Entérate Roces de Pascual y otros embajadores con México
Los escándalos por las revelaciones de WikiLeaks marcaron su gestión, pero ha habido otros como Henri Lane Wilson, que en plena Revolución, hace 100 años, tuvo una injerencia negativa en el país
RELACIÓN BILATERAL Desde el siglo XIX la historia está salpicada por momentos de tensión y de abierta intervención de los embajadores estadounidenses. (Foto: Archivo El Universal )
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Carlos Pascual fue el embajador número 57 de Estados Unidos en México, pero no ha sido el que más conflictos ha tenido con nuestro país. Presentó sus cartas credenciales al gobierno de México el 9 de agosto de 2009 y el reciente 19 de marzo solicitó ser reasignado a otras áreas del cuerpo diplomático
Quizá lo incómodo para el gobierno del presidente Felipe Calderón sea la balconeada a través de Wikileaks de los comentarios de Pascual en torno a la descoordinación entre autoridades para combatir al narco y una serie de consideraciones sobre México, que pasan por su percepción de lo "gris" de los precandidatos presidenciales del PAN, el partido de Calderón.
"Los embajadores quieren levantar sus propias agendas ante sus jefes; le han hecho mucho daño a la relación", declaró Calderón a Roberto Rock en una entrevista con EL UNIVERSAL el 22 de febrero pasado. Y estalló el escándalo que el presidente no ocultaba en privado. Era su ya basta, con el riesgo de que Estados Unidos ignorara sus reclamos. Pascual, según sus propias palabras a la televisión, él tomó la decisión de irse para no afectar la relación bilateral.
Sin nombrar a Pascual en la entrevista, Felipe Calderón citó un cable atribuido a éste: "Habla de descoordinación entre nuestras dependencias. Yo no tengo por qué decirle cuántas veces me reúno con el gabinete de seguridad, no es un asunto de su incumbencia. Pero su ignorancia se traduce en una distorsión de lo que ocurre en México, y genera una afectación y una molestia en nuestro propio equipo".
Abierto el flanco públicamente, el 3 de marzo Calderón arremetió de nuevo contra Pascual ante el Consejo Editorial del diario The Washington Post, apenas un par de horas antes de ser recibido por el presidente Barack Obama en La Casa Blanca, donde reiteró su queja, sin éxito. Y la lluvia de cables, incesante gracias a Julian Assange.
Aunque la senadora del PRI y ex canciller Rosario Green afirmó que Calderón podría dar el paso y declarar no grato a Pascual, el presidente nacional del PRI, Humberto Moreira, echó luz al pronunciamiento. Dijo, a las puertas de Los Pinos el 9 de marzo y tras reunirse en privado con Felipe Calderón, que no descalificaría a Pascual.
"El respeto al derecho ajeno es la paz, es una decisión de Estados Unidos con su embajador. Yo no quisiera tener una opinión ahorita descalificando (...) es su embajador, si fuera una posición hacia un tema de México estaría ahorita defendiendo o manifestando mi posición, pero es una persona que depende de Estados Unidos, que es su embajador y no creo estar calificado yo para descalificarlo", precisó Moreira.
Lorenzo Meyer, historiador de El Colegio de México y autor de libros como México frente a Estados Unidos, al lado de Josefina Zoraida Vázquez, afirma que su hipótesis es que los embajadores "se vuelven problemáticos porque México está desestabilizado. Cuando México está estable y la política segura de sí misma, sea por la vía de una dictadura como la de Porfirio Díaz o en la Revolución, no hay esos problemas".
Desde el siglo XIX la historia está salpicada por momentos de tensión y de abierta intervención de los embajadores estadounidenses. Se tornan personas amables, razonables, de trato realmente diplomático cuando hay estabilidad política.
Quizá el ejemplo más acabado sea el de Henri Lane Wilson (1909-1913), quien en 1913 de plano abrió las puertas de su embajada el 18 de febrero de ese año para que el jefe rebelde, general Félix Díaz, se entrevistara en secreto con el general Victoriano Huerta para ultimar los términos y detalles del golpe de Estado contra Francisco I. Madero, a quien asesinaron cuatro días más tarde.
El 28 de agosto de 1911, en un informe a Washington, Henri Lane Wilson calificó al gobierno mexicano de "apático, ineficaz, cínicamente indiferente o estúpidamente optimista". Hablaba de Francisco I. Madero, relatan Josefina Zoraida y Lorenzo Meyer en el libro México frente a Estados Unidos.
"La predisposición de los yanquis a meter su cuchara en la olla de los frijoles de los mexicanos generó, como es bien sabido, un embrollo fenomenal en las relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos en 1914", define el historiador Luis González en la presentación de La Revolución intervenida, de Berta Ulloa, investigadora de El Colegio de México, donde describe los pleitos desatados por Henry Lane Wilson.
Pero no sólo eso. En 1913 y 1914 Estados Unidos permitió que huertistas y constitucionalistas introdujeran armas desde la unión americana, en parte de forma legal pero también de contrabando, relata Ulloa en su texto.
Hoy, México está indignado porque una cadena de televisión de Estados Unidos reveló la operación Rápido y furioso, mediante la cual dejaron pasar armas a México para darles seguimiento.
"¿Quién está mal o dónde esta el origen? ¿Son los embajadores o es el sistema? En el caso de Carlos Pascual, en realidad ha actuado como debe de actuar el embajador del imperio: ve a México con problemas y no es que nos quieran ayudar, eso les importa un pepino, la parte importante para Estados Unidos es la estabilidad de México y eso hoy está un poco en cuestión", evalúa Meyer.
Nadie iba a saber que Wikileaks ventilaría públicamente documentos considerados secretos y que "sería normal que conociéramos dentro de 20 años, para quien pueda meterse a los archivos norteamericanos donde se habla de manera muy cruda y hasta brutal de los problemas, defectos, deficiencias de políticos y de la política mexicana. Lo peculiar es que lo sabemos cuando presidente (Calderón) y embajador (Pascual) siguen en sus puestos", explica Meyer.
En sus mensajes previos al golpe contra Madero, Henry Lane Wilson alertó a Estados Unidos de riesgos de inestabilidad para sus intereses económicos. "La estabilidad les interesaba a los americanos entonces y les sigue interesando 100 años después", acota Lorenzo Meyer.
Antes de "la bestia negra" de Henry Lane Wilson, estuvo el "agresivo" Joel R. Poinset en el siglo XIX, siendo ministro plenipotenciario en la década de 1820. El gobierno de la recién nacida república pidió su retiro por meterse en la política interna, en particular por "idear el papel de los yorquinos, la logia masónica, antecedente de partido político, se metió de lleno en la política. Y apoyó la idea de vender Texas a su país".
Su sucesor Antonhy Butler también empujó la idea de la compra de territorio a México. Con ambos la relación fue conflictiva.
Pero, es hasta el final del porfiriato e inicio de la Revolución cuando se reedita la aspereza. Los embajadores no se quedaron quietos. James Rockwell Sheffield (1924-1927) "dio problemas al gobierno de Plutarco Elías Calles", recuerda Meyer. Le llamó "comunista" al mandatario mexicano y hasta usó los diarios de William Randolph Hearst para atacar a Calles.
En julio de 1998, a propósito de la llegada de Jeffrey Davidow como embajador a México, Meyer explicó a EL UNIVERSAL que algunas veces no ha habido representante de Estados Unidos, como ocurrió cuando llegó Porfirio Díaz al poder, lo cual "fue realmente muy agresivo y Porfirio tuvo que hacer maravillas para tenerlos contentos, reconstruir las relaciones y que enviaran un embajador".
En sus estudios, Meyer, autor de México y Estados Unidos en el conflicto petrolero, 1914-1940, descubrió que Dwight Morrow (1927-1930), cambió el estilo personal al percatarse que la Revolución Mexicana no era tan radical como la soviética.
En el periodo posterior a la expropiación petrolera (1938), Franklin D. Rooselvet instaura el New Deal (nueva relación), por lo que su embajador Josephus Daniels (1933-1941) "llevó una política de guante blanco, tan de apoyo a Lázaro Cárdenas que lo identificaron como parte del New Deal. Cuando estalla el conflicto petrolero, Daniels procura que no se llegue a la ruptura".
Entre 1940 y 1960 México vive un periodo de bonanza. Los gobiernos de civiles toman el poder. Crece la infraestructura del país, las universidades y "se estabilizan los embajadores. Como ya no tienen conflictos espectaculares a los cuales hacer frente, se sientan en una rutina donde más o menos todos son iguales".
Fulton Freeman (1964-1969) "reportó" todo lo del movimiento de 1968 a Estados Unidos, "pero no intervino". John Gavin (1981-1986) fue un embajador chocante para algunos sectores, pero nada más, en opinión de Meyer.
Las explosivas elecciones en Chihuahua en 1986 y luego las presidenciales de 1988 no tienen registro de mayor injerencia de los embajadores estadounidenses.
Tras las elecciones de 1988, el embajador de Estados Unidos en México, Charles Pillod, declaró que en México había democracia y que todo estaba bien, en claro respaldo a Miguel de la Madrid, a Carlos Salinas y al PRI, relata Meyer.
"Si alguna vez se me ocurriera involucrarme en la política mexicana -lo que no tenía intención de hacer nunca-, mi primer acto no consistiría en apoyar a un candidato del PRD en un pequeño poblado zacatecano", escribió Jeffrey Davidow (1998-2002) en sus memorias como embajador de Estados Unidos en México.
Y sin embargo, Davidow estuvo entre mariachis en un acto de campaña del Rey del Tomate, en un pequeño poblado zacatecano.
En su libro El oso y el puercoespín, de testimonio sobre su paso como embajador, Davidow recordó: "No comprendí o no presté suficiente atención a los miembros de mi equipo cuando me dijeron que este señor, además de migrante exitoso, era también candidato a presidente municipal".
El propio Davidow cuenta cómo el gobierno de Ernesto Zedillo intentó tender una trampa a Estados Unidos para implicar en el narcotráfico a Ricardo Monreal, quien renunció al PRI al no ser postulado como candidato a gobernador y se refugió en el PRD.
"Sospechaba que la información y la oferta (del gobierno de Zedillo) de colaborar contra Monreal tenían motivos políticos. Ella (Janet Reno, procuradora de Estados Unidos) estuvo de acuerdo. No hicimos nada. Monreal ganó. El gobierno no volvió a tocar el tema", relata Davidow en su libro.
Después de Jeffrey Davidow, quien dejó una estela de bonhomía en México, llegó Antonio O. Garza. El nuevo embajador llegó y conoció el amor en María Asunción Aramburuzavala, una prominente empresaria mexicana, con quien contrajo nupcias, y aunque finalmente se divorció de ella, el diplomático no tenía reparos en relatar cómo eran sus pleitos maritales con ella, a veces en español, en inglés o cada quien en su idioma. Hasta con groserías. Pero con el país la relación no sacó chispas.
Ahora, se conoció la versión de que Pascual mantiene una relación sentimental con Gabriela Rojas, hija de un destacado miembro del PRI, el diputado Francisco Rojas. Para Meyer este es un argumento "poco elegante (contra Pascual), eso muestra la pequeñez de quien lo usa. Eso a nosotros qué".
Para Lorenzo Meyer "ya se ha dicho y es tan obvio, pero la mejor política externa para México es una buena política interna. Cuando es mala la política interna se invita al poder que domina desde hace más de un siglo esta zona geográfica del planeta a que se meta en donde no quisiéramos que se metiera".




