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Noemí Gutiérrez| El Universal
Sábado 02 de mayo de 2009

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El miedo se traduce en incertidumbre, en rechazo y también en violencia. No sólo en el mundo crecen las muestras de discriminación y repudio contra los mexicanos sino también en varias entidades federativas hacia los habitantes del Distrito Federal “sospechosos” de estar enfermos y propagar el virus, e incluso entre vecinos de la capital del país.

El pasado miércoles, Mariana Solís fue dada de alta en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), donde permaneció aislada tras concluir su tratamiento con un antiviral para combatir la influenza que le diagnosticaron el 24 de abril.

La profesora de primaria regresó a su hogar sólo para encontrar “distancia” de sus vecinos. “No se animan a venir... incluso nos saludan de lejitos”.

Así le ocurre también a José Jorge Guzmán, quien ha tenido que explicar a familiares y conocidos que su hijo de 23 años no murió por el virus de la influenza A o humana. “Piensan que se van a infectar, no se me acercaban”, comenta José Jorge. La alerta fue tal, que a un familiar le pidieron el acta de defunción en su trabajo para corroborar la causa del deceso y poder dejarlo entrar a laborar.

En varias entidades el nivel de rechazo es aún mayor. Los reportes de agresiones directas contra habitantes del valle de México e incluso de vehículos apedreados con placas del DF suman ya una docena. De la mano del temor se extiende por el país el rechazo a quienes viven en la considerada zona cero de la pandemia.

 



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