aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Cerraron filas con Díaz Ordaz

Juan Arvizu Arrioja| El Universal
Jueves 02 de octubre de 2008
El Presidente mantuvo su liderazgo pese a la ‘mano dura’

[email protected]

 

El liderazgo del presidente Gustavo Díaz Ordaz resistió al desgate de la mano dura aplicada a lo largo del movimiento estudiantil de 1968, en particular el 2 de octubre, y signo de ello fue un viaje por la Cuenca del río Balsas con el general Lázaro Cárdenas del Río, quien lejos del reproche, expresó lo que en los viejos tiempos se llamó un espaldarazo:

“La responsabilidad que pesa sobre el primer magistrado de la nación, merece que se le guarden las consideraciones inherentes a su alta investidura institucional, para que él, a su vez, pueda proseguir en su tarea de desarrollar al país con justicia y libertad y, asimismo, con creciente independencia”.

Díaz Ordaz viajó por las poblaciones de la Cuenca del río Balsas del 25 al 28 de noviembre de 1968, periodo en el que, a la vez, Cárdenas del Río abogaba por la libertad de jóvenes detenidos durante el movimiento estudiantil y se rumoraba que en su casa se escondía Heberto Castillo, uno de los maestros destacados al lado del Consejo Nacional de Huelga (CNH).

Reclamaría el Presidente a Cárdenas ese hospedaje que nunca hubo. “Me preguntó y no le dije nada”, reveló el divisionario al maestro universitario, quien dio cuenta de ese pasaje en un libro testimonial. Ese silencio del general le permitió ganar tiempo, antes de ser, finalmente, detenido y enviado a Lecumberri.

Un personaje de relieve actual, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, era el residente de la obra de la presa José María Morelos, que se inauguró entonces.

Las obras de infraestructura, dijo Cárdenas Solórzano, propician “incorporar a esta región al proceso de crecimiento del país y para lograr que sus habitantes participen de los beneficios que ese proceso está generando”.

Sin embargo, el ingeniero Cárdenas mostró su lado ideológico nacionalista y dijo ante el presidente Díaz Ordaz:

“En la región de Las Truchas, hay lucha y rescate de la soberanía y la afirmación de un camino independiente para nuestro desarrollo”. Expuso la historia de explotación extranjera del mineral de hierro, abundante en la región; para Las Truchas, dijo, se presenta la opción de lograr el crecimiento económico.

Mientras, el gobierno perseguía a sus culpables del conflicto de ese año:

El 26 de noviembre, la Procuraduría General de la República (PGR) da a conocer el decomiso de “propaganda roja subversiva”, en la que se encuentra El Libro Rojo de Mao Tse Tung, varios títulos del francés Regis Debray. El gobierno ostentaba la incautación de retratos de Lenin, Mao y Castro, como evidencia del combate a la subversión que, decía, había alimentado al movimiento estudiantil.

Los días posteriores a la matanza de Tlaltelolco fueron de respaldo del sistema a Díaz Ordaz. En el gobierno sólo hubo una renuncia por el uso de la fuerza, la del embajador en Nueva Delhi, Octavio Paz. El sistema siguió su marcha. Hubo Juegos Olímpicos y el resto del sexenio la economía y la política prosiguieron sin novedad.

El aniversario 59 de la Revolución Mexicana, la que criticaban los estudiantes, fue de celebración por los ganadores del conflicto.

Un joven funcionario del IMSS, Porfirio Muñoz Ledo, dijo ante los tres poderes: “Fuerzas e intereses ajenos pretendieron divorciar al pueblo de las instituciones de la República, con la idea de disminuir la autoridad del Estado e inventar un nuevo régimen social”.

Hubo un sobresalto cuando en Morelia el candidato del PRI, Luis Echeverría, rindió homenaje a las víctimas del 68.

El Presidente, quien había ungido a Echeverría, lo mandó llamar y lo humilló: “No haga pendejadas, licenciado, porque me lo chingo”.

Celoso del principio de autoridad, Díaz Ordaz también lo era de su liderazgo en la clase política, que cerró filas en su apoyo. Así era México.

 

 



comentarios
0