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Niños del ABC: Recuperación contra corriente

THELMA GÓMEZ DURÁN, ENVIADA| El Universal
04:05Lunes 04 de junio de 2012

Roberto Armocida/ EL UNIVERSAL

Roberto Armocida/ EL UNIVERSAL

Roberto Armocida/ EL UNIVERSAL

Rosalio Huizar/ EL UNIVERSAL

Rosalio Huizar/ EL UNIVERSAL

Roberto Armocida/ EL UNIVERSAL

Rosalio Huizar/ EL UNIVERSAL

Padres denuncian desorganización en entrega de los recursos prometidos por el gobierno; lamentan retraso en la justicia y que responsables del siniestro sigan libres

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PRIMERA DE TRES PARTES

HERMOSILLO, Son.- Frente a la puerta principal de lo que fue la guardería ABC hay 49 cruces blancas. En sus paredes y en las rejas que hoy rodean el edificio hay fotografías de niños y mensajes de familiares y ciudadanos. Una de las mantas dice: "Tres años de rehabilitación y aún no llega la justicia".

Este martes 5 de junio se cumplirán tres años del incendio de la guardería ABC, en donde había más de 150 niños. Tres años de que los padres de 49 niños -que fallecieron en el siniestro- comenzaron su lucha por encontrar justicia y evitar que se repita una tragedia así. Tres años durante los cuales, los niños que sobrevivieron -24 con quemaduras de segundo y tercer grado- se la viven entre cirugías, terapias y preguntas: ¿cuándo volverán a tener su piel como antes? ¿Por qué murieron sus compañeros? ¿Por qué sucedió eso?

Cuando se cumplieron dos años del incendio, EL UNIVERSAL buscó a los niños sobrevivientes y presentó sus historias. Este año regresó a Hermosillo para conocer cuáles son sus avances. Quienes entonces no caminaban, ya lo hacen. Quienes se escondían para no ser vistos, ahora son los bromistas del salón.

Aun así sus vidas siguen entre médicos, terapias y viajes a Sacramento, California, donde el Hospital Shriners -centro estadounidense especializado en infantes con quemaduras- los atiende en forma gratuita.

Hace un año, los padres de estos niños tenían una preocupación: que sus hijos se quedaran sin atención médica y los beneficios incluidos en el decreto presidencial de julio de 2010, y cuyo cumplimiento está a cargo del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Sus preocupaciones siguen. A los padres de César Díaz no les han pagado las colegiaturas de la escuela desde marzo. A los de Alejandra Esquer -con quemaduras en 80% de su cuerpo- les dieron largas para entregarles los viáticos que necesitaban para llevar a su hija a una cirugía al Hospital Shriners.

El Centro de Atención Inmediata para Casos Especiales (CAICE), que depende del IMSS, tiene como misión atender a las familias afectadas por el incendio.

Este año "hemos batallado mucho con los servicios que da el CAICE. Es una desorganización, un mal trabajo. Tienes que enojarte para que hagan las cosas", dice Heraclio, papá de Alejandra.

Juan Lozano, jefe de la Unidad de Vinculación del IMSS, dice que en tres casos se han retrasado en el pago de la colegiatura. Explica que el decreto presidencial señala que se pagará una beca educativa mensual a partir de la primaria. Para dar este beneficio a los niños que cursan preescolar, el consejo técnico del IMSS realizó un acuerdo, el cual "estamos reformulando, para que podamos estar en condición de procesar administrativamente los pagos", de los niños que cumplieron seis años y repitieron el tercero de preescolar.

Sobre las quejas por los servicios del CAICE, el IMSS asegura que no es una situación generalizada. "Es la primera vez que conocemos estas quejas", admite Lozano, quien asegura que atenderán los llamados que hagan los padres. "Y si hay consecuencias que se tengan que tomar, lo haremos".

Sobre el proceso judicial que se sigue por el incendio, los padres reclaman que aún sigan libres los dueños de la guardería. "Han retrasado mucho la justicia. Queremos que la justicia se dé. Es justo para todos, para la sociedad, para nosotros, para los niños", denuncia Adriana Villegas, madre de Héctor Robles.

Las familias de estos niños sobrevivientes permitieron que EL UNIVERSAL regresara a sus casas para contar sus historias. Marisol Montaño, mamá de Danna Paola, dice que así "la gente conocerá lo que vivimos, lo que pasó, lo que están viviendo nuestros hijos. Para que la sociedad apoye y no tener un ABC nunca más, para que no se olvide lo que pasó, que 49 niños murieron y más de 100 quedaron heridos".

 

HISTORIAS
"Tú eres un superhéroe"

Hace algunos meses, Héctor pidió que le hiciera un traje especial. Adriana, su mamá, le preguntó ¿para qué? El niño le contó que un compañero de escuela le dijo "feo".

-Cuando alguien te vuelva a decir eso, tú vas a mostrar tu bracito y le dices: "estas cicatrices son porque soy muy fuerte y muy valiente. Soy un niño que tuvo un accidente muy grave y estas cicatrices son porque salí adelante". A ver, Héctor, ¿cómo es Hulk?

-Pues verde.

-¿Ya ves? Y Hulk es un superhéroe. Tú eres un superhéroe.

El incendio en la guardería ABC le dejó a Héctor quemaduras en 60% de su cuerpo. Hace un año, cuando EL UNIVERSAL visitó por primera vez la casa de la familia Robledo Villegas, Adriana contó que su hijo no quería convivir con los niños por temor a que se burlaran de él. Cuando llegaba a la escuela, se sentaba en su pupitre y tapaba su cara con sus manos. Sonreía poco. Se enojaba.

Este año, Héctor "se liberó". Adriana recuerda que sucedió en las clases de natación, un día de septiembre de 2011.

-Él entraba a la alberca con una playera y miraba que los otros niños sólo llevaban su traje de baño.

-Mamá, ¿yo puedo ir como los demás niños?

-Claro, Héctor. Cuando tú quieras.

A la siguiente clase, Héctor dejó la camiseta en la maleta y se echó al agua. Ya no pensó en ocultar las cicatrices. Ahora, es el más bromista del salón.

Es sábado y Héctor, de seis años, sale del cuarto donde jugaba con sus hermanas. Le pide helado a su mamá. Posa para la cámara. Saca la lengua y suelta una carcajada. Se tira en el sillón y platica que quiere ser futbolista.

Adriana espera que las piernas de Héctor estén más fuertes, para llevarlo a una escuela de futbol.

También quiere estar segura de que su hijo no tiene problemas pulmonares, porque en los últimos estudios presentó una baja oxigenación y continúa con sus alergias y la sinusitis crónica.

En el último año, Héctor sumó dos cirugías más a las 14 que ya tenía. Los médicos ayudaron a reducir la cicatriz de la parte izquierda de su cráneo y separaron los dedos de sus pies.

Adriana regresó a su trabajo en una dependencia federal. Por las tardes lleva a Héctor a sus terapias y atiende a sus dos hijas mayores. Este año, confiesa, se ha deprimido mucho: "A veces pienso que ya lo superé, pero luego llegan los recuerdos y me doy cuenta que no".

Ella trata de enfrentar la tristeza con nuevos proyectos: quiere organizar un campamento con niños que, como Héctor, sufrieron quemaduras.

"En el Hospital Shriners conocí a muchos niños. Muchos ni siquiera salen de su casa, están escondidos. Yo quiero hacer algo para ayudarles, para crear una cultura de respeto hacia quienes son diferentes. Porque hay mucha discriminación", explica.

Y mientras afina los planes de la excursión, Adriana sigue fortaleciendo la autoestima de Héctor y blindándolo para que "no viva con rabia. No quiero que viva lleno de ira por lo que pasó. Quiero verlo como un triunfador".

 

"¿Por qué no me sacaron rápido?"

Hace un año, cuando César Díaz intentaba mirar su nuca en el espejo, preguntaba: "¿Cuándo me va a salir pelo?".

Ahora, presume su cabellera. Para tener otra vez su cabello, César tuvo que soportar cirugías y más de 10 inyecciones en la cabeza. Eso fue entre junio y septiembre de 2011, cuando estuvo internado en el Hospital Shriners, de Sacramento, California.

-Si me portaba bien con las inyecciones, me daban un regalo -cuenta César, quien sufrió quemaduras en 40% de su cuerpo.

-Él ya no quiere saber nada de doctores. El otro día, despertó de su siesta todo alterado: "Ya no vamos a regresar a Sacramento, ¿verdad?" -recuerda Fabiola, su mamá.

César tendrá que regresar a Shriners el próximo 23 de junio. Le realizarán una técnica quirúrgica para estirar los injertos de piel que lleva en sus dos brazos y el dedo meñique de su mano izquierda, para que sus huesos puedan crecer en forma normal.

Mientras llega esa fecha, César, de seis años, cursa sus últimos días de kínder. Cuenta que le gusta dibujar corazones, entrenar con el equipo de basquetbol de su escuela y jugar con su hermano mayor de ocho años.

Este año, la familia de César creció. Hace cuatro meses nació su hermano Julio. La llegada de un nuevo hijo trajo cambios en la organización familiar. Ahora es Julio César, el papá, quien todas las tardes lleva a su hijo a las terapias sicológicas, de lenguaje y motricidad.

El papá de César también comenzó a ir al sicólogo, para poder lidiar con lo que sucedió en la guardería, porque "cambió toda nuestra vida".

Julio César y Fabiola están preocupados. Desde marzo, el Centro de Atención Inmediata para Casos Especiales (CAICE) -lugar que atiende a los niños afectados por incendio de la guardería y que depende del IMSS- no les reembolsa los pagos de las colegiaturas, a pesar de que existe un decreto presidencial, desde julio de 2010, y diversos acuerdos que establecen que a los niños sobrevivientes se les pagarán sus estudios, medicinas, viáticos para sus viajes a Sacramento, entre otras cosas.

"Ellos siempre dicen que a la brevedad darán el reembolso, pero esa brevedad no se ve. Y nosotros tenemos gastos, y ahora mucho más con otro hijo", dice Julio César, mientras Fabiola le pide a César que no se rasque la mano.

César sufre la primavera, porque con ella llega la comezón en las zonas donde tiene injertos, sobre todo en los brazos. Por rascarse tiene una pequeña herida en la muñeca izquierda.

Para César las preguntas no han terminado. Este año tiene nuevas y, de vez en cuando, se las suelta a sus padres: "¿Por qué se murieron los niños en la guardería? ¿Hasta cuándo van a desaparecer mis cicatrices? ¿Por qué, cuando grité, no estaban ustedes ahí? ¿Por qué no me sacaron rápido?". Para varias de estas preguntas, Julio César y Fabiola no tienen respuesta.

 

Ella nunca dice "no puedo"

En el patio de la escuela, los niños de Kínder I ensayan la coreografía que presentarán en unas semanas. Danna Paola Villarreal levanta los brazos, da unos pasitos hacia delante, mueve la cintura y brinca. Pierde un poco el equilibrio, pero no cae. Hace un año, ni siquiera podía sostenerse en pie por sí sola, necesitaba un portabebé adaptado con ruedas, porque sus piernas no soportaban su peso. Ahora corre por el patio y aprende a escribir con su mano izquierda. Antes del incendio en la guardería ABC, ella era diestra y tenía sus manos completas.

A sus cinco años, Danna Paola ha tirado por el suelo los malos pronósticos médicos. Marisol Montaño recuerda que los especialistas le advirtieron que su hija no volvería a caminar, que tendría problemas de visión y de lenguaje, porque el humo le provocó daño neuronal. La niña comenzó a hablar en diciembre de 2010; volvió a caminar en noviembre de 2011 y ahora está levantando la mano para contestarle a la maestra:

-¿Quién me dice una palabra que empiece con "u"? A ver, Danna.

-Uniforme.

Los médicos felicitan a Marisol por la rápida recuperación de su hija, por "sacarla adelante".

-Ella es la que va adelante, yo voy detrás de ella. La niña nunca se ha negado a las terapias. Tiene una fuerza inalcanzable. Nunca dice "no puedo".

Marisol sigue tomándole fotografías a Danna -y ahora video- para explicarle lo que pasó. Para mostrarle cómo ha sido su recuperación. Para no olvidar el día en que salió del Hospital Shriners, donde la salvaron y no le amputaron sus brazos y manos, como querían hacerlo los primeros médicos que la atendieron en Guadalajara.

En el cuarto de juegos y terapias de su casa, Danna hojea un álbum de fotografías y su mamá cuenta que de noviembre de 2011 a enero de 2012, los médicos de Shriners realizaron varias cirugías en la mano izquierda de Danna, para darle mayor movilidad a su muñeca y dedo pulgar.

Al regresar a México, Danna ya caminaba y coloreaba. Así que Marisol decidió dar un paso más: que su hija entrara a la escuela. El primer día lloró. "¿Por qué me vas a dejar?", le preguntó. Marisol la convenció: "Quieres ser doctora, ¿no? Para ser doctora tienes que estudiar". Las primeras semanas, Danna no hablaba con nadie, en el recreo se quedaba sentada en una banca. "Ahora ya me pide dinero para comprar nieve".

Por las tardes, Danna continúa con sus terapias. Marisol regresó a su trabajo, "porque ya es tiempo de tratar de rehacer la vida que teníamos". Ella sabe que no será fácil, porque seguirán viajando a Estados Unidos para otras cirugías, porque "los verdaderos culpables de lo que nos pasó no están en la cárcel", porque "las heridas siguen abiertas".

 

 Un año de mucho estrés

Cuando Olga Ochoa, su mamá, le pregunta ¿dónde naciste?, Alejandra contesta:

-En Phoenix (Arizona).

-¿Y quién te parió en Sacramento?

-Mi papi.

Alejandra nació dos veces, dicen sus padres. La primera fue el 2 de junio del 2006. Olga y Heraclio vivían en Estados Unidos y ya tenían dos hijos. Alejandra fue la tercera. El segundo nacimiento de Ale -como la llaman- sucedió seis días después del incendio en la guardería ABC.

Alejandra fue la primer niña que llegó al Hospital Shriners. Tenía quemaduras en 80% de su cuerpo.

-Haz de cuenta que yo la parí en Sacramento, por el sufrimiento que pasé al verla. Me la pasaba hablándole, cantándole. Cuando abrió los ojos, empezamos a platicar, pero no le salía la voz, porque le hicieron una traqueotomía. Yo le leía los labios -cuenta Heraclio.

Mientras su hija volvía a nacer en Sacramento, Olga estaba hospitalizada en Ciudad Obregón con quemaduras en brazos, espalda y cara. Ella era maestra en la guardería. Vio a su hija ocho días después del incendio.

Alejandra escucha lo que cuentan sus papás. Dicen que en el último año, le realizaron más de cinco cirugías para reducir las cicatrices de la cabeza y lograr que volviera a nacer todo su cabello. No tuvieron el éxito que esperaban y lo intentarán de nuevo en algunos meses.

También injertaron piel en sus hombros y brazos. Los médicos tendrán que hacer más cirugías para que los injertos de la caja torácica no impidan el crecimiento de huesos y pulmones.

Y aunque pasa mucho tiempo en hospitales, Alejandra va muy bien en la escuela. "Es muy perseverante. Siempre ha sido de carácter fuerte. Creo que eso la mantuvo viva", dice su mamá. Este año, la niña ingresará a la primaria.

El tiempo pasa y Alejandra sigue haciendo las mismas preguntas: "¿Cuándo van a regresar mis deditos? ¿Cuándo voy a tener la piel como la tuya?".

-Tratamos de no derrumbarnos cuando pregunta -dice Heraclio, quien hace seis meses terminó en el hospital. Los doctores dijeron: "fue por estrés".

Heraclio enumera sus preocupaciones: "No tengo un trabajo seguro, porque no tengo una base en la dependencia donde laboro y cada vez hacemos más corajes por los servicios deficientes en el CAICE. Nos han hecho esperar hasta una hora en las citas médicas".

Además, padres de niños fallecidos presentaron una demanda en contra de los trabajadores de la guardería ABC, entre ellos Olga. "A mí no me pueden culpar. Yo no salí corriendo, ni siquiera salí a buscar a mi hija. Me enfoqué a sacar a los niños de mi sala", dice ella.

Para Heraclio y Olga, la prioridad es que Alejandra avance en su recuperación y reciba los servicios médicos.

Esta familia piensa presentar una denuncia en EU por los daños que provocó el incendio a su hija, quien es una ciudadana estadounidense.

 



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