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Ernesto Sabato, entre la política y las letras

Se fue el último escritor de una dinastía compuesta por apellidos como Borges, Cortázar y Bioy Casares, adiós al contradictorio hombre político

Ernesto Sabato. Adiós al último escritor de una dinastía compuesta por apellidos como Borges, Cortázar y Bioy Casares. (Foto: Archivo )

BUENOS AIRES | Sábado 30 de abril de 2011 José Vales / Corresponsal | El Universal10:21
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En su vetusta casona del barrio bonaerense de Santos Lugares. Allí donde había construido su mundo junto a su inolvidable esposa, Matilde, entre camelias y naranjos, entre el pobrerío espiritual que combatió con ahínco a lo largo de casi una centuria, allí se apagó la vida del "Maestro" Ernesto Sabato, en la mañana de hoy.

Con Sabato no sólo se va un escritor emblemático, el último de una dinastía compuesta por apellidos como el de Borges, Cortázar y Bioy Casares, entre otros, sino también el contradictorio hombre político, que había arrancado como militante del Partido Comunista, donde llegará a ocupar el cargo de Secretario General de la Federación Juvenil Comunista, para terminar cercano al radicalismo de Raúl Alfonsín.

Sábato tenía la singular particularidad de que sus interlocutores solían referirse a él como "Maestro", tan convencidos que nadie dudaba de semejante título, por más que uno mantuviera diferencias con el. De las intelectuales, de las políticas o de algunas conductas, como la de haber validado en un principio la dictadura de Jorge Rafael Videla acudiendo junto a Jorge Luis Borges a un almuerzo. Aunque después, pocos intelectuales como él, hayan puesto el pecho, la pluma y su acción no sólo para combatirla, sino para encontrar las pruebas que forzasen a la Justicia a depositar en la cárcel a Videla y sus sucesores junto a su caterva de esbirros en la cárcel.

Su obra literaria está marcada por esa genial trilogía de novelas compuesta por "El Túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961) y "Abbadón el exterminador" (1974). Está última terriblemente profética, ya que el personaje central es un torturador de esos que dos años después comenzaran a operar en las catacumbas de la dictadura y a las que Sabato luego debió investigar cuando fue nombrado Presidente de la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP).

Había nacido en la ciudad Bonaerense de Rojas (210 kilómetros al norte de Buenos Aires9, el 24 de marzo de 1911. En un hogar burgués, de clase media alta con otros 10 hermanos. Su padre, era el dueño de un molino harinero, ahí en el corazón de la Pampa Húmeda, donde si se cumple su voluntad en vida, sería sepultado el lunes.

El bachiller lo cursó en el Colegio Nacional de La Plata, donde obtuvo el primer promedio. A la hora de la Universidad escogió la física como carrera, lo que a la postre y después de pasar varios años en el instituto Curie de París como físico investigador, se convertiría en su "gran desilusión".

Fue en su adolescencia cuando abrazó el comunismo llevado por la gesta del general Augusto Sandino, los mártires de Chicago y la pérdida de la democracia en Argentina en 1930, que dio lugar a la dictadura de José Evaristo Uriburu, que lo obliga a pasar a la clandestinidad.

Se casa con Matilde Kusminsky, cuando ella tenía tan sólo 19 años y juntos viajan a Moscú, ciudad a la que nunca llegan. Se desvía a París cuando descubre que las purgas de Joseph Stalín habían arrancado. Allí conoce al pintor cubano Wilfrido Lamm y a varios de los surrealistas y arranca su periplo como novelista con "La Fuente Muda", de la que sólo llegó a publicar algunos capítulos en la mítica Revista "Sur" de Victoria Ocampo.

Con Matilde tuvo dos hijos, Jorge, fallecido en un accidente en 1995 (quien fuera ministro de Educación de Raúl Alfonsín) y Mario (cineasta) .

Fue en 1943 cuando junto a la familia decide refugiarse en una casa precaria de las sierras de Córdoba. "Deseaba vivir en la meditación, afrontar los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que tenía para enseñarme".

De esa paz serrana lo arrancó un cargo en la Unesco, que lo llega de vuelta a París. En sus memorias llegó a confesar que fue allí frente a la orilla del Sena donde se "me subyugó la tentación del suicidio".

Fue tal vez la literatura la que lo fue alejando de esas tentaciones. Por esos años traba amistas con Ocampo y Borges, en largas tertulias de conversaciones filosóficas, las que acabaron en 1956 por "ásperas diferencias políticas".

Dijo siempre que no tenía más intenciones que publicar "El Túnel", la que en principio no era aceptada por los editores. "A nadie le parecía posible que yo me dedicase a la literatura. Me han humillado mucho", se quejaba..

A "EL túnel" no le siguió una prolífica obra novelística pero si muy profunda y de resultados contundentes. De sus reconocidos ensayos sobresalen "Uno y el universo"; "Hombres y engranajes", "El escritor y sus fantasmas" y sus "Apologías y rechazos".

Obtuvo el premio Cervantes y el Menéndez y Pelayo en España y el Jerusalén en Israel. Fue nombrado Caballero de las Letras y las Artes, distinción instituida por André Malraux y la Cruz de la Orden de la Legión de Honor, en 1980 y solía estar en los prolegómenos del Nobel. Su último y gran homenaje, se lo brindó el Nóbel José Saramago en 2004, en la ciudad argentina de Rosario, durante el III Congreso de la Lengua, la que fue su última aparición pública.

Ayer falleció en su casa de la calle Langeri, la misma que alguna vez fue el cobijo en el exilio del brasileño Jorge Amado y donde recibía la visita de jóvenes cada vez más jóvenes que acudían a escuchar al maestro y a un hombre de su tiempo.

Allí pasó la mayor parte de su vida con la humildad de un hombre que abrazó la verdad como filosofía de vida. Desde el 2002, cuando falleció Matilde, estaba acompañado de Elvira González Fraga, con quien se había casado hacía unos años y quien ayer tuvo la triste tarea de decir que "Ernesto vivió muy bien porque fue muy querido". La mejor manera de decirle a un país huérfanos de ejemplos y carente de intelectuales que el Maestro Sabato, ya no está.

ec

 



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