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Frente al espejo, César se pregunta cuándo se le quitarán las cicatrices

De vez en cuando, César Díaz se mira al espejo. Intenta mirarse la nuca, donde tiene un injerto de piel como los que lleva en brazos y piernas. Pregunta a su mamá: ¿Cuándo me va a salir pelo?

INFORTUNIO. Le faltaban dos meses para salir de la guardería, cuando César vivió la tragedia que le provocó quemaduras graves en casi la mitad de su cuerpo. Hoy tiene que acudir a sus terapias ocupacionales y sicológicas, y recibir atención del pediatra, el dermatólogo, el alergólogo y el neumólogo. (Foto: Luis Cortés / EL UNIVERSAL )

Ciudad de México | Jueves 02 de junio de 2011 Thelma Gómez Durán | El Universal10:00
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De vez en cuando, César Díaz se mira al espejo. Intenta mirarse la nuca, donde tiene un injerto de piel como los que lleva en brazos y piernas. Cuando lo logra, le pregunta a su mamá: "¿Cuándo me va a salir pelo? ¿Cuándo se me van a quitar las cicatrices?"

El viernes 5 de junio de 2009, César Díaz Lucero estaba a dos meses de salir de la guardería ABC. Tenía tres años y ocho meses.

De vez en cuando, César platica con sus papás lo que vivió. Recuerda que estaba dormido, que su maestra comenzó a mover a los niños para despertarlos y luego sacarlos. No se veía nada. Todo estaba oscuro. Había mucho humo. Se agarró de su maestra. Comenzó a llorar y, después, ya en la calle, sólo miró que había muchas cunas con bebés. No recuerda si lo llevaron al hospital en una ambulancia o en una de las patrullas que sirvieron para trasladar a los niños a los servicios médicos.

César tiene quemaduras en 40% del cuerpo. Las más graves fueron en brazos, piernas, espalda y parte de la cabeza.

A César lo llevaron al Centro Médico de Occidente, en Guadalajara. Regresó a Hermosillo, en septiembre de 2009.

Como muchos de los niños con quemaduras, tiene que usar cremas especiales, necesita estar en lugares frescos y, durante meses, llevó un traje especial para proteger los injertos. Por las mañanas, acude a la misma escuela que su hermano mayor, de ocho años. El mismo hermano que ahora reclama por qué se quedó con la abuela durante los meses en que César estuvo internado. "Yo a veces lloro. Pienso que mi hijo mayor es el que quedó más afectado sicológicamente y digo: ¿por qué tuvo que pasar esto?", lamenta Fabiola Lucero Noriega.

César y su mamá tienen poco tiempo libre. Por las tardes, el niño asiste a sus terapias ocupacionales y sicológicas, y tiene citas con pediatra, dermatólogo, alergólogo y, últimamente, con el neumólogo, porque lleva semanas sin estar bien de las vías respiratorias.

La mayoría de sus terapias y citas médicas las tiene en el Centro de Atención Inmediata para Casos Especiales (CAICE), lugar que depende del IMSS y que se construyó para atender a los niños -y sus familias- que estaban en la guardería ABC el día del incendio.

Fabiola, la madre del pequeño César, comenta que la única queja que tiene del lugar "es que no hay atención los fines de semana. César se enfermó el domingo y tuve que andar buscando a un doctor".

Desde marzo de 2010, César recibe atención de sus quemaduras en el Hospital Shriners.
En estas semanas, la familia comenzará a preparar maletas. Estarán entre tres y cuatro meses en Sacramento, California, donde están las instalaciones del Shriners.

El 23 de junio próximo está programada una nueva cirugía para César. Le colocarán expansores en la cabeza para que ya le pueda comenzar a salir cabello en esa área. Así, su mamá podrá responderle cuando le pregunte: "¿Cuándo me va a salir pelo?"




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