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En municipios, más cantinas que escuelas

Nurit Martínez| El Universal
04:00A nivel nacional, existen 10 p | Lunes 14 de abril de 2014

Video. El municipio de Otatitlán en Veracruz forma parte de la lista de 11 localidades de México en donde hay más cantinas, centros nocturnos y bares que planteles educativos

PAISAJE. Escolares de Otatitlán, Veracruz, pasan a diario frente a expendios de bebidas alcohólicas, los cuales abundan en esa localidad. (Foto: LUIS CORTÉS / EL UNIVERSAL )

La relación entre escuelas y bares en el país es de 10 centros educativos por cada cantina, pero en al menos 11 municipios la situación es diferente: los lugares que venden bebidas alcohólicas llegan a triplicar el número de planteles

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CUENCA DEL PAPALOAPAN, Ver.— Al llegar al Santuario del Cristo Negro, venerado desde hace 416 años por indígenas chinantecos y mazatecos, no se oye ni el ladrido de los perros. El olor a caña molida y leña quemada se va perdiendo conforme calienta el día. Este podría ser sólo un centro de fe y de fiestas religiosas, si no fuera porque aquí hay más lugares de venta de cervezas y licores que escuelas, lo que hace que el pueblo se transforme por las tardes, las cantinas se llenen y los niños se inicien con una “namás pa’ la calor”.

Las seis escuelas que hay en la localidad, desde preescolar hasta un bachillerato privado, ubicadas justo detrás de la iglesia edificada en 1878, están rodeadas en total de 19 cervecerías, bares, depósitos y expendios de vinos y licores, de acuerdo con el Censo del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).

Por eso, el municipio forma parte de la lista de 11 localidades de México en las que existen más cantinas, centros nocturnos y bares que escuelas, según se desprende de la estadística del primer Atlas Educativo que se realizó para la Secretaría de Educación Pública (SEP).

A nivel nacional, existen 10 escuelas por cada cantina. Pero en el estado de Veracruz la relación es de cinco escuelas por cada cantina, mientras que en Querétaro es de 23 escuelas por cantina.

No importa el día de la semana ni la hora, si se trata de adultos o niños; lo mismo da. Con este tiempo se antoja una cerveza, relata entre sonrisas Esmeralda, quien a sus 16 años todavía cursa el segundo grado de secundaria.

Hace más de un año sus papás le lanzaron la misma advertencia que le ocurre a la mayoría de los niños de Otatitlán: preferimos que tomes en casa a que hagas un show en la calle. De sus ojos salen rayos de su rebeldía y cuenta que de vez en vez participa en el consumo de dos cartones que compran en su casa durante un día del fin de semana.

Hace menos de un mes, sus amigos la invitaron a un baile en Papaloapan. Tocaba Hugo Ruiz y su grupo de salsa. Perdió la cuenta de cuantas cervezas ingirió durante la noche, a las que sumó algunos vasitos de una botella. “¡Asu! Ahí quedé… Atravesada”.

Al llegar a su casa ambos padres preguntaron si había tomado. Esmeralda solo dijo que un poco, pero al día siguiente, sólo bastó que la vieran levantarse de la cama y empezaron a reír. Ambos padres se burlaban de su cara de cruda.

“Mi mamá me hizo un caldo y mi papá me preparó un tehuacán y ya me la pasé tranquila”.

Sus compañeros de clase, quienes observan, hacen mofa del relato. Entre risas, Elmer revela que otros días, al salir de clases, mientras esperan en el parque el camión que los trasladará a sus comunidades, han comprado latas de licor y refresco que se venden preparados en la única tienda de conveniencia del municipio.

No existe ninguna restricción para que los niños compren bebidas alcohólicas. De hecho sólo basta con tener dinero.

En la disco o en un lugar llamado La Polaca dejan entrar a los chavos si pueden pagar para que los dejen entrar, dice Gabriela, de tan sólo 14 años de edad y estudiante de segundo grado de secundaria.

Sin regular, negocios cerca de aulas

La iglesia edificada en el siglo XIX (1878) se encuentra ubicada en el corazón de ese municipio, considerado el primer poblado de la entidad, antes de la fundación del puerto de Veracruz.

Las cinco escuelas ubicadas en la cabecera de Otatitlán, que reporta el censo de maestros, alumnos e inmuebles, se ubican a espaldas de ese edificio que alberga a uno de los tres Cristos Negros elaborados en Londres por el escultor John Dornier, por órdenes del Rey Felipe II.

A tan sólo 113 pasos de la puerta del kínder Federico Froebel y a 150 pasos del acceso de las primarias Alfonso Arroyo e Ignacio Gutiérrez —la cuales comparten el mismo edificio— se encuentra el cervespacio Cañaveral.

De lado contrario, a la misma distancia, en promedio, se ubica El Rincón Bohemio y 40 pasos más hacia enfrente el bar Pierrot y el Ideal. Eso es normal para los habitantes del lugar.

Hasta ahora no existe ningún reglamento o bando de cabildo que regule la instalación de esos puntos de venta de alcohol cerca de las escuelas, refiere el presidente municipal, Jorge Guerrero García.

A pesar de que maestros de las escuelas de preescolar, primaria y bachillerato coinciden que asociado a la elevada presencia de comercios de venta de alcohol existe alcoholismo, violencia intrafamiliar y ausentismo escolar.

Guerrero afirma que el suyo es un municipio que se distingue por ser destino del turismo religioso.

A tres meses de haber asumido el cargo, asegura que no se ha autorizado ningún permiso adicional en esos giros comarciales y que su interés es el de incrementar la oferta educativa. Ante esto, recuerda que uno de sus compromisos de campaña fue el instalar un bachillerato público, que no existe en ese municipio veracruzano.

De hecho, en este momento se preparan para la fiesta del patrono de la iglesia, que se realizará del 28 de abril al 8 de mayo. En esas fechas las familias se convierten en vendedores de veladoras, tamales, comida y fruta.

De los 5 mil 180 habitantes que tiene Otatitlán, más de 90% se concentran en la cabecera municipal. Seis de cada 10 trabajadores tienen ingresos que están por debajo de dos salarios mínimos, a partir de su participación en la producción de caña, plátano y maíz. Lo que significa que 60% de las familias viven en condición de pobreza.

Eso impacta en las condiciones de la escuela, relata María Antonia Osorio, directora del preescolar, al contar que únicamente cada mes pide siete pesos a los padres de familia para pagar la limpieza del plantel.

Las necesidades de infraestructura, como la barda perimetral para brindar mayor seguridad a los niños, es su prioridad. Que el municipio tenga más oferta en la venta de bebidas que escolares “es competencia de las autoridades locales”, señala.

Rumbo a la salida del pueblo, pasando otras cinco cantinas, expendios y bares se encuentra La Academia. En el establecimiento sólo hay dos clientes, uno de ellos es el maestro de Español de la secundaria. En la mesa donde se encuentra, se acumulan al menos una treintena de botellas de “cuartitos” que ha ingerido. Al día siguiente el profesor está en su clase.

Desde hace una semana, Diego Merino asumió el cargo de director de la secundaria Librado Rivera, y así como María Antonia, asegura que la proliferación de cantinas “es un mal en todos los municipios de la región”.

“La gente está acostumbrada a eso. Hay pueblos en los que si no hay cantinas, no hay movimiento”, refiere el directivo.

Mujeres van por esposos al bar

Yakeline y Ashley son parte de los casi mil 300 alumnos de la localidad. Ellas son estudiantes de secundaria y cuentan entre carcajadas cómo es que en ocasiones, por las tardes, se ve a las mujeres buscando en las cantinas a sus esposos y luego peleando con ellos.

“¡Asu! La verdad es que está mal, porque en lugar de estar trabajando están en las cantinas”, dice Yakeline.

A unos pasos, César está sentando en la cima del quiosco. No estudia y no trabaja, por el momento. Él vive en Tlacojalpan, otro de los municipios donde el número de cantinas, bares y centros nocturnos es mayor al de las escuelas.

Junto a Tuxtilla, que se encuentra en el mismo corredor del Papaloapan, Otatitlán y Tlacojalpan se convierten en un cinturón en el estado de Veracruz, donde se presenta ese fenómeno. También están en la relación Jalcomulco y Tlilapan.

La lista a nivel nacional la complementan tres municipios de Oaxaca (Chahuites, con 25 cantinas y 22 escuelas; Reforma de Pineda, con nueve cantinas y siete planteles; y San Pedro Comitancillo con nueve bares y seis escuelas).

Coahuila aporta dos municipios (Hidalgo y Lamadrid) y Yucatán uno (Huhí).

Para el secretario de Educación de Veracruz, Adolfo Mota Hernández, los datos que arroja el censo son una panorámica para hacer una estrategia sobre el cuidado y protección de los niños con respecto a “conductas antisociales”, como la drogadicción y el alcoholismo.

El secretario general de la sección 32 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Juan Nicolás Calleja Roldán, considera que esos “vicios” que se generan en las comunidades se pueden combatir con educación de calidad y un trabajo coordinado entre autoridades y maestros.

En la cabecera municipal de Tlacojalpan existen cinco escuelas entre preescolar, primarias y secundarias contra 18 expendios de cervezas y vino.

La primaria Leona Vicario tiene 75 años de existencia y los canceles llenos de sarro, sin vidrios, con pizarrones que no sirven, sin escritorios para maestros y viejos pupitres de madera para que compartan dos niños, está rodeada por 11 cantinas en 100 cuadras a la redonda.

Zulma Cruz González, presidenta municipal priísta niega que existan tantos bares; asegura que sólo existe uno, contrario a lo que se encontró durante el recorrido y a lo que reporta el Inegi.

El bar-cantina El Hijo de Suchi se encuentra a tan sólo 130 pasos de la primaria Leona Vicario. Para llegar al bar Jacobo hay que dar otros 40 pasos más y el bar Papagayo se localiza 140 pasos de la primaria Emiliano Zapata.

La presidenta municipal abre un espacio en su apretada agenda para organizar el carnaval que se llevó a cabo este fin de semana, agrega que incluso puede venderse vino de forma clandestina y que lo único que se reglamenta es el horario de cierre de los expendios.

Sobre la prohibición para la venta de cerveza a los menores de edad, Cesar, un alumno, asegura que no existe, sólo basta tener dinero.

(Con información de Saúl Hernández)

 

jram



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