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EPR y gobierno, entrampados

ALEJANDRO JIMÉNEZ| El Universal
Domingo 25 de mayo de 2008
A un año de la desaparición de Edmundo Reyes y Gabriel Alberto Cruz, presuntos guerrilleros, y tras atentados contra Pemex para presionar por su liberación, se ve difícil la articulación de un diálogo

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Si todo hubiera marchado con normalidad, Edmundo Reyes y Gabriel Alberto Cruz (Raymundo Rivera) serían hoy dos guerrilleros de los cientos que hay en el país, encargados de madurar en la clandestinidad su proyecto revolucionario. Sin embargo, hace un año alguien dio con ellos y se los llevó, generando así un grave problema de Estado, pérdidas en la economía por 6 mil millones de pesos y la reactivación militar y mediática de un grupo armado que desde hace 10 años sólo velaba armas.

A 12 meses de los acontecimientos y tras atentados con bomba a instalaciones de Pemex, estamos entrampados en la difícil articulación de un diálogo entre gobierno y guerrilleros, mediado por reconocidos intelectuales de izquierda, cuyo futuro es incierto, pero que siempre será mejor que seguir por la vía de la violencia. Pero ¿cómo se llegó a esto?

 

El Ejército Popular Revolucionario (EPR) acusa a los gobiernos estatal y federal de ser los responsables del plagio de sus militantes, el 25 de mayo de 2007. Su captura, sin embargo, no ha sido un triunfo del Estado, pues se insiste en que ninguna autoridad los tiene. Alguien miente.

 

Hipótesis van y vienen

Que si se les descompuso el auto en la carretera a Puebla; que si chocaron circunstancialmente con un vehículo militar; que fueron detenidos en un café internet en la ciudad de Oaxaca mientras enviaban un comunicado; que los emboscaron en el hotel del Árbol y fueron vistos con vida en un MP local.

 

Que los culpables son los paramilitares del truculento Jorge Franco, el poderoso asesor del gobernador Ulises Ruiz. Que los tortura el Estado Mayor Presidencial en casas de seguridad del DF. Que fueron llevados al inefable Campo Militar Número Uno. Que todo es un engaño guerrillero ante su manifiesta debilidad. Nada concreto. Sólo humo.

 

Atentados en Pemex

Humo como el que salió explosivamente de los ductos de la refinería de Salamanca el 5 de julio de 2007, con el que el EPR volvía a demostrar capacidad de fuego en acciones de gran envergadura, luego de que sus últimas refriegas públicas fueran en el lejano agosto de 1996. Nadie había hecho caso a los comunicados eperristas con la exigencia de que aparecieran Reyes y Cruz. El fuego de Pemex hizo que el país volteara hacia ellos.

 

Y luego, el 10 de junio y el 10 de septiembre de 2007 se repitieron atentados que sorprendieron al gobierno y a la economía. Espectaculares golpes mediáticos sin un solo muerto civil. En ese sentido, operaciones limpias con la intención de dañar “los instrumentos de la burguesía”, sin causar terror en la sociedad.

 

Ni inteligencia civil ni militar fueron capaces de prever los ataques ni leer los mensajes de alerta del grupo armado. “Recibí un Cisen deteriorado”, pretextó el ex secretario de Gobernación, Francisco Javier Ramírez Acuña.

 

 

En octubre, la Presidencia ordenó buscar a los desaparecidos. Es decir, el tema de la desaparición forzada de personas se colocó en la agenda nacional. El riesgo: que Felipe Calderón pase a la historia como quien revivió las técnicas de los años de la guerra sucia para acallar a opositores y puso en entredicho el compromiso del gobierno mexicano con los derechos humanos.

 

Se vinieron meses de tensión ante la posibilidad de nuevos atentados que no ocurrieron. Por el contrario, lo que hubo fueron ráfagas de comunicados eperristas con la misma exigencia y con amagos de más violencia y daños. De mayo a la fecha han sido 48 los textos enviados por el grupo armado, cuando en un año “normal” suelen enviar una docena, así como su boletín de análisis bimensual El Insurgente.

 

Ríos de tinta han corrido en torno al caso. Todo el mundo ha hablado, incluso los que desde la oscuridad de alguna cloaca paramilitar dicen tener a los desaparecidos y con lenguaje soez dan pistas de su detención, hablan de estar vengando la muerte de quienes habrían sido asesinados por el EPR (¿ajustes internos, linchados de Tláhuac?), mandan mensajes con alusiones personales a los comandantes guerrilleros y amenazan a quienes, aseguran, son sus familiares, los hermanos Cerezo Contreras, quienes en este año han recibido cuatro correos electrónicos de esa catadura.

 

El último de estos mensajes, el 24 de abril de 2008, generó una inédita propuesta por parte de los rebeldes para que, en el contexto de una tregua armada, un reconocido grupo de intelectuales de izquierda intercediera ante el gobierno para encontrar a sus desaparecidos.

 

Después de un insolente y grosero intercambio de posiciones y demandas, gobierno y EPR no han dado por muerta la posibilidad de esta intermediación, que por el momento es única y exclusivamente para tratar de encontrar a los desaparecidos, pero que mantiene prendida una muy tenue luz de paz más duradera.

 



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