diferencia del hombre, ella si va a cualquier parte de la ciudad. Llega en taxi y lo mismo va a Satélite que al sur. “Es una señora de lo más común. Siempre llega con alguien y si no está en sus posibilidades traérmela a donde estoy manda alguien”.

Los dealers a domicilio están marcando tendencia en el mundo de las drogas. Ellos van a donde les pidan. Sus números telefónicos están dentro de la lista de contactos en los celulares de sus clientes. Venden de todo, aunque lo más común es la cocaína y metanfetaminas (tachas, cristal).

Trabajan las 24 horas del día, algunos en cualquier zona de la ciudad y otros no salen de su territorio. Llegan en taxis, motocicletas o en autos propios. La mayoría de los clientes son ya conocidos o dan el nombre de alguna persona como referencia o contacto.

Las autoridades

La Secretaría de Seguridad Pública ha informado de la detención de dealers que operaban a domicilio. El 19 de mayo pasado detuvo a dos con un modo común de operar: María Estanislao Ku Yam, de 35 años, alias Doña Mari y el taxista Daniel Sánchez Chan. Los capturaron en la colonia Emiliano Zapata Sur, luego de aprehender a uno de sus clientes, quien confesara que había comprado la droga unas calles atrás y que el dealer había llegado hasta ahí por órdenes de él.

Ambos dealers fueron detenidos con una bolsa que contenía cinco envoltorios de cannabis, 10 dosis de crack y 550 pesos en efectivo que fueron recuperados por la SSP.

Con la detención salió a relucir el novedoso modo de distribuir la droga en taxi. Ahora los narcomenudistas utilizan dicho servicio para la transportación de los vendedores y la droga a domicilio o al punto que el comprador especifique mediante un mensaje de texto emitido desde un teléfono celular.

No se salvan

Ni a Omar como comprador ni a sus dealers los salvaría de la cárcel la ley de dosis personales, pues consideran que éstas son absurdas; por ejemplo, la mariguana se permite en dosis de cinco gramos, es decir, menos de un cigarro; cocaína, medio gramo; éxtasis, 40 miligramos, “cuando una pastilla contiene por lo menos 100, todas son cantidades irreales para el verdadero consumo personal”, coinciden.

Y es que el 28 de abril de este año, la Cámara de Senadores aprobó reformas a la Ley General de Salud, al Código Penal Federal y el Código Federal de Procedimientos Penales, que señalan que un individuo puede portar hasta cinco gramos de mariguana, dos de opio, 500 miligramos de cocaína, 50 miligramos de heroína y 40 miligramos de metanfetamina.

Se establece una excluyente de responsabilidad por consumo para quien sea farmacodependiente, al cual, en caso de ser detenido, se le invitará a través del Ministerio Público a tomar una terapia de rehabilitación.

El tratamiento es voluntario, pero cuando el consumidor reincida por tercera vez en la portación de drogas, será obligado por el Ministerio Público a acudir a un centro de rehabilitación.

Para Omar, las dosis permitidas son una burla, pues siempre consume y compra mucho más de lo permitido. A pesar de ello, nunca piensa en que se arriesga al comprar, pues cada día parece más normal que el dealer toque a la puerta.

De ser capturados, las nuevas reformas plantean que se sancione con hasta ocho años de cárcel a quien comercie o suministre, aún gratuitamente, narcóticos. Además, se aplicará pena de hasta seis años de prisión a quien posea algún narcótico si se comprueba que tenía la finalidad de comerciar con ellos.



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