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Ayudar en la tragedia le dio sentido a su vida

El joven mexicano de ascendencia nipona viajó a esa nación en busca de un sueño; la desesperanza del tsunami le dio otro sentido a su existencia

HERENCIA. El padre de Arturo Azuma, del mismo nombre, y su abuelo Nabuyuki quien ha enseñado valores al joven rescatista . (Foto: RAÚL ESTRELLA EL UNIVERSAL )

Lunes 04 de abril de 2011 Cristina Pérez-Stadelmann | El Universal
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Arturo Azuma salió de México con la esperanza de encontrar trabajo como actor en Tokio, Japón, pero al no lograrlo con la prontitud que esperaba, comenzó a trabajar en principio en un barco pesquero, y después en el campo sembrando.

Entre ambos trabajos lograba sostenerse económicamente hasta que sobrevino el terremoto y tsunami del 11 de marzo; quedó desempleado.

Nieto del ingeniero agrónomo Nobuyuki Azuma, japonés que llegó a México a los 26 años de edad; desde pequeño Arturo Azuma se sintió vinculado especialmente con Japón y su cultura razón por la cual decidió probar fortuna, y trazarse un plan distinto en tierras orientales.

Adquirir una visa de residente, aprender las costumbres, adaptarse a las bajas temperaturas, y sobre todo estar solo, comenzaron a ser sus mayores desafíos. En estos días este joven de 20 años, está cumpliendo 18 meses de haberse ido de México, un país que describe como desesperanzador y violento.

Interesado en sumergirse en el torbellino de las cosas, y ayudar al pueblo japonés; a los pocos días del terremoto, Arturo se acercó a la embajada de México en Japón para ofrecer su ayuda humanitaria; al tiempo, caminando por las calles de Tokio encontró a su paso a los topos mexicanos de la Brigada Internacional de Rescate Tlaltelolco Azteca, que habían llegaron a Fukushima a unos días del incidente y aún permanecen allá.

Arturo pidió entonces a Héctor Méndez, líder de la brigada, que le permitieran incorporarse al grupo ofreciendo sus servicios como intérprete traductor, pues domina el idioma japonés.

El joven fue bienvenido con la condición de que no rescatara cuerpos, ni se expusiera a mayores peligros.

Arturo en principio obedeció, pero a los pocos días ya estaba entre los escombros ayudando justamente a rescatar escombros.

“Es justo que mi vida se acorte, inclusive si me expongo a la radiación de la central nuclear de Fukushima por salvar la vida de otros, o cuando menos darle consuelo a los deudos que es lo que he venido haciendo.

“Hoy encuentro sentido a mi vida a través de esta causa noble y justa”, afirma el joven Arturo.

Mientras tanto en México Nobuyuki Azuma, el abuelo de Arturo, hombre de 83 años, va cuidando más de 100 bonsais en el patio de su casa, enviando inclusive recursos económicos a su nieto con la esperanza de que permanezca en tierras japonesas y encuentre allá su destino.

Fue el abuelo Nobuyuki Azuma quien le enseñó a su nieto el valor de la palabra Yamato Yamashii que significa el orgullo de ser y no desfallecer ante cualquier circunstancia que obstaculice la vida. Saber aguantar con el gaman: que es soportar en silencio el dolor y la angustia, y gambare: perseverar y seguir adelante aun cuando la situación sea insostenible, con meiyo: con honor y chupi: con lealtad. Esto es, siendo estoico.

La herencia del abuelo

Arturo fue el primer nieto de Nobuyuki Azuma, un hombre que cuida especialmente de cinco bonsáis para cada uno de sus cinco hijos. Cada uno de estos árboles miniatura fue sembrado con el abono de las cenizas de su esposa, la señora Setzuko Azuma, que falleció hace 10 años, cuando Arturo cumplía 10.

“La única herencia que dejaré a mis hijos serán esos árboles, los que crecieron con el abono de las cenizas de Setzuko mi esposa, y espero que mis nietos los conserven”. Nabuyuki Azuma presiente que su nieto Arturo es quien tiene las raíces más vinculadas con Japón. “Él sabrá honrar nuestras tradiciones. Estoy seguro de esto; cuidará de nuestros árboles”, agrega.

Uno rito más en los Azuma es que todos los hijos y los nietos de esta familia japonesa llevan un nombre con la letra A, la primera del abecedario: porque el matrimonio de Nobuki y Setzuko Azuma siempre deseó que sus hijos y nietos fueran los primeros en la lista, sobre todo a la hora de servir a los demás, de servir a la patria, de servir a Japón, a México, a través del Yamato Yamashii.

“Yo estoy ofreciendo mi vida como mexicano, y no me arrepiento, agrega Arturo vía telefónica desde Fukushima. El teléfono celular, es el único medio que dispone pues no hay otro sistema de comunicación en los sitios devastados en los que se encuentra. Dice que encontrarse con la brigada de rescate mexicana podría parecer un azar que lo ha llevado a pensar “que lo inexplicable y lo sobrenatural juegan un papel decisivo en la vida de cualquiera. En mi brazo derecho, y en el uniforme de la brigada de rescatistas llevo la bandera de mi país, y en mi corazón el orgullo de ser un mexicano que está ofreciendo su ayuda humanitaria a un territorio devastado que parece fuera de este mundo. Nunca pensé que me enfrentaría a tanta desolación y calamidad”.

Y agrega: “Mi vida ahora vibra más, quizás porque hoy todo es más duro, más desafiante, como esa gran ola violenta que lo tumbó todo”.

Quizá la misión de Arturo al viajar al Japón, sea un tanto ordenar la muerte, o el final de la vida y darles digna sepultura de aquellos japoneses, que le dieron origen.

 



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