El tamaño por Lulú Petite
Un hombre bien dotado puede ser un verdadero zoquete a la hora de la penetración y una mujer puede lograr espléndidos orgasmos sin necesidad siquiera de tener nada adentro
Lulú Petite mi opinión es que, como en la mayoría de los casos, lo mejor es el punto medio. (Foto: Lulú Petite )
Querido Diario:
-¿De veras el tamaño no importa?- Me preguntó un cliente
durante la charla postcoital.
-¡Claro que importa!- respondí convencida.
Desde luego estábamos hablando del pene.
Eso de que el tamaño no importa es un mito a medias, una
mentira piadosa diseñada para no descalabrar autoestimas, pero claro que
importa. El caso es que, a quienes más les importa no es a nosotras, es a
ellos. Pocas cosas influyen en la confianza sexual de un hombre, como el tamaño
de su sexo. Les afecta tanto, que las preguntas más frecuentes que me hacen los
clientes tienen que ver justamente con ese tema: “¿La tengo grande?” “¿La tengo
chica?”.
Francamente, para garantizar el placer sexual femenino, el
tamaño no ayuda tanto como la destreza, como dice el dicho: No importa lo largo
o lo grueso, sino lo travieso. De cualquier modo, jamás le digo a alguien que
lo tiene chico, así sea evidente, mi respuesta siempre ha de ser cortés y
discreta. A fin de cuentas, comparar no tiene ningún provecho. Por el
contrario, generalmente respondo que la tienen bien, si de plano es muy obvio
que el tamaño está por debajo del promedio, compenso la seca realidad
recordándole al cliente que yo también estoy chiquita y que, para mí, entre
menor sea el tamaño del chile y mejor sepan preparar la salsa, es más probable
que disfrute la merienda. Eso, francamente, es absolutamente cierto.
Es bien sabido que el mayor tamaño del pene no determina una
mejor estimulación vaginal. Las mujeres tenemos fuera de la vagina la parte
sensible al placer sexual. Un hombre bien dotado puede ser un verdadero zoquete
a la hora de la penetración y una mujer puede lograr espléndidos orgasmos sin
necesidad siquiera de tener nada adentro.
El frotamiento, los besos, las caricias pueden bastar para
levantar fuego. Mientras se atienda al clítoris, cualquiera que sea el medio,
se puede lograr un final feliz y relajante. El pene no es sino una de mil
posibilidades. En realidad, el placer sexual, según mi experiencia no depende
de un número mayor o menor de centímetros sino de cómo y con quién lo haces.
Eso no quiere decir que el tamaño no nos importe. Claro que
si. Más por morbo que por su función anatómica, pero siempre da curiosidad
saber qué le cuelga entre las piernas a alguien con quien habrás de acostarte y
sé de varias mujeres a quienes les gusta encontrarse con penes grandes y
frondosos, no porque sea imprescindible ni porque ese tamaño fisiológicamente
les asegure una mejor experiencia sexual, sino por una cuestión de gusto
personal o fantasía, igual que a un hombre le gustan los senos grandes o las
nalgas paraditas.
Bajo los chones de un hombre te puedes encontrar una
variedad tan vasta de tiliches, como de hombres mismos. Cómo la huella digital,
no existe un pene exactamente igual a otro. Podrán ser sutilezas las
diferencias, pero cada uno tiene características y cualidades que los
distinguen. Los puedes clasificar por su apariencia, circuncisión, higiene,
tonalidad, grosor, estructura, peso, rigidez, sabor, olor, curvatura, traza,
colocación, temperatura, edad, lubricación, volumen, grosor, longitud o
destreza. Entre más penes recuerdo, más clasificaciones me vienen a la mente,
el caso es que la que más interesa a hombres y a mujeres, es el tamaño.
Pues bien, mi opinión es que, como en la mayoría de los
casos, lo mejor es el punto medio. En este trabajo, como lo he dicho atiendes
hombres con toda clase de sorpresas. Desde el cliente con un pene que apenas
alcanza en erección un centímetro de altura, hasta gigantes con tremendas
tripotas de más de 20 centímetros de largo y un grueso descomunal, que más
parece muñón que pene.
Naturalmente también se les atiende, pero es imposible tener
con ellos sexo de la forma habitual y se hace necesario encontrar alternativas.
Al primero porque es difícil vestirle un condón y al segundo, porque se trata
de tener sexo, no de parir. No por atender un superdotado, voy a aguadar el
changarro. Ni modo, soy chiquita.
Lo mejor, al menos para mí, son penes de entre 10 y 16
centímetros de largo, que sepan moverse y estimular el punto donde se fabrican
mis placeres. No se si me haya sabido explicar, pero lo que me ha quedado claro
con el kilometraje alcanzado en estos años de servicio es que, sí, el tamaño
importa: ni tan chica que no abarque, ni tan grande que no quepa. El punto
medio es mi tamaño favorito.
Hasta el jueves
Lulú Petite
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